Tras la crisis del 29, E. Mounier funda “Sprit” y promueve la
corriente personalista. ¿Es la persona conceptualmente suficiente para montar
una tradición filosófica? Paul Ricouer defiende que con Mounier murió el
personalismo como tradición filosófica. Cree que su legado está en la
incorporación de cierto ambiente filosófico personalista a las tradiciones
políticas, culturales y religiosas de la segunda mitad del siglo XX. Sin
embargo, el poderío de otras cuatro grandes corrientes (marxismo,
existencialismo, estructuralismo y neopositivismo) habrían demostrado cierta
debilidad conceptual del personalismo, diluido en la cultura, pero sin discurso
académico potente. Piensa Goñi (“Las narices de los filósofos”, 2009) que el
personalismo, sin ser un sistema, queda como una filosofía con muchas
variantes: Marcel, Levinas, Stein, Zubiri, Díaz…
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domingo, 22 de julio de 2018
La escuela personalista
Tras la crisis del 29, E. Mounier funda “Sprit” y promueve la
corriente personalista. ¿Es la persona conceptualmente suficiente para montar
una tradición filosófica? Paul Ricouer defiende que con Mounier murió el
personalismo como tradición filosófica. Cree que su legado está en la
incorporación de cierto ambiente filosófico personalista a las tradiciones
políticas, culturales y religiosas de la segunda mitad del siglo XX. Sin
embargo, el poderío de otras cuatro grandes corrientes (marxismo,
existencialismo, estructuralismo y neopositivismo) habrían demostrado cierta
debilidad conceptual del personalismo, diluido en la cultura, pero sin discurso
académico potente. Piensa Goñi (“Las narices de los filósofos”, 2009) que el
personalismo, sin ser un sistema, queda como una filosofía con muchas
variantes: Marcel, Levinas, Stein, Zubiri, Díaz…
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jueves, 28 de junio de 2018
Persona, individuo, consumidor, sujeto
Buena
parte de la crítica a la propuesta de la modernidad se centra en que da la
primacía al ser humano y a este como sujeto: el “cogito” cartesiano hace
depender el acceso a la realidad de la propia subjetividad. Desde la subjetividad
a las ideas y desde las ideas al idealismo. La reacción positivista y
neopositivista coloca en el centro las cosas, su medida y su formulación. Marx
mete la idea en la historia: la historia se despliega en crisis sucesivas hacia
un modelo ideal de sociedad, de humanidad. El liberalismo (neoliberalismo) deja
indefensa a la persona más débil quizás porque es sólo consumidor/a. Mounier,
que ve el desplome de la codicia posesiva en el 29, será testigo de los campos
de exterminio y de la guerra supremacista. Insiste: solo si consideramos a la
persona y le damos primacía, evitaremos tanto dolor.
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miércoles, 27 de junio de 2018
El primado de la persona y la crisis
Frente a la filosofía de las cosas (neopositivismo) y la filosofía de
las ideas (idealismo y su derivación lingüística), E. Mounier propone el
personalismo. Se dedica a hacer filosofía tras la crisis del año 29: “…el crac
del 29 le hizo pensar que la crisis económica que estaba sufriendo Occidente
enmascaraba una crisis espiritual y se puso manos a la obra” (Goñi, “Las
narices de los filósofos”, 2008). Quiere
mantener el primado de la persona porque si somos solo individuos o
consumidores o elementos de una organización social, política o económica,
somos prescindibles y nuestra dignidad queda por detrás. La crisis de 2008, que
se prolonga hasta la actualidad, también es una crisis espiritual. Nuestra
primera reacción fue afirmar: más sociedad, más formación. Sin embargo, nuestra
respuesta es desregular la protección y levantar barreras.
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lunes, 25 de junio de 2018
Acción comunicativa
Para Habermas, la razón estratégica invade el mundo de la vida (Goñi,
“Las narices de los filósofos”, 2008). El sistema cosifica a las personas y
deteriora su comunicación, que solo es si es voluntad de darse a entender. La razón es razón comunicativa y, para
Habermas, su potencia se da al generar esa red que trasciende mi propia
percepción hacia la intersubjetividad. Se aleja del pensamiento débil que culpa
a la razón del mal del siglo. Tampoco sonríe a los neopositivistas que reducen
el conocimiento al interés técnico. Apuesta, como lo hace Apel, por una ética
de consensos –del lenguaje, de la comunicación-, con contenidos minimalistas:
los derechos humanos. No hay ingenuidad en Habermas, sabe bien que la razón se
extravía y que la lengua miente. Añoro, sin embargo, lo que es de suyo aunque
necesitemos palabras para expresar lo que da de sí.
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