Para
Wittgenstein, probablemente, es una falsa pregunta con ninguna respuesta
posible: falso problema. Sobre el “sentido”, en ese sentido, no hay nada que
decir. Mejor callar. Sartre quizás piense que se trata de un sentido
autoconstruido: no hay un para qué dado; cada persona, sin más referente ni
horizonte que la propia historia, debe construirlo. Foucault invita a observar
cómo el viento de las circunstancias lo borrará como a un rostro dibujado en la
arena de la playa. Sin embargo, no pocas personas se mueven con un para qué:
¿el dinero, el poder, el placer? O, incluso, sin darle una formulación
conceptual, el para qué es el miedo o la codicia, el propio ego, o aquellas
causas que encumbran a la persona y le dan prestigio o reconocimiento. Loyola
propone: alabar, hacer reverencia, servir (gratuidad, respeto, cuidado). Y así
salvar la vida.
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domingo, 31 de marzo de 2019
domingo, 6 de mayo de 2018
Donde no podía estar
El cambio de horizonte hermenéutico no cambia la realidad: cambia su
interpretación. El asesinato del nazareno es real. Los dos que van hacia Emaús
lo viven como un fracaso. Interpretan desde un horizonte en el que el éxito es
la imposición militar sobre los romanos y su expulsión del territorio de
Israel. Hay tres elementos de su hermenéutica que fijan esa interpretación: los
jefes –la autoridad religiosa- lo entregaron; las mujeres no tienen un
testimonio creíble que deba tenerse en cuenta; lo real está disponible y a la
vista. El caminante les cambia los supuestos: Dios no entiende el triunfo al
modo del Emperador; los jefes del pueblo son históricamente ejemplo de dejación
de responsabilidad; Dios se hace presente donde no podía estar (mujer, pecador,
menor, crucificado). Lucas no cambia la realidad, afirma que la realidad es
otra. Otra, y es esperanzada.
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