La muerte como horizonte de sentido es temática reincidente en los tres últimos libros de Simone de Beauvoir. Así lo refleja Cristina Sánchez (“Del deseo al sexo”, 2016): “La vejez” (1972), “Final de cuentas” (1974) y “La ceremonia del adiós” (1981). La muerte no es un hecho natural, puesto que la participación humana lo hace devenir en cultura. Al hablar de la vejez De Beauvoir se muestra a sí misma. Deconstruye una imagen que culturaliza el avance de los años como “tercera edad” para afirmar que, finalmente, la sociedad contemporánea trata a los “viejos” como a parias. Han pasado casi 50 años de aquel libro y se han hecho numerosos avances en gerontología y nuestra esperanza de vida supera los ochenta años. Pero nuestro imaginario cultural se debate entre el ideal de eterna juventud (envejecimiento activo) y la negación (invisibilidad de la vejez que conduce a la muerte). Observamos a diario la muerte como espectáculo (telediario o teleseries) y ocultamos a la persona envejecida limitando cada vez más nuestro estrecho concepto de vida plena.
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jueves, 20 de junio de 2019
La vejez
La muerte como horizonte de sentido es temática reincidente en los tres últimos libros de Simone de Beauvoir. Así lo refleja Cristina Sánchez (“Del deseo al sexo”, 2016): “La vejez” (1972), “Final de cuentas” (1974) y “La ceremonia del adiós” (1981). La muerte no es un hecho natural, puesto que la participación humana lo hace devenir en cultura. Al hablar de la vejez De Beauvoir se muestra a sí misma. Deconstruye una imagen que culturaliza el avance de los años como “tercera edad” para afirmar que, finalmente, la sociedad contemporánea trata a los “viejos” como a parias. Han pasado casi 50 años de aquel libro y se han hecho numerosos avances en gerontología y nuestra esperanza de vida supera los ochenta años. Pero nuestro imaginario cultural se debate entre el ideal de eterna juventud (envejecimiento activo) y la negación (invisibilidad de la vejez que conduce a la muerte). Observamos a diario la muerte como espectáculo (telediario o teleseries) y ocultamos a la persona envejecida limitando cada vez más nuestro estrecho concepto de vida plena.jueves, 9 de mayo de 2019
Vencida la espada
“Vencida de la edad sentí mi espada”, canta Quevedo en quejumbroso soneto. Señala el paso del tiempo al recorrer el último trecho. Tema propio de la poesía que se plasma magnífico en Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir…”. Parece situarse en esa estela Heidegger: asegura que somos para la muerte. Pero hoy, señala Byung-Chul Han, es una muerte desprovista de significado. No es el final de nada, se nos dice, porque si después es nada, lo previo también lo es. En Manrique perdura la memoria; en Quevedo “serán cenizas, mas tendrán sentido”. En nuestra cultura, una insignificante fracción de un tiempo inabarcable que se mide en miles de millones de años. Menos de una fracción de segundo en escala anual. Situada la humanidad en el pálido azul de un punto en un rincón perdido de una galaxia más bien mediana entre cientos de miles. Nada. Salvo que el misterio de luz habite en la trascendencia: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, confiesa Hipona.
miércoles, 1 de mayo de 2019
Razón y teología
Que la teología vive tiempos de especial indigencia es el punto de partida de la reflexión de Caamaño en Razón y Fe de abril de 2019. Achaca la vulnerabilidad a la debilidad sociológica del sujeto colectivo de la razón teológica y a una cultura ambiental de la superficialidad y el cientismo. Esa que asegura que la ciencia y la tecnología son el principal agente de felicidad. Mantiene, sin embargo, la pertinencia del pensamiento teológico dada la relevancia de su objeto: la cuestión de Dios. Leo en El País, 25 de abril 2019, al autor que sostiene: “Dios no nos creó. Nosotros creamos a Dios”. Parece que Dios sigue vivo, a veces como objeto de discusión, más allá de las notas débiles de las instituciones religiosas. La teología se hace más necesaria cuando retroceden las iglesias y su carga normativa. Es el antídoto frente a todos los fundamentalismos emocionantes. Aunque Dios sea racionalmente inabarcable, si no damos razón de nuestra fe, campea a sus anchas el fantasma del fundamentalismo.
miércoles, 3 de abril de 2019
Dionisos
La idea
de que el mundo es un cosmos (orden) y no un caos se la debemos a la cultura
helena y a cierta tradición bíblica (al principio era un caos, pero el espíritu
aleteaba sobre las aguas). Grecia tiene a Dionisos, que no solo apunta hacia el
gozo y el éxtasis, sino que también mira a la contradicción y el desorden.
Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de
toda metafísica y del idealismo alemán. La verdad es que somos nada, indica
haciendo suya la conclusión de la tragedia griega (somos la hierba que pasó,
dirá el salmista). Levi-Strauss se vive como inventariador de instituciones
contingentes que están por desaparecer. No quedará siquiera el sujeto de su
memoria, ni arqueología que lo rescate.
El mundo conmienza sin humanidad, sin ella acabará. Nietzsche establece
ahí el punto. Ni borrachos podemos aceptar la verdad.
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miércoles, 5 de septiembre de 2018
Malestar
Freud escribe (1930) “El
malestar en la cultura”. Entonces es la suya, la occidental. En 2010, Byung
Chul habla de “La sociedad del cansancio”. Ahora se trata de un modo
globalizado en el que la propia libertad es, no para ayudarse, sino para auto
explotarse. En perspectiva económica, Stiglitz publica, con el comienzo del
siglo (2002), “El malestar de la globalización”. Bauman cita a Freud para
explicar, en 1998, que nuestro malestar
tiene origen en la privatización de lo público, el modo en que hemos acertado a
garantizar nuestra libertad (pero no nuestra seguridad), en medio de un mundo
cada vez más global. Nuestra libertad, afirma, “desalienta la imaginación” y
nos hace impotentes ante los grandes problemas sociales. Privatizado todo, o
casi todo, solo saldremos a la calle para protestar por el pederasta de la
esquina.miércoles, 8 de agosto de 2018
Atrapar el tiempo a la carrera
Pretendemos
atrapar el tiempo con nuestra carrera. Todo está disponible y depende solo de
nuestra respuesta al estímulo. Sin el momento del no, en nuestra cultura, no
hay contemplación. Ya Nietzsche observa que es necesaria la pervivencia de la
figura del maestro para enseñar a mirar. La sociedad de la eficiencia necesita
velocidad: pasamos de caminar a correr. No hay mejora, sólo más prisa. Todo es
positivo. Byung-Chul Han señala que no hay creatividad si todo es positivo:
todo se hace más liso, más “me gusta”. De ese modo, la actividad muy activa es
la menos activa: no hay cambio, solo lo mismo a mayor velocidad (“La sociedad
del cansancio”, 2010). Sin el momento del no, no es posible la espiritualidad.
Entronca con las tradiciones clásicas: sin abnegación, la persona no tiene
acceso a su interioridad, tampoco a la contemplación (Loyola).
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martes, 7 de agosto de 2018
Aprender con las mujeres
Si un
valor cultural se hace religioso, su fundamentación parece más determinante.
