Al elegir, nos hacemos. Sin elegir, no somos. Es la ética, dice
Kierkegaard. Su “metaética” es el paso de la dogmática (pecado no
conceptualizable) a la psicología (concepto de angustia). Sartre, descreído de
la dogmática, vive la náusea: vómito de la condena a la libertad sin suelo.
Camus es sartriano en el relato caluroso y luminoso de “El extranjero”; pero imagina
a Sísifo sonriente mientras baja a por la piedra que ha de volver al inicio
tras el triunfo aparente. “La caída”, descrita entre bruma y penumbra, desdice
al santo laico para retornar a la fuente danesa: la risa helada que denuncia el
arraigo del pecado. “Todos somos culpables”, subraya. Hay en Kierkegaard la
esperanza de que podemos elegir bien pues me identifica, porque es
una aceptación de mi propia personalidad. “La grandeza radica en el hecho de
ser uno mismo”, sostiene.
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lunes, 11 de junio de 2018
miércoles, 17 de enero de 2018
Una tarea pendiente
Quizás se
puede decir muy sintéticamente que lo que Moingt SJ plantea es que la historia
del Cristo tiene futuro porque todavía tiene un trabajo que hacer en esta
historia. Un trabajo que ya se hace en plural. En ese ámbito de fe, Cristo
sigue trabajando en lo que hace la comunidad creyente y también en lo que el
Espíritu hace dentro y fuera de esa comunidad. Creer es, en realidad, hacer:
participar en la actividad liberadora del Cristo. Y esa es la esperanza: “Que
pueda darse a la historia un porvenir absolutamente nuevo”. Lejos de Sísifo que
repite su historia. Lejos de la pura dialéctica que llama nuevo al resultado
del choque entre lo que ya hay. Eso que se llama en términos cristianos Reino
de Dios no se construye sobre la ruina de las esperanzas humanas, sino que se
añade como don (como gracia). Ernst Bloch lo llamará “principio esperanza”. domingo, 14 de enero de 2018
¿A quién pertenece el destino?
En un campo de exterminio, Frankl apuesta por el sentido. Asegura que es
el sentido lo que le salva. Si seguimos la pista del Sísifo de Camus, es la
construcción del sentido lo que le salva: “No se descubre lo absurdo sin
sentirse tentado a escribir un manual de la felicidad”. Pero ambos, Camus y
Frankl son de un mundo de piedra y barro, donde el asesinato es visible y la
enfermedad no se oculta en las plantas de paliativos hospitalarios.
Probablemente en la liquidez de la vida actual, una instalación en la
inmanencia puede ser tranquila, plácida, mientras la realidad virtual quita
densidad a la realidad real. El “sinsentido” se confunde con “me-gusta” de
Facebook (Byung-Chul Han). Camus insiste: “Toda la alegría silenciosa de Sísifo
consiste en eso. Su destino le pertenece”.
Los estructuralismos lo disuelven: todo nos pasa, de nada somos sujetos
activos.
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jueves, 11 de enero de 2018
Voluntad de sentido
En 1942,
Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la
pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe
en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la
supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra,
en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”:
“No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de
hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”.
Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso.
Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su
victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive
al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de
sentido.viernes, 5 de enero de 2018
La sonrisa de Sísifo
Camus cree la sonrisa de Sísifo (1942). Baja la montaña
satisfecho, no por el resultado –la piedra rueda la ladera hasta el pie-, sino
por su decisión de afrontar su tarea. Sartre asegura, ante la tortura nazi, que
el preso puede optar por el propio dolor y no denunciar al compañero de
resistencia. ¿Qué queda del heroísmo existencialista tras años de pensamiento
débil y postmodernidad (Vattimo)? En primer lugar, queda la realidad cotidiana
de las heroínas, los héroes que cuidan, trabajan, educan, se esfuerzan. Un
cierto descreimiento nos acompaña, pero en esa realidad no dan lo mismo las
elecciones que hacemos. Escucho a Javier Montes SJ, que vive y trabaja para
quienes vienen del sur, en Nador, junto a la valla de Melilla. Seguirán
saltando porque tienen algo que darnos: a este lado quizás olvidamos el
esfuerzo de libertad y el amor de Dios.
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