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miércoles, 19 de junio de 2019

Diversidad y asombro

Nuestras vidas están llenas de diversidad. Como anuncian los clásicos, la filosofía comienza con el asombro. La diversidad provoca asombro, perplejidad, desconcierto. Diferencias culturales, psicológicas, biológicas, étnicas… que se concretan en la vida cotidiana en modos de pensar diversos, diferentes maneras de entender la vida, la misión, la tarea. Las diferentes posiciones políticas reflejan una sociedad que se siente mucho más diversa de lo que las instituciones, normalmente, pueden encausar. Diferencia en los intereses y en los gustos. En ocasiones, esto provoca un efecto comunitarista: el retorno a los míos, a sus valores de siempre, a los lugares sagrados e intocables. La diversidad -que seguirá presente incluso en los contextos más uniformados- puede provocar ruptura, división, alejamiento. En términos morales, egoísmo. En términos teológicos, pecado. Pero esa misma diversidad, integrada (más allá de Babel) es ocasión para el asombro, la admiración, la filosofía.

martes, 23 de octubre de 2018

La utilidad de la ciencia

Feyerabend elabora un pensar sobre la ciencia como contra-inducción. No se da nada por supuesto y se formulan hipótesis inverosímiles para promover búsquedas que no se harían desde las explicaciones más racionales. En 2006, Dyson publica “El científico rebelde”: la ciencia avanza por rebelión, no por evolución. Se rebela, en ocasiones, contra el estatus social. En otras ocasiones, contra el estamento científico. La rebelión contra el estatus social no abandona la responsabilidad o la ética. Sin la ética, la ciencia ni da de sí todo lo que puede dar (respuestas buenas a problemas humanos) ni se frena ante las tecnologías de la muerte.  Cita a Hardy: “Se dice que una ciencia es útil si su desarrollo tiende a acentuar las desigualdades existentes en la distribución de la riqueza o si promueve una forma más directa la destrucción de la vida humana”. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Ciencia y guerra

En 1939, Hitler invade Polonia. La lógica guerrera pone a los científicos en cada bando. Se pierde la oportunidad de un consenso de límites éticos de la investigación nuclear (Dyson, “El científico…”, 2006). Unos meses antes, al descubrir la fisión, en Washington los físicos discuten sobre la gloria del podio. Contrapone Dyson a la ciencia biológica que, en 1975, tras el descubrimiento del ADN, organiza la conferencia de Asilomar que propone las normas éticas que imperan en la investigación. No pasa en 1939 con Heissemberg y Openheimer. En Los Álamos se da una carrera contra la física alemana que continúa incluso con Alemania derrotada. Sólo Roblat (Varsovia, 1908 / Londres, 2005) abandona el proyecto y en 1995 recibe el Nobel de la Paz. Pero el mundo tiene Hiroshima, Nagazaki y tantas ojivas nucleares como para borrar la vida de la faz de la Tierra.

lunes, 25 de junio de 2018

Acción comunicativa

Para Habermas, la razón estratégica invade el mundo de la vida (Goñi, “Las narices de los filósofos”, 2008). El sistema cosifica a las personas y deteriora su comunicación, que solo es si es voluntad de darse a entender.  La razón es razón comunicativa y, para Habermas, su potencia se da al generar esa red que trasciende mi propia percepción hacia la intersubjetividad. Se aleja del pensamiento débil que culpa a la razón del mal del siglo. Tampoco sonríe a los neopositivistas que reducen el conocimiento al interés técnico. Apuesta, como lo hace Apel, por una ética de consensos –del lenguaje, de la comunicación-, con contenidos minimalistas: los derechos humanos. No hay ingenuidad en Habermas, sabe bien que la razón se extravía y que la lengua miente. Añoro, sin embargo, lo que es de suyo aunque necesitemos palabras para expresar lo que da de sí.