Mariola López RCJ analiza en un artículo disponible en internet la relación de
las mujeres con Jesús. Habla de puertas que se cruzan: profusos y de calidad
son los encuentros de Jesús con las mujeres en un contexto en el que no se
valoran bien (es impensable que un rabino tenga una mujer discípula). Jesús
aprende también al abrirse a una relación tan original: incorpora de gestos y
lenguajes vinculados al servicio, la corporalidad, las tareas domésticas, el
cuidado, la amplitud de la misión o la totalidad de la entrega. Aunque los
relatos evangélicos así lo muestran, el poderío cultural de lo que ahora
denominamos “patriarcado” (sin referencias a la tradición de Israel) invisibiliza
incluso en su Iglesia el respaldo enorme de Jesús a las mujeres detrás de
nuestras prácticas milenarias.jueves, 2 de agosto de 2018
A correr
Sin capacidad contemplativa, cansados de caminar,
corremos. La carrera no es una respuesta contemplativa que rompa de forma
creativa la lógica de la caminata, sencillamente, acelera el proceso (Byung
Chul Han, “La sociedad del cansancio”, 2010). Nuestro entorno cambia a enorme
velocidad. No hay un mandato externo, nadie que imponga un ritmo. Ya no vivimos
en un tiempo disciplinario. El liberalismo se reforzó en Mayo del 68 y caducó
las normas, los valores culturales y las tradiciones. Quedó libre, disponible
para que todo sujeto lo internalice. Hoy todo fluye (Bauman) y en su fluir descubrimos
que podemos quedar obsoletos. Primamos el cambio. Ya no es necesaria la orden
externa. Cada uno se autoperfecciona, cada uno se autoexplota. Dejamos de
caminar y comenzamos a correr. Pretendemos atrapar el tiempo con nuestra
carrera.
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martes, 24 de julio de 2018
Burka, Niqab, Tolerancia
Dinamarca prohíbe el uso del burka y el niqab en los espacios
públicos. ¿Imponemos nuestra cultura faltando al principio de tolerancia del
liberalismo? ¿Actuamos desde el imperativo de justicia en defensa de los
derechos de las mujeres? No es fácil de entender que la Europa postmoderna del
fin de la metafísica justifique una norma que diga a las mujeres cómo pueden o
deben vestirse en los espacios públicos. Goñi sostiene que “los filósofos son
unos tipos que meten las narices en todo”. Con especial virulencia lo hace el
esloveno Žižeck cuando habla del cinismo de nuestro mundo occidental. Está
convencido de que nuestra tolerancia (excluyente e impositiva) se vendrá abajo
con el conjunto de nuestro sistema. Sólo que todavía nos resistimos. Por eso,
al meter la nariz el filósofo pretende que tengamos miedo de nosotros mismos.
Cuanto peor, mejor.domingo, 22 de julio de 2018
La escuela personalista
Tras la crisis del 29, E. Mounier funda “Sprit” y promueve la
corriente personalista. ¿Es la persona conceptualmente suficiente para montar
una tradición filosófica? Paul Ricouer defiende que con Mounier murió el
personalismo como tradición filosófica. Cree que su legado está en la
incorporación de cierto ambiente filosófico personalista a las tradiciones
políticas, culturales y religiosas de la segunda mitad del siglo XX. Sin
embargo, el poderío de otras cuatro grandes corrientes (marxismo,
existencialismo, estructuralismo y neopositivismo) habrían demostrado cierta
debilidad conceptual del personalismo, diluido en la cultura, pero sin discurso
académico potente. Piensa Goñi (“Las narices de los filósofos”, 2009) que el
personalismo, sin ser un sistema, queda como una filosofía con muchas
variantes: Marcel, Levinas, Stein, Zubiri, Díaz…
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lunes, 9 de julio de 2018
Comunista
Se define como comunista. Žižeck sospecha de una defensa de
la propiedad privada que permite la acumulación sin límites o la conquista
depredadora del medio. La defensa de lo privado propia de nuestra cultura no le
parece inocente: es el modo políticamente aceptable del más reprobable
individualismo descomprometido. Su mirada sobre la política de los movimientos
sociales desnuda la focalización cultural y política sobre los intereses de las
comunidades o de los movimientos. Los movimientos sitúa un nosotros que se
segrega de la ciudadanía. Por eso Žižeck no suena progre. Cuando le hablan de
la “nube”, sospecha de sus dueños que permiten el mayor acceso (prestación de
servicios) y el mayor protagonismo (ruptura de fronteras) con tal de que lo
hagamos a través de su red y en su nube. Se privatizan los derechos.martes, 5 de junio de 2018
Escuela de Francfort
Se les llama “Escuela de Francfort” (Wiggershaus, 1986) y a su hacer
denominamos teoría crítica. Miran hacia Marx y, a su vez, reniegan de su
ortodoxia. Su heredero principal J. Habermas considera que en realidad no se
trata de una escuela y que más que de una teoría podríamos hablar de corrientes
que fluyen, convergen y se separan con quienes firman sus escritos. Teoría
crítica, ¿es pensamiento crítico o crítica del pensamiento? ¿Es crítica de la
razón o razón crítica? Con Marx traen de la mano a Freud: como si hubieran
escrito juntos sus libros y como si la sospecha (social y de las estructuras la
una, psicológica y de las pulsiones la otra) fueran la misma respuesta al mismo
impulso. Es una burguesía de cultura elitista y marginal que quiere asumir la
portavocía de quienes sufren opresión: afirman que lo real no es lo que aparece
y que el poder lo condiciona.
