
jueves, 20 de junio de 2019
La vejez

miércoles, 19 de junio de 2019
Sociedad del conocimiento
Nuestro bienestar material está amenazada en el sin barreras de un mundo globalizado:
deslocalización y desempleo; del mismo modo, el medioambiente genera incertidumbre; el
crecimiento poblacional presiona con más fuerza en los ecosistemas y apunta a una convivencia
más conflictiva. Las incertidumbres parecen exorcizarse con el horizonte utópico de la sociedad
del conocimiento con la que apuntamos al futuro con esperanza. Brey nos recuerda el origen
económico de la expresión: en los 70, la tríada del capitalismo (tierra, trabajo, capital) añade otro
factor: el conocimiento. Pasamos de “la información es poder”, en el contexto de la guerra fría, a
“el conocimiento es riqueza”. Las TIC serían los instrumentos necesarios para el nuevo
mercado, como la plaza del pueblo, el registro de la propiedad o la bolsa de valores lo han sido
hasta ahora. La utilidad para generar riqueza es el elemento determinante en la comunicación y
el conocimiento. Entonces, ¿en qué sentido, si alguno tiene, la sociedad del conocimiento es
realmente un horizonte de esperanza?
Diversidad y asombro
Nuestras vidas están llenas de diversidad. Como anuncian los clásicos, la filosofía comienza con el asombro. La diversidad provoca asombro, perplejidad, desconcierto. Diferencias culturales, psicológicas, biológicas, étnicas… que se concretan en la vida cotidiana en modos de pensar diversos, diferentes maneras de entender la vida, la misión, la tarea. Las diferentes posiciones políticas reflejan una sociedad que se siente mucho más diversa de lo que las instituciones, normalmente, pueden encausar. Diferencia en los intereses y en los gustos. En ocasiones, esto provoca un efecto comunitarista: el retorno a los míos, a sus valores de siempre, a los lugares sagrados e intocables. La diversidad -que seguirá presente incluso en los contextos más uniformados- puede provocar ruptura, división, alejamiento. En términos morales, egoísmo. En términos teológicos, pecado. Pero esa misma diversidad, integrada (más allá de Babel) es ocasión para el asombro, la admiración, la filosofía.
lunes, 17 de junio de 2019
Cambios en la comunicación

domingo, 16 de junio de 2019
La belleza de la diversidad
“Soy cristiano”, afirma K, transexual, a la vez que sostiene: “La Iglesia nos ha hecho mucho daño”. En el que, todavía hoy quizás podamos denominar “mundo católico”, la Iglesia como institución es la portadora (más que creadora) de valores y códigos que regulan lo moralmente aceptable de su entorno social. Ese entorno cambia y la Iglesia también. Otros agentes, otras perspectivas erosionan la reificación de valores plenamente conseguida y la hacen arena que se dispersa en el mar. Al caer los valores, por ágil que pueda ser la institución, también ella sufre, se erosiona, se hace arena. Sin embargo, es reclamada como refugio de quienes se resisten a las nuevas propuestas. El mundo LGTBI, el mundo de la diversidad sexual, sigue condenado en contextos no necesariamente eclesiales, sin embargo su presencia ya está provocando una tolerancia pasiva importante (cada cual a lo suyo). Quizás algún día, quizás pronto, su mensaje en positivo: la belleza de la diversidad.
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