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jueves, 20 de junio de 2019

La vejez

La muerte como horizonte de sentido es temática reincidente en los tres últimos libros de Simone de Beauvoir. Así lo refleja Cristina Sánchez (“Del deseo al sexo”, 2016): “La vejez” (1972), “Final de cuentas” (1974) y “La ceremonia del adiós” (1981). La muerte no es un hecho natural, puesto que la participación humana lo hace devenir en cultura. Al hablar de la vejez De Beauvoir se muestra a sí misma. Deconstruye una imagen que culturaliza el avance de los años como “tercera edad” para afirmar que, finalmente, la sociedad contemporánea trata a los “viejos” como a parias. Han pasado casi 50 años de aquel libro y se han hecho numerosos avances en gerontología y nuestra esperanza de vida supera los ochenta años. Pero nuestro imaginario cultural se debate entre el ideal de eterna juventud (envejecimiento activo) y la negación (invisibilidad de la vejez que conduce a la muerte). Observamos a diario la muerte como espectáculo (telediario o teleseries) y ocultamos a la persona envejecida limitando cada vez más nuestro estrecho concepto de vida plena.

domingo, 12 de mayo de 2019

El tiempo y la muerte de Dios

Subraya Byung-Chul Han (“El aroma del tiempo”, 2009) que, con la muerte de Dios, Nietzsche vacía de consistencia el tiempo, por más que trate de recuperarla con su eterno retorno de siempre lo mismo. Ese vaciamiento se vive hoy con la apariencia de la aceleración: todo se fuga, sin un destino, sin meta ni heredero (por más que el propio Nietzsche alude a ambos conceptos en su intento de dar consistencia a nuestro camino hacia la muerte). El existencialismo propuso la vida como una auto construcción libre: una meta y un heredero. Los estructuralismos muestran la impertinencia de la diacronía, que se resuelve en un no tiempo (sincronía) puesto que el determinismo lo ordena todo. Hoy, la vivencia, fugaz y sin historia, sustituye a la experiencia, que necesita tiempo. Así afecta a la verdad: queda reducida a lo vivenciado en cada momento, prácticamente independiente de lo realmente experimentado en el tiempo que dura. Quevedo mira al final de sus días con una poderosa carga nihilista. Sin embargo, acaba proponiendo que aquel polvo en el que se resuelve su vida, es polvo enamorado, y aquella ceniza tiene sentido.

domingo, 4 de noviembre de 2018

El espectáculo

Para Heidegger y los existencialismos somos para la muerte. López Yarto S.J., en los pasillos de Comillas (1984), asegura al alumnado novel filósofo: “el existencialismo es una neurosis”. Atribuye los orígenes de la patología al trauma de la sangrienta historia del siglo XX. Eco advierte que la muerte se ha fugado de nuestras vidas. Recuerdo a la anciana Maricela diciendo como últimas palabras “arajai, están toitos los míos”. Eco tiene delante los entubamientos de las UCI y la muerte que, en los medios, se torna espectáculo, ya sea a modo de ficción, ya sea en el hiperrealismo de las noticias que filman la explosión y los cadáveres de la guerra. Nuestro día de los difuntos nos anima a visitar una tumba que propone los recuerdos y el acompañamiento amable de quienes nos preceden en la historia. Halloween es otra cosa: caramelos, juego, terror y diseño.

martes, 23 de octubre de 2018

La utilidad de la ciencia

Feyerabend elabora un pensar sobre la ciencia como contra-inducción. No se da nada por supuesto y se formulan hipótesis inverosímiles para promover búsquedas que no se harían desde las explicaciones más racionales. En 2006, Dyson publica “El científico rebelde”: la ciencia avanza por rebelión, no por evolución. Se rebela, en ocasiones, contra el estatus social. En otras ocasiones, contra el estamento científico. La rebelión contra el estatus social no abandona la responsabilidad o la ética. Sin la ética, la ciencia ni da de sí todo lo que puede dar (respuestas buenas a problemas humanos) ni se frena ante las tecnologías de la muerte.  Cita a Hardy: “Se dice que una ciencia es útil si su desarrollo tiende a acentuar las desigualdades existentes en la distribución de la riqueza o si promueve una forma más directa la destrucción de la vida humana”. 