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domingo, 27 de mayo de 2018
La violencia
La actual tolerancia liberal convive con la violencia
fanática incomprensible para quienes la sufren (Žižeck, “En defensa de la
intolerancia”, 1998). Es el skinhead contra el inmigrante porque amenaza la
propia identidad. En la sociedad de la tolerancia, la explicación psicologisa
al sujeto: especialistas establecen el origen de esa violencia en la
frustración personal del sujeto violento o en sus desequilibrios psíquicos.
Todo lo más, pueden aceptar el origen en una influencia negativa
(fanatización). De uno u otro modo, evitan la referencia al modelo puramente
político, el de un sistema que expulsa o descarta (Francisco) a una parte de la
población que es aplacada con la aceptación de la diversidad y la prestación de
determinados servicios. La hipertolerancia sólo se quiebra con la violencia
irracional: es la única senda que ven los que no son para llegar a ser.
martes, 15 de mayo de 2018
Naturaleza humana
En sus clases de ética, A. Hortal SJ afirma (1986) que en lo humano, se entiende por naturaleza lo que, cuando lo sacas por la puerta, entra por la ventana. Batler (“El género en disputa”, 1990) dice que las peculiaridades de género son atribuciones culturales y que no dependen de la diferencia natural que se da entre los sexos. Habermas, en “Post Scriptum” (2001) escribe: “He adquirido una consciencia aún mayor de los abismos filosóficos que se abren al discutir los fundamentos naturales de la autocomprensión de personas que actúan responsablemente”. Habla sobre las prácticas de intervención genética. En 2003, Pinker publica “La tabla rasa” para señalar que “…la negación de la naturaleza humana… ha perjudicado la vida de las personas corrientes”. Si hay naturaleza humana, no se disuelve como rostro sobre arena.
lunes, 14 de mayo de 2018
Humanismo
En el
Renacimiento, el humanismo es recuperación de la cultura clásica. Tras el giro
antropológico, muestra cierta centralidad de lo humano en lo ético, social,
político o religioso. En dos frentes al menos, el humanismo incumple sus
promesas: el deterioro humano de lo no humano (crisis ecológica) y la
prevalencia legal de la ciudadanía y el individuo. La actual vida líquida
(Bauman) occidental recorta derechos y atribuye a los otras personas no ciudadanas la
causa de los males sociales. Así, los derechos son no de humanidad, sino de
ciudadanía, y esta se atiene a los individuos. Francisco, por su parte, muestra
que lo social y lo medioambiental son una sola crisis (“Laudato Si’”, 2015). La
reacción antihumanista, con problemas evidentes de rigor y extensión, apunta,
no obstante, a ambos problemas: la primacía de lo humano se concreta como
expolio depredador y etnocentrismo ciudadano.
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martes, 1 de mayo de 2018
Amor es éxodo
Al proponer la Pascua cristiana, Loyola (“Ejercicios Espirituales, nº
221”) invita a pedir (no está en mi mano, no soy dueño de la experiencia) “para
me alegrar y gozar intensamente de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro
Señor”. La alegría es propia, pero es un reconocimiento de Otro y su alegría.
