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jueves, 13 de septiembre de 2018

La confusión del discurso

La historia político-religiosa de EE.UU. del siglo XIX se distancia de la europea. En la carrera hacia la modernidad, los EE.UU. avanza con la ilustración de sus fundadores. Pero el “2º gran despertar” es la continuidad de la revolución: la religión de la gente pobre frente al deísmo ilustrado de las élites (Armstrong, “Orígenes…”). La sociedad norteamericana se hace más religiosa. Identifica con la espiritualidad grandes virtudes políticas: el progreso, la liberación, la cultura, la solidaridad. En Europa, sin embargo, la brecha de Galileo y Newton se profundiza con Kant y Darwin. Una auténtica cruzada contra la religión tiene efectos sobre una sociedad que vive lo religioso como obsoleto y defensor del ethos del “ancien regime”. El estudio de la religión como ciencia la desmiente. Alguien ha confundido el discurso de sentido con el discurso científico.

lunes, 13 de agosto de 2018

La discusión crítica

Considera Popper (La responsabilidad de vivir, 1994) que es un filósofo anticuado: defiende la razón y la ilustración. Kant, a su juicio, sería el último grande de esta corriente, aunque reconoce en Russell un filósofo de crédito que es capaz de argumentar con la claridad y la profundidad que requiere cualquier discusión crítica. La filosofía es crítica. Si una filosofía no cuestiona lo que otro pensamiento ha formulado, no servirá para avanzar. La mejor escuela de filosofía, a su juicio, es la que es capaz de superar lo dicho por su maestro. Pero lo que hace de Popper un pensador anticuado sería, a su juicio, que cree que la discusión crítica, la que atiende a los hechos y a los argumentos, es el marco para que la filosofía sea juez de su época. En esto sigue a Hofmannsthal: “La filosofía es el juez de una época; mal asunto cuando en lugar de esto se convierte en su expresión”.

viernes, 13 de julio de 2018

Misterio y manifiesto

Le da la razón Buber al Nietzsche que proclama la muerte de Dios. Se trata (“Eclipse de Dios”) de una afirmación lógica: Kant vincula lo de Dios a un impulso moral interior. Eso lo expulsa del mundo. Hegel, que intelectualiza la realidad (todo lo real es ideal), asegura: “Ya no hay nada de misterio en Dios”. Y es que el idealismo hegeliano propone un Dios que no puede ser el mismo, a la vez manifiesto y misterioso, que atisba la religión. El Dios manifiesto siempre es antropomórfico y, a la vez, misterio. Si es solo misterio, no es manifiesto y no hay experiencia alguna que nos remita a él, si es puramente antropomórfico, tampoco es manifiesto, sino solo creación nuestra. Nietzsche reconoce así lo que ha pasado: Dios está liquidado. Pero el tiempo y la cultura mantiene la pervivencia de un coloquio que no es mero soliloquio. Es misterio, pero se manifiesta.

domingo, 29 de abril de 2018

Resistencia a la pura antropología

“No serviré más a un señor que se me puede morir”, se atribuye a Borja al contemplar el cadáver de la emperatriz Isabel. No es alarde de ego. También el “yo” muere. Ni espiritualismo, porque tiene una tarea en esta historia. Apuesta por el Otro. A duras penas, solo una parte de la teología consigue oponerse al giro copernicano que hace del pensamiento antropología. Kant formula así: “Qué podemos conocer. Qué debemos hacer. Qué nos cabe esperar. En resumen, qué es el hombre”. Al observar la entrada en Jerusalén de aquel nazareno, sobre un pollino –referencia davídica-, podemos imaginar un cristianismo que no formula su pensar desde la pura antropología. Levinas –de tradición judía- también lo apunta: pensar es reconocer la otredad. También con mayúscula: en su diferencia y en su misterio. Ahí solo cabe la responsabilidad.

jueves, 29 de marzo de 2018

¿Qué es el hombre?


La filosofía gira en antropología con Descartes al poner en el centro del pensar el propio sujeto y la propia actividad de pensar. El giro tiene su culmen en Kant, donde todas las preguntas filosóficas (¿Qué podemos conocer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué nos cabe esperar?) se reducen a una: ¿Qué es el hombre? Desde entonces, unas y otras escuelas han sacado consecuencias y unas y otras han notado los límites de esta orientación. Si el programa fenomenológico propone la vuelta a las cosas y el estructuralismo apunta al post-humanismo, Zubiri insiste en el carácter sentiente de toda inteligencia y Levinas asalta la pura otredad. Derrida cruza todo su trabajo por la “atención a la alteridad”. Por el camino, casi toda la filosofía ha quedado en análisis de textos.  Entre la supuesta cosa y el supuesto sujeto queda la narración, el lenguaje.

viernes, 23 de febrero de 2018

Lectura ardua


Para Levinas ética es filosofía primera. Es novedad en la historia del pensamiento occidental. Por eso, ni los términos ni las normas de redacción usados hasta ahora pueden servir para formular algo tan diverso. Así, lectura y comprensión es ardua: cambia el significado de palabras que nos son familiares y redacta a modo de oleadas que parecen repetirse sobre la misma playa. La filosofía anglosajona, sostenida en el rigor y el análisis del lenguaje, no lo estima como filósofo; quizás, pensador religioso o literato. Otros pensadores (Husserl, Bergson, Heidegger, Kant, Hegel) son también de difícil lectura y comprensión. Sin embargo, todos ellos se mantienen en el ámbito de la tradición occidental de conceptos que dan cuenta de la realidad. Levinas afirma que eso es violencia. Cambia la pregunta. Cambia el lenguaje. ¿Prescinde de ser entendido?

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ética y filosofía primera


Es probable que, desde Descartes, la filosofía occidental gire de modo que la primera tarea de la misma, la filosofía primera, sea el pensamiento, o, mejor, el conocimiento. Sólo después de definir qué es conocer, somos capaces de afrontar qué debemos hacer o qué nos cabe esperar (Kant). Antes de Descartes, más bien preocupaba qué es la realidad, qué da sustento a lo físico (Metafísica); ya entrado el periodo del conocimiento, Leibniz lo formuló así: “¿Cómo es que hay algo cuando muy bien podía no haber nada?”  Enmanuel Levinas pretende otro giro: “La moral no es una rama de la filosofía, sino la filosofía primera” (Levinas, “Totalidad e infinito”, 1971). De algún modo, parece que ya no tenemos que buscar “por qué” o “para qué” a la dimensión ética, sino constatar y mostrar su sentido. ¿No cambia esto el modo de afrontar nuestra historia?

martes, 9 de enero de 2018

Incoativamente

Fascina el lenguaje. ¿Es algo la inteligencia sin el lenguaje? Buena parte de la filosofía del siglo XX explica la realidad como lo lingüísticamente expresado (Kant). Así, la pregunta por la realidad pasa a pregunta por el significado, por el sentido. En su Trilogía, Zubiri presenta una relación inmediata entre lo real y la inteligencia: la aprehensión primordial de la realidad por parte de la inteligencia (sentiente). Es aprehensión incoativamente a la vez que primordial, lenguaje. A su vez, el lenguaje es siempre contemporánea e incoativamente racional. Zubiri no imagina una razón que deviene lenguaje que formula la realidad, sino una realidad aprehendida primordialmente (inteligencia sentiente) e incoativamente logos y razón. Si la filosofía se hace puro análisis del lenguaje, se autolimita y renuncia a lo real, y pone la base para eso que hemos llamado pensamiento débil.