La idea
de que el mundo es un cosmos (orden) y no un caos se la debemos a la cultura
helena y a cierta tradición bíblica (al principio era un caos, pero el espíritu
aleteaba sobre las aguas). Grecia tiene a Dionisos, que no solo apunta hacia el
gozo y el éxtasis, sino que también mira a la contradicción y el desorden.
Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de
toda metafísica y del idealismo alemán. La verdad es que somos nada, indica
haciendo suya la conclusión de la tragedia griega (somos la hierba que pasó,
dirá el salmista). Levi-Strauss se vive como inventariador de instituciones
contingentes que están por desaparecer. No quedará siquiera el sujeto de su
memoria, ni arqueología que lo rescate.
El mundo conmienza sin humanidad, sin ella acabará. Nietzsche establece
ahí el punto. Ni borrachos podemos aceptar la verdad.
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miércoles, 3 de abril de 2019
Dionisos
La idea
de que el mundo es un cosmos (orden) y no un caos se la debemos a la cultura
helena y a cierta tradición bíblica (al principio era un caos, pero el espíritu
aleteaba sobre las aguas). Grecia tiene a Dionisos, que no solo apunta hacia el
gozo y el éxtasis, sino que también mira a la contradicción y el desorden.
Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de
toda metafísica y del idealismo alemán. La verdad es que somos nada, indica
haciendo suya la conclusión de la tragedia griega (somos la hierba que pasó,
dirá el salmista). Levi-Strauss se vive como inventariador de instituciones
contingentes que están por desaparecer. No quedará siquiera el sujeto de su
memoria, ni arqueología que lo rescate.
El mundo conmienza sin humanidad, sin ella acabará. Nietzsche establece
ahí el punto. Ni borrachos podemos aceptar la verdad.
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lunes, 27 de agosto de 2018
Sociedades hacia el futuro
Armstrong
ve la raíz del fundamentalismo islámico en la modernidad de sus imperios
(otomano, persa y mongol): “Los tres eran instituciones prematuramente
modernas, gobernadas de manera sistemática y con precisión burocrática y racional”.
Sin embargo, se quedaron en un espíritu conservador (del que también los
estados europeos de la modernidad son su última expresión) y no culminaron su
superación. Pero aquel espíritu fue insuficiente ante los cambios que se
produjeron con la industrialización y que orientó a las sociedades hacia el
futuro: de la sociedad comercial que se basaba en los excedentes artesanales y
agrícolas, se pasó a una industria que ha ido incluyendo la evolución cada vez
más acelerada. Las actitudes fundamentalistas tienen buena parte de su origen
en esta transición difícil y, para muchos, dolorosa.
domingo, 10 de junio de 2018
Desorden
El pecado es para Loyola desorden. Desorden de conducta y espíritu
cuando apunta a su propio querer e interés y olvida la alabanza, la reverencia
y el servicio. Si “venimos en soberbia”, si “somos” el centro del mundo,
entonces metemos en la realidad una dinámica destructiva y contagiosa. Es el
daño: la persona justa cuelga de la cruz. No basta a Loyola una explicación a
la socrática: puro desconocimiento del bien. Pero tampoco ignora la enorme
carga de afecciones que impiden ver lo real. Kierkegaard, en “El concepto de
angustia” apunta al pecado como un no lugar no conceptualizable. Tampoco es una
mera no presencia (vg.: ausencia del amor), puesto que tiene densidad propia.
No cabe en ninguna de las ciencias, ni siquiera en la ética. Señala hacia un
evento relacional, hacia la mismísima ruptura de la relación. No es un no
saber. ¿Es un no ser?domingo, 3 de junio de 2018
Oficio de consolar
En el discurso ignaciano, la experiencia del resucitado se “muestra por
sus efectos” y responde al “oficio de consolar” (Loyola, “Ejercicios
Espirituales”). Amor es darse a quien se ama y recibir al que se da. Es cosa
recíproca y va más allá de la propia subjetividad. Sin embargo, su lugar
habitual no es el público escenario, sino la intimidad del hogar. Imagina
Loyola un encuentro entre María, la madre, y el Cristo, su hijo. No es un
encuentro con fundamento bíblico –ningún evangelista narra tal encuentro entre
las experiencias del resucitado-. A juicio de Loyola, es de sentido común y
debe darse por supuesto. Llama la atención que ese encuentro tiene lugar en el
ámbito de la intimidad de la Casa. Pasamos así de la enajenación de la tumba a
la intimidad del hogar. Después, a la vida pública se enviará a quien tenga
experiencia del crucificado/resucitado-.
