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lunes, 29 de octubre de 2018

La fuerza del periodismo

Observa Fazio (“Terrorismo mediático”) que el periodismo del s. XXI muestra la guerra sin mediación. La CNN nos pone desde el salón y con una cerveza ante el misil que estalla y dispersa los cadáveres… y el relato. La violencia de la guerra es espectáculo. Con el lenguaje del videojuego, la realidad se gamifica. La vida social, convertida en imágenes pulidas y brillantes, pervive mientras brilla. Todo se acelera. Viene y va, pero no viene de lugar alguno ni a sitio alguno lleva. Sólo brilla. A ese brillo, medido en audiencias o reproducciones, ¿se puede denominar periodismo? Ni brillo ni ruido son neutros: el valor de sus argumentos queda determinado por la viralidad. A esa suma de destellos y clamores denomina Byung-Chul Han el “enjambre”. Entre las abejas, sin embargo, se produce la miel. Cabe, por tanto, preguntarse si la fuerza del periodismo está en la miel.

domingo, 12 de agosto de 2018

Renacimiento y wahhabismo

En buena medida, se puede decir que el Renacimiento nace del “retorno a las fuentes”, y es por eso que tiene todo el sentido el nombre de la nueva época: se trata de renacer, de hacer nacer lo que antes ya había estado. Armstrong nos muestra que entre 1703 y 1792 vive, en Arabia, Muhammad Ibn Abd al-Wahhab, que rechaza todas las enseñanzas medievales y propone un retorno a las fuentes: quiere crear una comunidad que engancha directamente con la experiencia fundante del Islam en el siglo VII. Además, para imponerlo, se opone a los sultanes otomanos que gobiernan con la Sharía desde Constantinopla. También recurre a la violencia con el pueblo con métodos agresivos y discriminatorios. ¿Qué hace del retorno a las fuentes de los renacentistas un progreso y el de los wahhabistas una premonición de todos los fundamentalismos?

domingo, 27 de mayo de 2018

La violencia


La actual tolerancia liberal convive con la violencia fanática incomprensible para quienes la sufren (Žižeck, “En defensa de la intolerancia”, 1998). Es el skinhead contra el inmigrante porque amenaza la propia identidad. En la sociedad de la tolerancia, la explicación psicologisa al sujeto: especialistas establecen el origen de esa violencia en la frustración personal del sujeto violento o en sus desequilibrios psíquicos. Todo lo más, pueden aceptar el origen en una influencia negativa (fanatización). De uno u otro modo, evitan la referencia al modelo puramente político, el de un sistema que expulsa o descarta (Francisco) a una parte de la población que es aplacada con la aceptación de la diversidad y la prestación de determinados servicios. La hipertolerancia sólo se quiebra con la violencia irracional: es la única senda que ven los que no son para llegar a ser.

jueves, 8 de marzo de 2018

Afrontar la muerte

Quizá por un tiempo, Heidegger cree que la muerte nos afirma. Es que se trata de “mi” muerte. Más adelante, sospecha de la pura negatividad de la muerte. Byung-Chul señala que el morir puede ponernos en alerta ante lo absolutamente ajeno. Hace una grieta en un mundo de diversidad tolerada que nos iguala; la muerte confronta con lo no igual. Dos respuestas se turnan: la del terrorismo que ama la muerte como respuesta a la violencia de lo igual; y la de la cultura que quita voz a la muerte. Loyola no ama, ni rechaza, ni explica la muerte. La afronta. Permite ver y elegir en la vida desde lo absolutamente otro, sin escabullirlo de lo real. No vivimos para morir, pero el morir es propio del vivir. Si silenciamos la muerte, si el enjambre oculta su voz, entonces el vivir será víctima del imperio del todo igual, del nada distinto, del sólo lo ancho, lo largo, lo profundo.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Enemigo

Dice el profesor García-Baró que la filosofía es necesaria para la vida. Dice que no habla de la via catalana porque lo escrito está condenado a no ser entendido: solo lo hablado en ambiente de acogida añade en positivo (Entrevista en ECCA). Hay una violencia, física o ambiental, que parece proceder de una fuente imaginaria. Nos devuelve a Byung-Chul: “La idiosincrasia de un pueblo pone a disposición una identidad. Al mismo tiempo inventa un enemigo” (“La expulsión de lo distinto”, 2016).  Así, la creación del enemigo proporciona un refuerzo a la propia identidad. Cita Byung-Chul a C. Schmitt: “El enemigo es nuestra propia pregunta como figura. Por este motivo tengo que confrontarme con él cambatiendo”. García-Baró señala: quizás la vocación política está poco disponible. Cuando nuestros políticos lo dejan, nuestros problemas nos enfrentan.

martes, 6 de marzo de 2018

La violencia y lo igual

Ante la violencia de lo igual, surge el terrorismo. Sin entrar en sus motivaciones explícitas (políticas, religiosas), el terrorismo es la contrafuerza destructiva ante “el poder de lo global que todo lo nivela reduciéndolo a lo igual” (Byung-Chul). Ante la pretensión de finalizar la historia (Fukuyama) con la propagación implacable de lo igual con su violencia muchas veces invisible (la democracia liberal y el libre mercado), la muerte aparece como lo único que no se somete a lo igual, al modelo productivo de nuestro neoliberalismo. La muerte finaliza la producción. “La glorificación de la muerte por parte de los terroristas y esa actual histeria con la salud que trata de prolongar la vida como mera vida a cualquier precio se suscitan mutuamente” (Byung-Chul). La negación de lo Otro se niega en la aparición de la Muerte. ¿Qué emoticono es apropiado?

domingo, 21 de enero de 2018

Cuestión de Temperamento


Insiste Eagleton en que optimismo no es amigo de la esperanza (“Esperanza sin optimismo”, 2015).  Karl Marx no era optimista y, sin embargo, creía que el mundo acabaría por mejorar –en su visión, la mejora es la sociedad comunista, fruto de la lucha y la revolución del proletariado-. El Cristo de los Evangelios canónicos no es optimista, su visión del Reino de Dios convive con los dolores de parto del mundo (visión paulina), donde la violencia y la cruz forman parte del camino. El optimismo social sirve para generar estabilidad política y aumentar el consumo. Por eso, Fukujama, que sí es optimista: entiende que la historia por venir es sólo una ampliación nada novedosa de lo ya conseguido con la caída del muro de Berlín: la expansión tranquila de la democracia y la economía de mercado. “Es cuestión de temperamento, no de realidad”, concluye Eagleton.