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jueves, 26 de julio de 2018

Acompañado por la soledad

Dice Saint Exupery que lo importante es invisible a los ojos. Quizás es Nietzsche que se da con lo dionisiaco. Su vida parece un itinerario de sin razón. Cuestiona el idealismo de su época (Hegel: todo lo real es racional). Pone voz a Zaratustra y se desliza hacia la demencia. Arremete contra la metafísica y contra su Dios (el Dios de la metafísica). Debilita el suelo de toda justificación y de todos los discursos racionales de nuestras políticas. Se aferra a la voluntad de poder como vida. Sorprende la debilidad apasionada de quien quisiera hacer filosofía a golpes y derrumbar todos los pilares. Es la propia razón que arremete contra su fundamento. También asegura Saint Exupery que hay razones del corazón que la razón no entiende. En el camino hacia una filosofía original, Nietzsche se queda humanamente solo. Soledad, leal e indeseada compañera.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Historia de sentido


La teología católica es una ciencia que pretende ser un discurso racional sobre el sentido. Se elabora a partir de unos hechos. En este caso, unos hechos relatados y fijados en un texto. El texto, sin embargo, tiene una pretensión sorprendente: transmitir una opción de sentido (fe), elaborada en una comunidad con historia y que conoce la historia de Jesús y que cree que ese sentido servirá para toda la historia humana y para toda historia humana (Moingt, SJ. “El hombre que venía de Dios”, 1994). La cristología es central en la teología católica. El teólogo no viene a Jesús pretendiendo averiguar cómo fueron los hechos fehacientes de su vida. Pero tampoco elabora un mensaje que contradiga a los hechos. Su interpretación, la que devuelve aquella historia a la historia nuestra, no puede contradecir la interpretación canónica de la primera generación cristiana.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un poco de ironía

Rorty, hijo de activistas de izquierda, escribe de solidaridad en “Contingencia, ironía y solidaridad” (1992). Con 61 años. Deja la perspectiva comunitarista porque no quiere la explicitación de motivaciones éticas personales en la cosa pública. Toma partido por Rawls y su liberalismo formal; Rorty lo historiza: la democracia no tiene que preguntarse por qué es mejor (fundamentos) sino qué la mejora (conversaciones). Rorty es coherente con su discurso: tras la muerte de Dios y de la metafísica, el final de la filosofía: deja atrás toda pretensión de un discurso fundado en favor de vocabularios y palabras que se filtran de lo privado a lo público sin mayor pretensión fundante: del ensayo a la novela. Invita a que tomemos nuestro discurso serio un poco más a la ligera, pero sin dejar de actuar. A eso llama ironía.