“Alabar, hacer reverencia y servir” señala Loyola en el siglo XVI como sentido de la existencia humana. Es un éxodo de nuestro “propio amor, querer e interés”. Propone todo un itinerario para afrontar este destino (los Ejercicios Espirituales) que, son así, una escuela de libertad; aprenderemos a desengancharnos de todo lo que nos impide el camino de la gratuidad, el respeto y la disponibilidad. Aprenderemos a afectarnos por quien nos invita a caminar con Él y como Él en una causa de justifica y amor: reconciliar a la humanidad con ella misma, con la creación entera y con Dios. Aparece muy lejos de los manuales de “autoayuda” donde toda la estrategia parece centrarse en el individuo, no en la comunidad, y en sus potencialidades limitadas por la sociedad en la que vive. La “autoayuda” trastoca el éxodo en ensimismamiento. Lejos del reconocimiento de los propios límites y la necesidad de las demás personas, la autoayuda invita a la propia plenitud sin los demás: no siempre una mente plena es ayuda.
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martes, 11 de junio de 2019
Autoayuda y menos
“Alabar, hacer reverencia y servir” señala Loyola en el siglo XVI como sentido de la existencia humana. Es un éxodo de nuestro “propio amor, querer e interés”. Propone todo un itinerario para afrontar este destino (los Ejercicios Espirituales) que, son así, una escuela de libertad; aprenderemos a desengancharnos de todo lo que nos impide el camino de la gratuidad, el respeto y la disponibilidad. Aprenderemos a afectarnos por quien nos invita a caminar con Él y como Él en una causa de justifica y amor: reconciliar a la humanidad con ella misma, con la creación entera y con Dios. Aparece muy lejos de los manuales de “autoayuda” donde toda la estrategia parece centrarse en el individuo, no en la comunidad, y en sus potencialidades limitadas por la sociedad en la que vive. La “autoayuda” trastoca el éxodo en ensimismamiento. Lejos del reconocimiento de los propios límites y la necesidad de las demás personas, la autoayuda invita a la propia plenitud sin los demás: no siempre una mente plena es ayuda.domingo, 9 de junio de 2019
Acción

La persona solo es… actuando (De Beauvoir, “Para qué la acción”, 1944). El consejo inspirado en la prudencia de Cineas, cuando el rey Pirro se propone la conquista de Italia, está enfrentado a la vocación humana que se construye al afirmarnos como seres que actúan. Nos hacemos al hacer. Pero la propia De Beauvoir aterriza su reflexión en el situacionismo: nuestra libertad trasciende, pero lo hace situada. Cristina Sánchez (“Del sexo al género”, 2016) nos presenta a De Beauvoir atada a la ambigüedad: nos pensamos como conciencias, pero conciencias en el mundo. El existencialismo nos lanza a la acción. Setenta años después, la acción se muestra como sentido único de sí misma. Estamos en un hacer por hacer. La disputa entre Pablo y Santiago, fe y obras, se repite al llegar al tercer milenio. Dada la velocidad de nuestro sinsentido, más que una acción que nos autoconstruye, parecemos necesitar una parada que nos abra a tanto don recibido.
martes, 21 de mayo de 2019
Entender, desear, elegir

El maestro de Loyola nos dejó el librito de los Ejercicios Espirituales. Kolvenbach, que fuera superior general de los jesuitas, indica que se buscan tres fines: iluminar nuestro entendimiento, inspirar nuestro deseo, provocar nuestra libertad (citado por Pablo Guerrero, “Convertirse es ser atraído”, 2019). Esta finalidad sólo es posible si se entiende atravesada de una esperanza contracultural: somos capaces de conocer, de orientar nuestros deseos, de elegir en libertad. Contracultural puesto que mucho de lo que vivimos confunde conocer con computar, desear con estar enganchado y libertad con apariencia. Han pasado cuatro siglos desde que Loyola viviera su experiencia, la plasmara en un librito y lo diera a sus compañeros. Nos podemos acercar a aquel texto como quien hace arqueología o filología, pero también cabe escuchar ese deseo de libertad, de encontrar un sentido a nuestras elecciones y búsquedas y emprender el camino. Se llama “ejercicios” porque es un “ejercitarse”. La experiencia está en la vida. Pero para estar en la cancha, en plena competición, necesitamos mucho entrenamiento.
lunes, 8 de octubre de 2018
Infierno
Nacemos y vivimos en un mundo dado y somos
diferentes a la piedra (resiste), al objeto (consiste), al animal (subsiste).
