Anunciamos que el cristianismo es un humanismo en los cincuenta.
Espiritualidad es el subrayado actual. Primero, por el arrastre en su desplome de otros
autodenominados humanismos (comunismo totalitario). En segundo
lugar, por el éxito de los discursos culturalistas que indagan bajo las formas
de las religiones. En tercer lugar, porque la humanidad demuestra muy poca compasión
cuando se convierte en el centro de su discurso o su actuación. Levinas apunta
hacia la Otredad, hacia el Otro, como real frente a nuestra subjetiva ilusión.
De ese modo, toda pregunta por el ser de las cosas se atraganta. Sobrevive la
salida de sí, el éxodo. El cristianismo
es un Éxodo, una salida del propio amor, querer o interés, de la propia
subjetividad e intersubjetividad. La humanidad se hace y deshace en la creación
entera. Somos polvo de estrellas.
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viernes, 15 de junio de 2018
martes, 10 de abril de 2018
Tristes trópicos
En 1956,
en “Tristes trópicos”, Levi-Strauss, que traduce el método del estructuralismo
lingüístico al análisis cultural, deja escrito: “El mundo comenzó sin el hombre
y acabará sin él”. Es como un cierre lapidario para el existencialismo
comprometido de J.P. Sartre, que una década antes proclama: “El existencialismo
es un humanismo”. El compromiso comunista de Sartre choca con la primavera de
Praga y el terror staliniano. Levi-Strauss no cree que la historia avance,
tampoco piensa que la lucha de clases tenga un papel decisivo en el progreso
humano. Foucault, desde un estructuralismo epistemológico, contempla la
política como oportunidad para transgresión y enfrentamiento. Declina el
existencialismo y se hace hueco para un pensamiento que deconstruye
instituciones y valores sin necesidad de afirmar opciones: amanece lo
postmoderno.domingo, 21 de enero de 2018
Cuestión de Temperamento

Insiste Eagleton en que optimismo no es amigo de la esperanza (“Esperanza sin optimismo”, 2015). Karl Marx no era optimista y, sin embargo, creía que el mundo acabaría por mejorar –en su visión, la mejora es la sociedad comunista, fruto de la lucha y la revolución del proletariado-. El Cristo de los Evangelios canónicos no es optimista, su visión del Reino de Dios convive con los dolores de parto del mundo (visión paulina), donde la violencia y la cruz forman parte del camino. El optimismo social sirve para generar estabilidad política y aumentar el consumo. Por eso, Fukujama, que sí es optimista: entiende que la historia por venir es sólo una ampliación nada novedosa de lo ya conseguido con la caída del muro de Berlín: la expansión tranquila de la democracia y la economía de mercado. “Es cuestión de temperamento, no de realidad”, concluye Eagleton.
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domingo, 17 de diciembre de 2017
Adios al gran relato
El anuncio del final de los grandes relatos en “La condición
postmoderna” (1979) de Lyotard propone
la instalación en los pequeños relatos, fragmentados, en el cada día. Si Hegel
lee la historia convencido de que en ella se realiza el Espíritu, si Marx la ve
como un camino inexorable hacia la
sociedad comunista, si Teilhard de Chardin la entiende como una línea cósmico
entre el Alfa y el Omega (Cristo)… Ahora sería sólo una narración propia para
cada momento, provisional, efímera, en cada lugar, sin universalismos ni
dirección. Lo cierto es que está de moda la Historia. En ella buscamos
explicaciones y consuelos para nuestra actuaciones o ejemplos y modelos con los
que interpretar nuestro presente. “Se
dice que el fundador de China, el emperador Qin, destruyó todos los documentos
anteriores (…) y escribió su propia historia” (MacMillan, 2009).
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