martes, 27 de marzo de 2018
Historia o gnosticismo
Los estudios
históricos sobre el movimiento de Jesús son profundos. Impresiona “Un judío
marginal”, 1991 de J. Meyer, o la síntesis de Pagola (“Jesús, aproximación
histórica”, 2007). Esta última ¿es demasiado optimista? ¿Considera que sabemos
lo suficiente del nazareno como para leer de un modo nuevo las narraciones y,
por tanto, la fe? Más bien, ahora apuntamos la prioridad del texto: la
escritura es previa al sentido y permanecerá después del mismo (Derrida). El
acceso al Jesús histórico queda herido por arma de doble filo: ni es realmente
posible, ni es realmente significativo para la fe. La teología también lo
confirma: es el Espíritu, el que “lo explicará todo”. Ahora bien, ese Cristo de
la fe, el de las narraciones, necesita de aquel “que vieron nuestros ojos y
nuestras manos tocaron”. De otro modo, la experiencia cristiana es sombra del
gnosticismo.martes, 20 de febrero de 2018
Dialéctica y crisis
La
dialéctica alemana tiene en Hegel y Marx dos figuras. Ambos hacen una
dialéctica positiva: sufrir y negar para avanzar hacia el bien. Se desarrolla
el Espíritu (Hegel); llega la sociedad igualitaria (Marx). Adorno –ver Farina-
critica este modelo, hijo de la ilustración, que reduce la realidad a los
conceptos de la razón. Así, la realidad desaparece en la razón. Por eso, Adorno
emprende el camino de una dialéctica negativa: “los objetos de conocimiento no
resuelven su esencia” en los conceptos. (¿Es que “la existencia precede a la
esencia”?) Adorno rechaza la “práctica de reducir todos los elementos humanos y
significativos a una serie de relaciones matematizables”. Intuye Adorno que el
dominio sobre la naturaleza es dominio de unas personas sobre otras. Recuerda a
Francisco: la crisis ecológica es la misma que la crisis social: crisis de un
sistema.miércoles, 17 de enero de 2018
Una tarea pendiente
Quizás se
puede decir muy sintéticamente que lo que Moingt SJ plantea es que la historia
del Cristo tiene futuro porque todavía tiene un trabajo que hacer en esta
historia. Un trabajo que ya se hace en plural. En ese ámbito de fe, Cristo
sigue trabajando en lo que hace la comunidad creyente y también en lo que el
Espíritu hace dentro y fuera de esa comunidad. Creer es, en realidad, hacer:
participar en la actividad liberadora del Cristo. Y esa es la esperanza: “Que
pueda darse a la historia un porvenir absolutamente nuevo”. Lejos de Sísifo que
repite su historia. Lejos de la pura dialéctica que llama nuevo al resultado
del choque entre lo que ya hay. Eso que se llama en términos cristianos Reino
de Dios no se construye sobre la ruina de las esperanzas humanas, sino que se
añade como don (como gracia). Ernst Bloch lo llamará “principio esperanza”. lunes, 8 de enero de 2018
Escuela de libertad
La cuestión
de la libertad atraviesa la historia del filosofar. En el medievo se habla “de
libero arbitrio”. T. Aquino lo defiende. Con la llegada del Renacimiento,
Erasmo lo ignora. Nuestra libertad sería simple montura para el buen o el mal
espíritu que luchan por el puesto). Es el mensaje de Lutero: el “solo gracia”
excluye la libertad. Loyola, que observa los movimientos del buen y el mal
espíritu, apunta que el saber usar de la propia libertad “salva el ánima”. De
ahí la importancia de “no venir en soberbia”. En los 90 la foto del Voyager
presenta un punto azul pálido (Sagan) y muestra la pequeñez de lo humano. Hace
también evidente el empeño de una cadena histórica de almas capaces de poner
una máquina fotográfica a millones de kilómetros de casa. Este aspecto de
Loyola, su escuela de libertad, hace del renacentista un líder para hoy
(Albistur).
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