Sartre entiende que sólo el ser humano ex-siste: tiene conciencia de su ser
(Goñi, “Las narices…”, 2008. Satre permanece fiel a su libertad desfondada
(Sloterdijk, “Temperamentos…”, 2010).
Asegura que la ausencia de Dios nos hace libres: nadie ha trazado un
plan para nuestra vida. Imagina, eso sí, a ese Dios como un arquitecto en su
estudio o un artesano en su taller. La gracia y la libertad, equilibrio buscado
en otros pensamientos, se descompensa a favor de esta última y la persona, en
vez de creada en gracia (el mundo dado y nuestras cualidades) es arrojada al
mundo. La angustia emerge: en realidad, en nuestra conciencia hay un agujero
con forma de Dios. No lo pueden ocupar los otros que son, para Sartre, el
infierno.miércoles, 3 de octubre de 2018
Politeísmo
La pertenencia a una comunidad definida y completa trae dos resultados indeseables: la pérdida de la libertad individual y la configuración de las otras comunidades como enemigo real. La idea de estado democrático intercultural pretende preservar el deseo de pertenencia en un contexto de códigos reconocibles de pertenencia y, sin embargo, desactivar el poder determinante de esa pertenencia (Bauman, “En busca…” 1999). El éxito de esta empresa supone, a su vez , en nuestro mundo capitalista, un efecto alienante: dejamos las seguridades y nos situamos en el plano de las incertezas. Vamos deprisa, cambiamos de contexto identitario, todo contrato incorpora la clausula de recisión y, en muchas ocasiones, viene ya con un programa de obsolescencia programada. El Estado también acaba rendido, no puede ocupar el lugar de Dios. Resurge el politeísmo.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
El uso político de la religión
Jesucristo
Libertador es título de cierta cristología católica latina del último tercio del
s.XX. ¿Un proyecto político? De hecho, incorpora la “Teología política” europea
de Metz. Quizás, parte de la catolicidad nicaragüense entendió la revolución
sandinista como el triunfo del Reino de Dios frente a la injusticia. En el
Egipto del s. XIX, Occidente era ambivalente. Se reconocían como valores a
recuperar por el Islam la justicia, la separación política/religión, libertad
intelectual, pensamiento racional… Sin embargo, al-Afgani (1839-1897) observa a
un Occidente dispuesto a conquistar el mundo islámico. Por eso, propuso que el
Islam se uniera y usara la religión como defensa frente al imperialismo.
Armstrong (“Los orígenes…”, 1910) insiste: lo religioso da sentido, pero es
fundamentalismo cuando pretende plasmarse como una realidad de la razón y la
acción política.
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lunes, 10 de septiembre de 2018
El ordenador (computador) es estúpido
La
moderna publicidad provoca atmósferas donde respondemos a los estímulos y
creemos que conservamos la libertad. “La vileza y la infancia consisten en la
incapacidad de oponer resistencia al impulso”, señala Byung-Chul Han que cita
“El ocaso de los dioses” de Nietzsche. Por eso, la hiperactividad, la
multitarea, la capacidad de responder más rápido no es un signo de libertad:
nos hacemos así hiperpasivos: incapaces de decir no ante lo que es la moda, lo
que reclama la multitud, la autoexplotación o la corriente que fluye. De hecho, Byung-Chul observa que un ordenador
no tiene dudas, ni espacios de no, ni momentos de parada. Sin la parada, sin la
duda, sin el no, la creatividad no es posible: “A pesar de su enorme capacidad
de cálculo, el ordenador es estúpido porque le falta la capacidad de
vacilación”. Y hoy quizás lo imitamos.jueves, 6 de septiembre de 2018
Estelas en la mar
“Caminante, no hay camino, (...) sino estelas en la mar”, escribe Machado. Desde la sociología, Bauman, a
finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI parece empeñado en mostrar las
consecuencias prácticas de tanta fluidez marina y líquida. Nada permanece, todo
fluye y los estados se muestran incapaces de garantizar con sus muros los
embates de las olas neoliberales. El mandato de la libertad (de los
nuestros/as) se impone sobre el de la seguridad. Se despide a una vecina de un
pueblo de Canarias que trabaja en servicios sociales como consecuencia de la
crisis que produce un vecino de un pueblo desconocido de EE.UU. que no paga su
hipoteca. Todo fluye y soñamos que levantando fronteras, muros, vallas y
aumentando las cuantías del derecho penal nos dotamos de una seguridad perdida.