domingo, 21 de octubre de 2018

Aporofobia

Es un neologismo y da nombre al miedo a los pobres: Aporofobia. La puso en circulación Adela Cortina. Fue palabra del año (Fundeu 2017). En nombre de la protección de nuestro espacio europeo y de la identidad que supuestamente nos arrebatan los extranjeros, la UE y sus sociedades no están a la altura de las personas refugiadas. Nos defendemos de  ellas y con tales medios, que el balance es desolador: muros y alambradas en nuestras fronteras, países que no respetan las decisiones de la Comisión Europea, desconfianza entre los socios, crecimiento de las mafias y cadáveres. Los odios y sus miedos son malos consejeros a la hora de ponernos en marcha. Ojalá cambiemos las fobias en filias, y, como una sociedad que cree en la humanidad, nos pasemos a la aporofilia, es decir, al amor a quienes más necesidades tienen.

jueves, 18 de octubre de 2018

Estado social y de derecho

Además de las personas muertas, el actual sistema de migración y refugio de Europa tiene algunos tintes negros: menores perdidos, mafias enriquecidas, mujeres violadas, economía sumergida (Naïr, “Refugiados”, 2016). Además, la ruptura de la identidad europea, aquella que también tiene sus raíces en la modernidad y se concreta políticamente en el estado social y de derecho. Se pierde la identidad cuando se identifica a migrantes con terroristas, se deja de respetar el derecho internacional y se desentiende del derecho de las personas refugiadas. Dice el Evangelio: “Nada que viene de fuera corrompe el corazón humano”. Nuestra Europa se pierde no por la llegada de musulmanes inmigrantes, sino por la falta de respeto a su propio derecho y a la ausencia de un proyecto eficiente de acogida e inclusión social (a nativos y a nuevos residentes).

viernes, 13 de julio de 2018

Misterio y manifiesto

Le da la razón Buber al Nietzsche que proclama la muerte de Dios. Se trata (“Eclipse de Dios”) de una afirmación lógica: Kant vincula lo de Dios a un impulso moral interior. Eso lo expulsa del mundo. Hegel, que intelectualiza la realidad (todo lo real es ideal), asegura: “Ya no hay nada de misterio en Dios”. Y es que el idealismo hegeliano propone un Dios que no puede ser el mismo, a la vez manifiesto y misterioso, que atisba la religión. El Dios manifiesto siempre es antropomórfico y, a la vez, misterio. Si es solo misterio, no es manifiesto y no hay experiencia alguna que nos remita a él, si es puramente antropomórfico, tampoco es manifiesto, sino solo creación nuestra. Nietzsche reconoce así lo que ha pasado: Dios está liquidado. Pero el tiempo y la cultura mantiene la pervivencia de un coloquio que no es mero soliloquio. Es misterio, pero se manifiesta.

lunes, 7 de mayo de 2018

El lugar de la tarea

Ya que el Mar Muerto no permite pescar y que la mayoría de los puertos quedan fuera del alcance de los pescadores autóctonos, el Mar de Galilea, también Tiberiades, es su lugar de brega. En este entorno ponen los Evangelios buena parte de la actividad de Jesús, con centro principal en Cafarnaúm. Simón (que Cristo apodó como Pedro) y sus compañeros se dedicaban a la pesca. El lago es trabajo ordinario. Juan, el último de los escritores canónicos, sitúa en este enclave la experiencia del resucitado. Nos habla, pues, de una experiencia en lo cotidiano. Añade, además, la noche (la oscuridad) y el fracaso en la tarea (“no pescaron nada”), para situarnos en el ambiente del sepulcro y el final, aparentemente inevitable, del movimiento de Jesús. Pero en lo cotidiano del trabajo, se plantea una pregunta (“Simón de Juan, ¿me amas?”) y una tarea: el cuidado.

