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miércoles, 29 de mayo de 2019

Inconmensurable

El mundo en el que vivimos es inconmensurable (Feyerabend, “Perdiendo el tiempo”, 1994). Con un tono de anarquismo intelectual creciente, el autor relata su vida y la evolución de su pensamiento mostrando cómo siempre están imbricados. Hay en su relato una voluntad de honestidad que permite reconocer errores cometidos en la pasión por afrontar otros errores (su pasional “Contra el método” contiene presuntas verdades tan insostenibles como aquellas a las que quiere combatir). También reconoce los errores más vinculados a la ligereza de la mirada (como el flirteo con las SS motivado por la prestancia de los uniformados). El relato propicia una valoración un tanto gris de aquello que le hizo brillar: su trabajo intelectual y su verbo afilado para la dialéctica y el combate. Frente a ello, en un capítulo final titulado “desvanecimiento”, Feyerabend deja un deseo como testamento: “Suceda lo que suceda, nuestra pequeña familia puede vivir para siempre: Grazina, yo y el amor. Así es como me gustaría que sucediera: que no sobreviviera lo intelectual, sino el amor”.

lunes, 1 de abril de 2019

Filosofía a golpes


Sostiene Saint Exupery que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Quizás esa es la experiencia de Nietzsche cuando descubre lo dionisíaco. La vida de Nietzsche parece un itinerario hacia la sin razón. Cuestiona el idealismo de su época (Hegel afirma que todo lo real es racional). Mientras quien pone voz a Zaratustra se desliza hacia la demencia, arremete contra la metafísica y también contra Dios (que es el Dios de la metafísica).  Debilita el fundamento de todo relato y de toda justificación de la propia opción política que no sea la mera voluntad de poder. Sorprende la debilidad apasionada de quien quiere hacer filosofía a golpes que derrumban lo edificado hasta entonces. Es la propia razón arremetiendo contra su propio fundamento. Haciendo una filosofía única, Nietzsche se queda solo. La soledad es su más leal e indeseada compañera.

martes, 7 de agosto de 2018

Aprender con las mujeres

Si un valor cultural se hace religioso, su fundamentación parece más determinante. Mariola López RCJ analiza en un artículo disponible en internet la relación de las mujeres con Jesús. Habla de puertas que se cruzan: profusos y de calidad son los encuentros de Jesús con las mujeres en un contexto en el que no se valoran bien (es impensable que un rabino tenga una mujer discípula). Jesús aprende también al abrirse a una relación tan original: incorpora de gestos y lenguajes vinculados al servicio, la corporalidad, las tareas domésticas, el cuidado, la amplitud de la misión o la totalidad de la entrega. Aunque los relatos evangélicos así lo muestran, el poderío cultural de lo que ahora denominamos “patriarcado” (sin referencias a la tradición de Israel) invisibiliza incluso en su Iglesia el respaldo enorme de Jesús a las mujeres detrás de nuestras prácticas milenarias.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Mujer extranjera


Presenta el evangelista Marcos una escena sorprendente: una mujer, extranjera para más inri, enmienda la plana al Señor del cristianismo. Él asegura que su misión se circunscribe al pueblo de Israel; ella llama la atención con una metáfora humilde (perros que comen de lo que cae de la mesa de sus amos) sobre la necesidad de una atención más amplia. Una de las señas del cristianismo será su catolicidad, es decir, su universalidad: todos los pueblos, todas las gentes, todas las razas, hombres y mujeres, ricos y pobres. La universalidad del cristianismo no proviene de la herencia de los patriarcas; ya está apuntada en algunas interpretaciones de los profetas; pero se hace narración en esta mujer sirofenicia que corrige al que Juan denominará el “Logos”. El feminismo tiene en la teología un arma cargada de futuro. Ella, extranjera, cambia el relato.

martes, 22 de mayo de 2018

Sin ideologías


Si la “postmodernidad” erosiona metafísica y relatos de sentido (filosofar es conversar), la “post-política” (Žižeck, “En defensa de la intolerancia”, 1998) lima las ideologías. La política (el desafío de la parte por la no-parte) deviene técnica y  consenso; así, la resistencia a la globalización (tanto la nacionalista que cuida la identidad comunitaria, como aquella que sueña valores “imposibles”, por utópicos) es reliquia del ayer a superar. El clamor por otra globalización posible (Stiglitz, “El malestar en la globalización”, 2002)  se etiqueta como sueño del pasado. Así, la nueva política elude la verdadera política:  “no es simplemente cualquier cosa que funcione en el contexto de relaciones existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el funcionamiento de las cosas”. ¿Eludimos el desafío?