Saint-Simon publica “El nuevo cristianismo” y nace el socialismo
romántico. Todavía no se habla de socialismo científico. El feminismo navega en
esos tiempos de la mano de las propuestas no conservadoras. Lucretia Coffin Mot
(“Las filósofas”, 1999), cuáquera, lidera las luchas contra la esclavitud, el
derecho al voto de las mujeres y la paz. Va de la mano de las sufragistas.
Mientras tanto, en la Francia de los 30, el hombre se va a la fábrica, el proletariado crece y disuelve la familia.
Flora Tristán se aleja de los socialistas románticos y quiere mirar la realidad
desde las víctimas. Dos siglos después, el socialismo político mira desde la
burguesía progresista como modo de acceso a mayorías de gobierno. El feminismo
oscila entre lo cultural educativo (normas que apuntalan sus valores) y el
liberalismo (ausencia de regulaciones sobre género). Es difícil mirar desde las
víctimas.
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miércoles, 17 de abril de 2019
jueves, 15 de noviembre de 2018
La persona modular y la patria
La vida
de cada persona es una vida modular (Bauman, “En busca de la política”, 1999).
De ese modo navegamos con eficiencia en un mundo de agrupaciones débiles. Nos
unimos y nos separamos “ad hoc”. La propia familia deja de ser un lugar de
pertenencia para convertirse, paulatinamente, en espacio fluido para entrar y
salir. Se acabaron las coerciones que nos mantenían unidos por un poder de
control internalizado o puramente externo. Asegura Bauman que se trata del
“producto más notable de la sociedad moderna”. Sin embargo, todos estos
atributos tienen una contrapartida: nunca nos sentimos en casa y siempre se nos
somete a una triple condena: “la incertidumbre, la inseguridad y la
desprotección”. No es extraño que la promesa de una patria o una tribu con
significado esté en la raíz de todo fundamentalismo.miércoles, 16 de mayo de 2018
Tabla rasa y neurología
Si se impone la teoría de la tabla rasa, la que asegura que no hay
naturaleza humana, las dictaduras de todos los tiempos tendrán excusa para sus
propuestas de ingeniería social y las familias cargarán a sus hijos e hijas con
programas educativos uniformes, porque nada hay que los diferencie en el punto
de partida (Pinker, Tabla rasa, 2003). Llama la atención, sin embargo, la
radicalidad de quienes –en aparente contradicción con la teoría dominante
(tabla rasa) hoy consideran que todo es neurología y entienden como puramente
determinadas por nuestro cerebro las capacidades del aprendizaje humano y
presentan como inútiles para generar cambios esenciales la actuación educativa
que se oponga a lo ahí prefijado. El cerebro no sería una pura plasticidad
sobre la que escribir, sino que determinaría lo escribible. ¿Y entre los dos
extremos?viernes, 8 de diciembre de 2017
El mito de la educación
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