martes, 1 de mayo de 2018

Docetismo y muerte

La muerte, en nuestro entorno, pasa a segundo plano: en lo virtual, deviene espectáculo, en lo real ni se presenta, ni se muestra. Se la propone como ausencia y, en noviembre, transitamos desde la memoria amable que pone flores en la tumba de quien de algún modo nos acompaña, al disfraz de zombie, de muerto viviente, que hace de los cadáveres una amenaza para quien todavía vive. Retorna cierta tradición herética cristiana que ve en la muerte del nazareno un “como si”. Para el Docetismo todo lo histórico del Cristo es mera apariencia, porque no cabe la comunión de lo divino y lo humano –dada la bajeza de la realidad humana-. Nuestro entorno hoy, no tan creyente, asume un docetismo sin Dios: nuestra muerte se reduce a pura apariencia y toda apariencia puede ser cambiada. Adornamos a nuestros difuntos y, de camino, también nuestros fracasos.

domingo, 29 de abril de 2018

Resistencia a la pura antropología

“No serviré más a un señor que se me puede morir”, se atribuye a Borja al contemplar el cadáver de la emperatriz Isabel. No es alarde de ego. También el “yo” muere. Ni espiritualismo, porque tiene una tarea en esta historia. Apuesta por el Otro. A duras penas, solo una parte de la teología consigue oponerse al giro copernicano que hace del pensamiento antropología. Kant formula así: “Qué podemos conocer. Qué debemos hacer. Qué nos cabe esperar. En resumen, qué es el hombre”. Al observar la entrada en Jerusalén de aquel nazareno, sobre un pollino –referencia davídica-, podemos imaginar un cristianismo que no formula su pensar desde la pura antropología. Levinas –de tradición judía- también lo apunta: pensar es reconocer la otredad. También con mayúscula: en su diferencia y en su misterio. Ahí solo cabe la responsabilidad.

lunes, 2 de abril de 2018

Añoranzas

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, nos dice Jorge Manrique al apuntar el Renacimiento. Otto Rank, seguidor de Freud, entendía que buena parte de nuestra dinámica psicológica se explica por el deseo de volver al vientre materno para superar así el trauma del nacimiento. Afirma Bauman (“Retrotopía”, 2017) que vivimos una epidemia de nostalgia. Ante el pesimismo del futuro que viene (el 80% de la población francesa piensa que sus hijas e hijos vivirán peor que ellos), añoramos el retorno a un sueño que, en realidad, nunca existió. En política, esa pulsión, con frecuencia, deviene en nacionalismo: el retorno a una utopía comunitaria puesta en los orígenes de nuestra identidad nacional. Ese aire habita también otras experiencias comunitarias, como las religiosas, donde los tiempos de cambio levantan también añoranzas.

jueves, 8 de marzo de 2018

Afrontar la muerte

Quizá por un tiempo, Heidegger cree que la muerte nos afirma. Es que se trata de “mi” muerte. Más adelante, sospecha de la pura negatividad de la muerte. Byung-Chul señala que el morir puede ponernos en alerta ante lo absolutamente ajeno. Hace una grieta en un mundo de diversidad tolerada que nos iguala; la muerte confronta con lo no igual. Dos respuestas se turnan: la del terrorismo que ama la muerte como respuesta a la violencia de lo igual; y la de la cultura que quita voz a la muerte. Loyola no ama, ni rechaza, ni explica la muerte. La afronta. Permite ver y elegir en la vida desde lo absolutamente otro, sin escabullirlo de lo real. No vivimos para morir, pero el morir es propio del vivir. Si silenciamos la muerte, si el enjambre oculta su voz, entonces el vivir será víctima del imperio del todo igual, del nada distinto, del sólo lo ancho, lo largo, lo profundo.

martes, 6 de marzo de 2018

La violencia y lo igual

Ante la violencia de lo igual, surge el terrorismo. Sin entrar en sus motivaciones explícitas (políticas, religiosas), el terrorismo es la contrafuerza destructiva ante “el poder de lo global que todo lo nivela reduciéndolo a lo igual” (Byung-Chul). Ante la pretensión de finalizar la historia (Fukuyama) con la propagación implacable de lo igual con su violencia muchas veces invisible (la democracia liberal y el libre mercado), la muerte aparece como lo único que no se somete a lo igual, al modelo productivo de nuestro neoliberalismo. La muerte finaliza la producción. “La glorificación de la muerte por parte de los terroristas y esa actual histeria con la salud que trata de prolongar la vida como mera vida a cualquier precio se suscitan mutuamente” (Byung-Chul). La negación de lo Otro se niega en la aparición de la Muerte. ¿Qué emoticono es apropiado?