lunes, 11 de junio de 2018

Elegir bien

Al elegir, nos hacemos. Sin elegir, no somos. Es la ética, dice Kierkegaard. Su “metaética” es el paso de la dogmática (pecado no conceptualizable) a la psicología (concepto de angustia). Sartre, descreído de la dogmática, vive la náusea: vómito de la condena a la libertad sin suelo. Camus es sartriano en el relato caluroso y luminoso de “El extranjero”; pero imagina a Sísifo sonriente mientras baja a por la piedra que ha de volver al inicio tras el triunfo aparente. “La caída”, descrita entre bruma y penumbra, desdice al santo laico para retornar a la fuente danesa: la risa helada que denuncia el arraigo del pecado. “Todos somos culpables”, subraya. Hay en Kierkegaard la esperanza de que podemos elegir bien pues me identifica, porque es una aceptación de mi propia personalidad. “La grandeza radica en el hecho de ser uno mismo”, sostiene.

martes, 15 de mayo de 2018

Naturaleza humana


En sus clases de ética, A. Hortal SJ afirma (1986) que en lo humano, se entiende por naturaleza lo que, cuando lo sacas por la puerta, entra por la ventana. Batler (“El género en disputa”, 1990) dice que las peculiaridades de género son atribuciones culturales y que no dependen de la diferencia natural que se da entre los sexos.  Habermas, en “Post Scriptum” (2001) escribe: “He adquirido una consciencia aún mayor de los abismos filosóficos que se abren al discutir los fundamentos naturales de la autocomprensión de personas que actúan responsablemente”. Habla sobre las prácticas de intervención genética. En 2003, Pinker publica “La tabla rasa” para señalar que “…la negación de la naturaleza humana… ha perjudicado la vida de las personas corrientes”. Si hay naturaleza humana, no se disuelve como rostro sobre arena.

jueves, 29 de marzo de 2018

Deconstrucción y otro

Derrida habla de deconstrucción. Usa el concepto de “signo” de los estructuralismos (el sentido emerge de las diferencias y del lugar en la estructura) para analizar textos e instituciones. Deconstruir es mostrar la risible pretensión de atribuir suelo metafísico a nuestras construcciones antropológicas. De este modo, denuncia el logocentrismo y afirma la importancia “de lo otro que irrumpe, del otro que escribe en mí. (…). La justicia –dirá- consiste en aprender a vivir con el otro” (Morey, “Foucault y Derrida”, 2015).  Lo otro aparece para cuestionar el concepto de “verdad” como la presencia en el presente. Más bien apunta a los espacios vacíos, que siguen significando sin presencias de lo propio. El vacío es la presencia del otro, de lo otro. La ética se orienta por la presencia del otro, que siempre es diferida, inaprensible. Ese es el respeto y el servicio.

martes, 20 de marzo de 2018

Biotecnología


Señala Beorlegi, profesor en Deusto, que si hasta ahora la evolución de las especies ha sido encargo natural, en adelante cabe una evolución inducida por el ser humano (“El futuro del ser humano”, Razón y Fe, enero 2018). Las “antropotecnias” permiten ya realizar la distopía que Huxley ve en “Un mundo feliz” (1932). Los avances sirven ya para fines terapéuticos que son difícilmente discutibles desde la ética. También se investiga en líneas como la clonación humana, la potenciación intelectual e, incluso, el alargamiento indefinido de la vida, actuaciones que parecen ir más allá de lo que biológicamente hemos entendido como humano. Es evidente que la reflexión ética y política está inmadura. También queda la sospecha de la incapacidad ética para orientar los procesos científicos. No en vano arrastramos la memoria de Galileo y Hiroshima.

martes, 13 de marzo de 2018

Homo homini lupus


La historia está llena de atentados contra las personas. “Homo homini lupus”, clama la ilustración. Levinas apunta que el pensar del ser nos lleva a poner la utilidad en el centro de las relaciones entre las personas. La ontología determina la ética y aquella es sólo el fruto de la racionalidad occidental. Hitler y Stalin son dos ejemplos de aplicación de la racionalidad occidental, son dos buenos ejemplos de una ética nacida de la metafísica. Levinas proclama: “Toda civilización que acepta el ser –con la trágica desesperación que contiene y los crímenes que justifica- merece el nombre de bárbara”. La única salida es una metaética que coloque la responsabilidad con el prójimo y con el prójimo del prójimo como base para cualquier teoría de la justicia. Primero está esa responsabilidad. Ese es el origen del pensar. Lo otro nos lleva al uso de las personas para nuestra utilidad.

