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jueves, 15 de noviembre de 2018

La persona modular y la patria

La vida de cada persona es una vida modular (Bauman, “En busca de la política”, 1999). De ese modo navegamos con eficiencia en un mundo de agrupaciones débiles. Nos unimos y nos separamos “ad hoc”. La propia familia deja de ser un lugar de pertenencia para convertirse, paulatinamente, en espacio fluido para entrar y salir. Se acabaron las coerciones que nos mantenían unidos por un poder de control internalizado o puramente externo. Asegura Bauman que se trata del “producto más notable de la sociedad moderna”. Sin embargo, todos estos atributos tienen una contrapartida: nunca nos sentimos en casa y siempre se nos somete a una triple condena: “la incertidumbre, la inseguridad y la desprotección”. No es extraño que la promesa de una patria o una tribu con significado esté en la raíz de todo fundamentalismo.

domingo, 8 de julio de 2018

Nacionalismos poéticos


Asegura Žižeck que “vivimos una era que se cree postideológica”. Esa convicción da alas a los nacionalismos poéticos. Poético porque muchos escritores de versos lo alientan y justifican. Si no hay ideología se impone el corazón (otra ideología) y la poesía. “El que no tenga pan será alimentado por la luz de mi sol”, proclama el carnicero Karadzick y concluye: “Gente, no hay nada prohibido en mi fe”. El coro de poetas y poetizas de las patrias nos hace soñar con el paraíso donde las cosas las decidan los nuestros y sirvan para reforzar nuestras cosas. Las nuestras, no las de todas y todos. Pero se ofrecen universalmente a condición de que se hagan de los nuestros. Muchas veces el amor (palabra grande) se invoca en esta poesía: del amor al pueblo (nuestro) al amor al caudillo (nuestro)… y al final, la matanza o la asimilación.

martes, 29 de mayo de 2018

Autocolonialismo

Ve Sartori el multiculturalismo como un proyecto: gestión social para acentuar las diferencias (“La sociedad multiétnica”, 2000). Dos años antes, Žižeck explica el multiculturalismo como forma del capitalismo global. Autocolonialismo. Las empresas no tienen patria y tratan a la ciudadanía de origen con la misma condescendencia de los colonizadores: conocer, tolerar y usar las costumbres y tradiciones de aquellas personas a las que explotan como consumidor o productor. El multiculturalismo acentúa las diferencias y la batalla política del cambio social se sustituye por la postpolítica: la aceptabilidad de las propias diferencias. Sartori pide más pluralismo frente a la comunidad homogénea. Žižeck quiere el momento político: la lucha por el poder frente a una  tolerancia que deja a cada cual en su sitio. Incluso a las personas a las que da el sitio de las sin sitio.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

La construcción de la historia

En 1993, el profesor Hobsbawn, invitado por la Universidad Centroeuropea de Budapest a proponer la lección inaugural, habla del deber de quien estudia la historia. Por entonces, cuando Fukuyama anuncia la llegada del cielo: (todo sería democracia participativa y economía de mercado), Hobsbawn apuntaba que “…los habitantes del centro y del este de Europa continuarán viviendo en unos países descontentos con su pasado, probablemente bastante desilusionados de su presente y llenos de dudas respecto a su futuro”. En esa situación no es raro que alguien lidere el señalamiento de culpables. Se acentúan los mitos nacionales y se fortalece una identidad que expulsa a los indeseables, a los otros. Pero nunca el pasado responde perfectamente al deseo de los proyectos nacionales identitarios. Sin embargo, la historia se puede construir.