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domingo, 3 de junio de 2018

Oficio de consolar

En el discurso ignaciano, la experiencia del resucitado se “muestra por sus efectos” y responde al “oficio de consolar” (Loyola, “Ejercicios Espirituales”). Amor es darse a quien se ama y recibir al que se da. Es cosa recíproca y va más allá de la propia subjetividad. Sin embargo, su lugar habitual no es el público escenario, sino la intimidad del hogar. Imagina Loyola un encuentro entre María, la madre, y el Cristo, su hijo. No es un encuentro con fundamento bíblico –ningún evangelista narra tal encuentro entre las experiencias del resucitado-. A juicio de Loyola, es de sentido común y debe darse por supuesto. Llama la atención que ese encuentro tiene lugar en el ámbito de la intimidad de la Casa. Pasamos así de la enajenación de la tumba a la intimidad del hogar. Después, a la vida pública se enviará a quien tenga experiencia del crucificado/resucitado-.

viernes, 8 de diciembre de 2017

El mito de la educación

El sol se pone hacia Portugal
Al parecer, Judith Harris, escribió en 1992 su libro “El mito de la educación” para decir lo contrario de lo que pensaban muchas escuelas psicológicas de la época: que en el carácter de una niña, de un niño, apenas tiene nada que decir la educación familiar. Aunque en no pocos entornos educativos (colegios, escuelas, claustros) se apunta siempre a que lo que la chica o el chico trae “de casa” es decisivo, la experiencia nos dice que lo que de casa viene no es precisamente lo que el padre o la madre han pretendido. Más todavía: ni siquiera es la consecuencia lógica de los aciertos o errores educativos de los padres. La educación familiar sería, para Judith Harris ,mucho menos relevante que la influencia del “entorno”. En términos de refranero africano: “Educa la tribu”. Pero en la actualidad mediática, la tribu parece ser el enjambre (Byung-Chul Hang).