Salimos a la calle y nos manifestamos.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Malestar
Freud escribe (1930) “El
malestar en la cultura”. Entonces es la suya, la occidental. En 2010, Byung
Chul habla de “La sociedad del cansancio”. Ahora se trata de un modo
globalizado en el que la propia libertad es, no para ayudarse, sino para auto
explotarse. En perspectiva económica, Stiglitz publica, con el comienzo del
siglo (2002), “El malestar de la globalización”. Bauman cita a Freud para
explicar, en 1998, que nuestro malestar
tiene origen en la privatización de lo público, el modo en que hemos acertado a
garantizar nuestra libertad (pero no nuestra seguridad), en medio de un mundo
cada vez más global. Nuestra libertad, afirma, “desalienta la imaginación” y
nos hace impotentes ante los grandes problemas sociales. Privatizado todo, o
casi todo, solo saldremos a la calle para protestar por el pederasta de la
esquina.martes, 14 de agosto de 2018
La revolución americana
Los padres de la revolución americana son ilustrados.
Plasman en la declaración de independencia los ideales de las luces. Pero su
revolución cuenta con el movimiento cristiano del “Gran Despertar (1750)”: predica conversión y redención, rompe las
iglesias y da significado espiritual a la palabra “libertad”. Señala Armstrong
que las trasformaciones sociales necesitan, con frecuencia, un doble ethos: el
del progreso/razón y el de la mítica/espiritualidad. La lógica de la
guerra (la que establece la necesidad de
un estado propio en la lucha de intereses en juego) se alía con la lógica del
retorno a la fe y la instauración en la tierra del Reino de Dios. Pero siempre
que se proclama el Reino y se lucha por él, finalmente acontece la Institución; y deja, una vez más, el regusto del incumplimiento del segundo mandamiento: no
usarás el nombre de Dios en vano.
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miércoles, 20 de junio de 2018
Toca elegir
Toca elegir para ser. No basta la contemplación de la realidad finita y
cambiante, puesto que nos encierra en sus límites y reclama adecuación. De ese
modo acallamos la angustia y enmascaramos nuestra libertad en la soberbia:
respondemos a la amenaza de caducidad de nuestro modo de vida, de nuestra
imagen, de nuestra Institución. La mera contemplación de la realidad puede
escamotear la posibilidad y su trascendencia (Kierkegaard). Al ponernos junto a la angustia, entonces nos
abrimos a la posibilidad. Sin la
posibilidad, nos quedamos con herramientas de adecuación. Nos exigimos la
contemplación de la realidad, pero no como mera realidad sino como lo Otro /
Real en lo que vivimos, en lo que somos relación. Así, al elegir, somos
personas elegidas. Las personas, al abrirnos a lo posible, sencillamente somos,
porque somos a lo que somos llamadas.lunes, 18 de junio de 2018
Finitud y fe
Nuestro
sistema nos hace introyectar la autoexplotación como autoperfeccionamiento
(Byung-Chul). Creemos crecer cuando solo nos acomodamos al tamaño en el que el
modelo nos necesita. Si no nos adecuamos, se nos expulsa. En términos
temporales, quedamos obsoletos. Por eso, la cualidad más apreciada es la que permite romper el compromiso
(Bauman). Eso es libertad: la reactividad automática e inmanente frente a la
propia caducidad. Kierkegaard apunta a la posibilidad. Mira hacia adelante con
sobrecogimiento. Evita el regateo siempre posible ante lo real cambiante y
finito. Propone un aprendizaje, una educación, desde la posibilidad trascedente
y la angustia de estar ante lo innegociable. La posibilidad y su angustia no
son la consecuencia de la finitud (caducidad) sino de la trascendencia. La
respuesta no es el acomodamiento en la finitud, sino la fe.lunes, 11 de junio de 2018
Elegir bien
Al elegir, nos hacemos. Sin elegir, no somos. Es la ética, dice
Kierkegaard. Su “metaética” es el paso de la dogmática (pecado no
conceptualizable) a la psicología (concepto de angustia). Sartre, descreído de
la dogmática, vive la náusea: vómito de la condena a la libertad sin suelo.
Camus es sartriano en el relato caluroso y luminoso de “El extranjero”; pero imagina
a Sísifo sonriente mientras baja a por la piedra que ha de volver al inicio
tras el triunfo aparente. “La caída”, descrita entre bruma y penumbra, desdice
al santo laico para retornar a la fuente danesa: la risa helada que denuncia el
arraigo del pecado. “Todos somos culpables”, subraya. Hay en Kierkegaard la
esperanza de que podemos elegir bien pues me identifica, porque es
una aceptación de mi propia personalidad. “La grandeza radica en el hecho de
ser uno mismo”, sostiene.
miércoles, 30 de mayo de 2018
A navegar sin papá
Cae el modo sólido de autoridad patriarcal y navegamos eligiendo en la
vida líquida (Bauman). A la intemperie desde un impulso narcisista: toda
relación se vive como, a la vez, fuente de gozo y de amenaza. Quien fuma a mi
lado es una amenaza de cáncer de pulmón (Žižeck). Sin modelo duro de autoridad estoy obligado a ser feliz, puesto
que ya ningún "padre" me lo impide. En nuestra libertad postmoderna y líquida
asumimos el mandato narcisista e imposible: navegar bien y navegar feliz
(felicidad líquida, fluida, sin lealtades ni otras obligaciones).