No es el gozo que proviene del éxito por el resultado de lo conseguido con los
propios esfuerzos. Esta capacidad de
alegrarnos así completa la capacidad idéntica de dolernos con el dolor de quien
sufre, sin sustituirle, sin usurpar su lugar; sin poner en mi experiencia o a
mi vivencia, en mi ego, por tanto, criterio alguno de valor. El amor refiere
así a Otro, a sus penas y también a su alegría. El amor exige así un éxodo del
propio ego, su querer, su interés. Nuestra cultura, que realza el valor de lo
experiencia en cuanto experimentada, no apunta hacia el amor.domingo, 22 de abril de 2018
El amor es el mundo del dos
Amar supone encuentro. Es el inicio. Sin dos, no hay amor. Dos es
diferencia. Sin diferencia no hay amor. El acontecimiento del encuentro se da
en la diferencia. Para Fromm, es tan poderoso el encuentro que conlleva engaño:
se confunde con el amor. Enamorarse no es amar, dirá Fromm. Badiou (“Elogio del
amor”, 2009) muestra el encuentro como milagro. Es tremendo. La diferencia
libera energía en el encuentro. Pero el encuentro es todavía del mundo del Uno,
no del Dos. El encuentro es la mirada, la entrega, el goce del uno. Desde el
encuentro, que podría consumarse y consumirse en la misma operación, el Dos
emerge para construir. La diferencia que construye es el mundo del Dos.
Entonces, el amor no es un recubrimiento del sexo, sino una construcción para
la que también trabaja el sexo. Amar hoy supone ir contra la corriente del
dominio cultural del yo.jueves, 19 de abril de 2018
Natura y cultura
Para Aquino, aunque podamos equivocarnos en la percepción de la realidad o en el juicio que elaboramos sobre ella, “el hombre” (al modo de “lo humano”) no es una mera construcción cultural ajena a nuestra experiencia. Pero tampoco es una realidad en sí, independiente de nuestra cultura. La naturaleza creada, en términos teológicos, no es una mera elaboración cultural al margen de la experiencia; ni su concepto es una realidad ajena a nuestra cultura. ¿Merece buscar qué hay de experiencia de lo real en un concepto que se elabora siempre en la cultura dada? ¿Merece indagar qué hay de real en conceptos tan claramente culturales como violencia, amor, hambre, velocidad, enfermedad o espiritualidad? Claro que sí. Pero sabiendo que es una respuesta siempre marcada por esa maravilla que es nuestra capacidad de vivir en la cultura.miércoles, 11 de abril de 2018
Deconstrucción
“Deconstrucción”
es la palabra que nos pone en la pista de Derrida. Se la puede tratar como la
siguiente evolución del método estructuralista: primero, el análisis de las
estructuras rígidas subyacentes a las culturas; segundo, la genealogía de las
ciencias humanas y su objeto de investigación (“el hombre”); ahora el
vaciamiento de todo concepto al de-construirlo y mostrar los intereses que lo
pusieron en el diccionario. Así emerge el sentido político de Derrida: la distinción
entre bien y mal se deshilacha en lo lingüístico y queda supeditada a la
emoción y la decisión. Mediante la deconstrucción se hacen porosos la
democracia, el humanismo, la libertad. Pone un entreparéntesis Derrida con la
justicia: se mantendría como intuición primigenia más allá de sus formulaciones
históricas. ¿Una pretensión mística o una necesidad arbitraria? lunes, 9 de abril de 2018
Arqueología del saber
Foucault es el autor de “Las palabras y las cosas” (1966) y
de “La arqueología del saber” (1969). La última explica el método de su obra
anterior: analiza el proceso de construcción de un “objeto” de una “ciencia”
(psiquiatría, medicina o, en su obra del 66, ciencias humanas). Parece poner en
paralelo aparición de la ciencia con construcción de su objeto. Así, las
ciencias humanas aparecen en el siglo XIX y el concepto de “hombre” es
coetáneo. La enfermedad es construcción cultural. Hereda la mirada
estructuralista, en la que se contraponen opuestos, para mostrar la estructura
rígida que subyace. Lilla, en
“Pensadores temerarios”, sostiene que Foucault pareció incapaz de distinguir
entre el hecho biológico del SIDA y la construcción social que lo envuelve. Su
pensar y su vivir habitan junto a experiencias fronterizas. ¿En qué sentido su
morir da significado a su pensar?
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