domingo, 25 de febrero de 2018

El prójimo y la fenomenología

Confiesa Levinas que la fenomenología de Husserl le da camino para su propia filosofía. Pero se distancia: primero, porque Husserl es intelectualista; segundo, porque el sujeto de la fenomenología tiende al solipsismo. Seguimos a Joan Solé en su lectura de Levinas (2016): Heidegger se ocupa también del significado que la conciencia humana produce al acercarse con intencionalidad al mundo, pero responde al intelectualismo solipsista de Husserl con la afirmación de “un sujeto enclavado en la existencia concreta”.  Levinas no se conforma. Cree que todavía Heidegger supedita a un determinado “ser” abstracto el concreto ser-ahí que existe. Levinas introduce el encuentro con el prójimo en la fenomenología. Las emociones de ese encuentro son la base para la ética, que será irreductible para el concepto. Las personas no son un concepto.

viernes, 23 de febrero de 2018

Lectura ardua


Para Levinas ética es filosofía primera. Es novedad en la historia del pensamiento occidental. Por eso, ni los términos ni las normas de redacción usados hasta ahora pueden servir para formular algo tan diverso. Así, lectura y comprensión es ardua: cambia el significado de palabras que nos son familiares y redacta a modo de oleadas que parecen repetirse sobre la misma playa. La filosofía anglosajona, sostenida en el rigor y el análisis del lenguaje, no lo estima como filósofo; quizás, pensador religioso o literato. Otros pensadores (Husserl, Bergson, Heidegger, Kant, Hegel) son también de difícil lectura y comprensión. Sin embargo, todos ellos se mantienen en el ámbito de la tradición occidental de conceptos que dan cuenta de la realidad. Levinas afirma que eso es violencia. Cambia la pregunta. Cambia el lenguaje. ¿Prescinde de ser entendido?

martes, 13 de febrero de 2018

Pluralismo y multiculturalismo

Con Rawls descubrimos el esfuerzo por fundar la justicia (ética) desde la formalidad. Así, el paso a la política establece lo justo como idéntico a correcto. El comunitarismo (McIntyre, Taylor) señala que no es posible lo correcto sin una definición previa del valor de lo bueno. G. Sartori (“La sociedad multiétnica”, 2000) arremete contra la multiculturalidad a la que aboca el comunitarismo. Muchas comunidades permiten una sociedad plural, pero no una sociedad pluralista. El pluralismo tolera e incluso aprecia la diversidad, pero no cualquier diversidad. En realidad, la crítica de Sartori al multiculturalismo lo muestra como un multi-monoculturalismo: muchas comunidades, pero cada una homogénea, sin pluralidad en su interior y sin pluralismo como valor. La convivencia cultural exige valores comunes. El pluralismo es un valor necesario, no relativo.

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jueves, 11 de enero de 2018

Voluntad de sentido

En 1942, Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra, en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”: “No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”. Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso. Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de sentido.

miércoles, 10 de enero de 2018

La pregunta

Queremos comprender nuestra frecuente incapacidad para entendernos. El libro “Para hablar de la sociedad”, (Howard Becker, 2007) nos muestra las dos preguntas que nos hacemos ante los modelos con los que leemos la realidad: ¿qué pasó? ¿por qué pasó? Para las cuestiones morales que se abren con la segunda pregunta, nuestras respuestas son siempre interpretativas. Pero también es interpretativa la selección de datos y la conversión en enunciado del mero hecho.  ¿Significa eso que es imposible conocer la verdad? Así se posiciona la postmodernidad. Pero antes de determinar si es o no posible el acceso a la verdad, quedan muchas cuestiones intermedias: ¿quién selecciona los hechos? ¿Con qué formación cuenta quien lee el enunciado? Lo cierto es que no damos la misma respuesta porque ni siquiera nos hacemos la misma pregunta.