Interiorizamos al Gran Hermano. No es necesario que nos exploten. Ya nos
encargamos nosotros mismos de hacerlo: pulidos, lisos, funcionales, (Byung-Chul
Han). Máquina de consumo y autoconsumo. Sin brújula: reaccionando a las aguas
que fluyen, con el enmascaramiento de que somos libres.
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martes, 3 de abril de 2018
La privatización de los sueños
La utopía de una sociedad mejor por la que luchar deja paso en el tiempo presente a la utopía personal de progreso. Se trata de la privatización de los sueños. No aspira a cambiar las condiciones humanas, sino al éxito personal o, a lo más, al del propio grupo, en el mundo desigual. Entre las causas de esta mutación está el fracaso de los estados nación en su gestión de la globalización. El estado protector no protege. Se rinde ante el poder real y entrega la política a la empresa que la disuelve o, en todo caso, la reduce al espacio local. Con el tiempo, comprobamos que la libertad y la competencia suponen para una gran mayoría el fracaso de las mejoras personales. Bauman señala que todo esto produce, finalmente, la emergencia de las retrotopías. Se nos cuela el deseo de recuperar un pasado adornado por virtudes añadidas por la nostalgia.martes, 23 de enero de 2018
El asesinato Prince Jones
El asesinato de Prince Jones corretea por las páginas de “Entre el mundo
y yo” (Ta-Nehisi Coates, 2015). Es el segundo libro de un joven
afronorteamericano que centra su trabajo periodista en el desencuentro racial.
El optimismo leería la actual situación racial como mejora respecto a lo vivido
en el pasado (Vg.: “La cabaña del tío Tom”, H.B. Stowe, 1.852) y apuntaría
convencido a un futuro todavía mejor. La esperanza leería las víctimas
olvidadas y las luchas fracasadas del pasado como origen de una libertad
precaria, no definitiva, no suficiente que exige mantener el compromiso. Coates
escribe a su hijo con el objetivo de que “seas un ciudadano consciente de este
mundo terrible y hermoso”. La madre de Jones, asesinado sin miramientos por un
policía que fue declarado inocente, lo dice con claridad: “Lo que lamento es
que esté muerto”.lunes, 8 de enero de 2018
Escuela de libertad
La cuestión
de la libertad atraviesa la historia del filosofar. En el medievo se habla “de
libero arbitrio”. T. Aquino lo defiende. Con la llegada del Renacimiento,
Erasmo lo ignora. Nuestra libertad sería simple montura para el buen o el mal
espíritu que luchan por el puesto). Es el mensaje de Lutero: el “solo gracia”
excluye la libertad. Loyola, que observa los movimientos del buen y el mal
espíritu, apunta que el saber usar de la propia libertad “salva el ánima”. De
ahí la importancia de “no venir en soberbia”. En los 90 la foto del Voyager
presenta un punto azul pálido (Sagan) y muestra la pequeñez de lo humano. Hace
también evidente el empeño de una cadena histórica de almas capaces de poner
una máquina fotográfica a millones de kilómetros de casa. Este aspecto de
Loyola, su escuela de libertad, hace del renacentista un líder para hoy
(Albistur).lunes, 11 de diciembre de 2017
Física social
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| En Cáceres |
Parece que buena parte de lo que
sucede en la vida nos pasa. Tienen una dosis de gratuidad que no obedece a
nuestro esfuerzo personal. La teología lo advierte y lo señala como don, como
gracia. Quizás una posición estructuralista lo perciba como rígido fatalismo,
como necesidad. Pero también en lo social acontece la sorpresa. En ese sentido,
una mirada objetivista pudiera “deslizarse del modelo a la realidad” (Wacquant
y Bourdieu, “Una invitación a la sociología reflexiva”, 1992). ¿Por qué nos sorprenden los hechos si son
pura necesidad? Quizás porque a todo el rigor de las estructuras debe sumarse,
con humildad pero realidad, la presencia de los seres humanos que dan
significado a los hechos que tienen lugar en el mundo. Sería insuficiente un
mirada que analice al modo de física social, por más que sea potente.
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