martes, 23 de enero de 2018

El asesinato Prince Jones

El asesinato de Prince Jones corretea por las páginas de “Entre el mundo y yo” (Ta-Nehisi Coates, 2015). Es el segundo libro de un joven afronorteamericano que centra su trabajo periodista en el desencuentro racial. El optimismo leería la actual situación racial como mejora respecto a lo vivido en el pasado (Vg.: “La cabaña del tío Tom”, H.B. Stowe, 1.852) y apuntaría convencido a un futuro todavía mejor. La esperanza leería las víctimas olvidadas y las luchas fracasadas del pasado como origen de una libertad precaria, no definitiva, no suficiente que exige mantener el compromiso. Coates escribe a su hijo con el objetivo de que “seas un ciudadano consciente de este mundo terrible y hermoso”. La madre de Jones, asesinado sin miramientos por un policía que fue declarado inocente, lo dice con claridad: “Lo que lamento es que esté muerto”.

miércoles, 3 de enero de 2018

Abandono

No disimula Agustín de Hipona la potencia de la muerte. Ni tampoco Tomás de Aquino. Kierkegaard se rebela contra esas imágenes que representan a la muerte con rostro de luz. Sartre sospecha que morimos antes de acabar nuestra tarea. El “ser-para-la-muerte” de Heidegger parece suponer que en ella, de algún modo, nos realizamos. Octavio Paz advierte: “Nuestra muerte ilumina nuestra vida”. De alguna mamnera, el modo de morir –como en Heidegger- pareciera dar sentido (¿salva? ¿justifica?) al modo en que hemos vivido. ¿Cambia todo la trascendencia? ¿Es la fe cristiana en la resurrección un morir menos? Xabier Zubiri afirma la contundencia de la muerte. Al morir, morimos. No es un mero tránsito. Es una acentuación del misterio. La fe afirma la resurrección, pero no niega el misterio. Teresita de Lisieux habla de abandono. El abandono es amigo de la duda.

lunes, 1 de enero de 2018

Tránsito

Hacia la muerte como tránsito a la luz y la vida de otro modo apunta Fernando Cordero SS.CC. En “El tren azul”, un pliego de la revista Vida Nueva de finales de 2017.  Subraya Cordero la connaturalidad de la muerte y el carácter contracultural de quien pretenda ponerla como asunto del que hablar y ante el que quedarse. No se trata de que las palabras ocupen todo el espacio, puesto que el silencio es oportuna compañía cuando hay que “acompañar en el sentimiento”. Acompañar que no es sustituir. Acompañar que no es distraer o divertir. Parece que hemos recorrido largo trecho, desde el “ser para la muerte” de los existencialistas de la postguerra europea –tanta muerte en los caminos- a la ausencia de la muerte en el pensamiento ligero o a la espiritualización de la misma hasta extremos irreconocibles. Y de hecho, empezamos a morir al nacer.

El cementerio

En noviembre muchas personas acuden al cementerio. De un modo u otro, acudimos al cementerio y nos disolvemos en cenizas. Para Heidegger se trata de un hecho decisivo que nos define: somos ser para la muerte; somos proyecto que se topa con la muerte; desde el mismo comienzo de nuestra vida ya estamos a disposición de la muerte. ¿Es la muerte la frustración de todo proyecto humano? Quizás la muerte es más bien la medida de todo proyecto humano. Invita Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, a escenificar ese instante final a la hora de validar nuestras decisiones. Heidegger propone no mirar la muerte como la estación final, sino como un hecho que ya está aconteciendo. Es probable que nuestra cultura se desdiga de esa mirada: O es parte del paisaje, menos subversivo, más dormido, o nos hiere cuando se hace acontecimiento.