En 1939, Hitler invade Polonia. La guerra impuso su
lógica y los científicos quedan en sus bandos. Dyson (“El científico…”, 2006)
afirma que se pierde la oportunidad de un diálogo sobre límites éticos de la
visión nuclear. La discusión versa sobre el podio del descubrimiento lo que
abre paso a Hiroshima. Contrapone el ejemplo de los biólogos (¿biólogas hubo?)
que, en 1975, tras el descubrimiento del ADN, organizan un congreso en Asilomar
para proponer las normas éticas de la investigación. No pasa lo mismo con
Openheimer o Heissemberg. En Los Álamos desarrollan una carrera contra la
física alemana que continúa incluso después de la victoria. Sólo un hombre,
Roblat (polaco), abandona el proyecto. Muere con el Nobel de la Paz. Pero ya
tenemos Hiroshiama y Nagazaki y tantas ojivas nucleares como para borrar la
vida de la faz de la tierra.
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martes, 9 de abril de 2019
domingo, 7 de abril de 2019
El cansancio
¿Es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad propio
de nuestro tiempo? Frankl (“El hombre en busca de sentido”, 1945) pinta, tras
la guerra, la neurosis de la ausencia de sentido. Es hijo de los
existencialismos. El final de la metafísica, el holocausto, el conocimiento
científico, la pequeñez de nuestras metas, la inercia del día a día llevan a la
neurosis noógena. La terapia es un éxodo de sí mismo, una trascendencia hacia
la otra persona, la otra realidad natural y, en última instancia, lo Otro
Absoluto que no se explica, que se alaba, se respeta, se sirve. El siglo XXI
inventa el coaching que hace de toda actividad la más eficiente. En “La
sociedad del cansancio” (2010), Byung-Chul ve una depresión por exceso de
sentido: todo es alcanzable, todo deviene propio. Nada hay fuera, extraño,
solemne. No es posible el Éxodo. No hay sito para el fracaso. Sólo cabe el
cansancio.
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domingo, 4 de noviembre de 2018
El espectáculo
Para
Heidegger y los existencialismos somos para la muerte. López Yarto S.J., en los
pasillos de Comillas (1984), asegura al alumnado novel filósofo: “el
existencialismo es una neurosis”. Atribuye los orígenes de la patología al
trauma de la sangrienta historia del siglo XX. Eco advierte que la muerte se ha
fugado de nuestras vidas. Recuerdo a la anciana Maricela diciendo como últimas
palabras “arajai, están toitos los míos”. Eco tiene delante los entubamientos
de las UCI y la muerte que, en los medios, se torna espectáculo, ya sea a modo
de ficción, ya sea en el hiperrealismo de las noticias que filman la explosión
y los cadáveres de la guerra. Nuestro día de los difuntos nos anima a visitar
una tumba que propone los recuerdos y el acompañamiento amable de quienes nos
preceden en la historia. Halloween es otra cosa: caramelos, juego, terror y diseño.lunes, 29 de octubre de 2018
La fuerza del periodismo
Observa
Fazio (“Terrorismo mediático”) que el periodismo del s. XXI muestra la guerra
sin mediación. La CNN nos pone desde el salón y con una cerveza ante el misil
que estalla y dispersa los cadáveres… y el relato. La violencia de la guerra es
espectáculo. Con el lenguaje del videojuego, la realidad se gamifica. La vida
social, convertida en imágenes pulidas y brillantes, pervive mientras brilla.
Todo se acelera. Viene y va, pero no viene de lugar alguno ni a sitio alguno
lleva. Sólo brilla. A ese brillo, medido en audiencias o reproducciones, ¿se
puede denominar periodismo? Ni brillo ni ruido son neutros: el valor de sus
argumentos queda determinado por la viralidad. A esa suma de destellos y
clamores denomina Byung-Chul Han el “enjambre”. Entre las abejas, sin embargo,
se produce la miel. Cabe, por tanto, preguntarse si la fuerza del periodismo
está en la miel.miércoles, 24 de octubre de 2018
Cuatro lecciones de guerra
Comenta
Dyson (“El científico…”, 2006) la publicación de “Armagedón” (Max Hastings): un
mosaico sobre el último año de la II Guerra Mundial. Aparece los relatos de
estrategas (una guerra con bajas y logros) y la de combatientes y civiles
(dolor, rabia, pena, muerte, sangre, pérdida). Dos visiones que complementan
qué arrojan cuatro lecciones de la II Guerra Mundial: a) la importancia de
convención de Ginebra para atenuar el dolor de la ignominia; b) el militarismo
de la cultura alemana de la época (que se contagia por toda Europa); c) la
importancia de las relaciones internacionales para equilibrar las decisiones de
dolor; d) la ambigüedad moral de toda guerra, se comenten crímenes aunque sea
por causa justa. Glorificar el liderazgo militar frente al civil y considerar que
todo vale con tal de ganar llevan al mayor conflicto de todos los tiempos.
domingo, 9 de septiembre de 2018
Ciencia y guerra
En 1939,
Hitler invade Polonia. La lógica guerrera pone a los científicos en cada bando. Se pierde la oportunidad de un consenso de límites éticos de la
investigación nuclear (Dyson, “El científico…”, 2006). Unos meses antes, al
descubrir la fisión, en Washington los físicos discuten sobre la gloria del
podio. Contrapone Dyson a la ciencia biológica que, en 1975, tras el
descubrimiento del ADN, organiza la conferencia de Asilomar que propone las
normas éticas que imperan en la investigación. No pasa en 1939 con Heissemberg
y Openheimer. En Los Álamos se da una carrera contra la física alemana que
continúa incluso con Alemania derrotada. Sólo Roblat (Varsovia, 1908 / Londres,
2005) abandona el proyecto y en 1995 recibe el Nobel de la Paz. Pero el mundo
tiene Hiroshima, Nagazaki y tantas ojivas nucleares como para borrar la vida de
la faz de la Tierra.
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martes, 14 de agosto de 2018
La revolución americana
Los padres de la revolución americana son ilustrados.
Plasman en la declaración de independencia los ideales de las luces. Pero su
revolución cuenta con el movimiento cristiano del “Gran Despertar (1750)”: predica conversión y redención, rompe las
iglesias y da significado espiritual a la palabra “libertad”. Señala Armstrong
que las trasformaciones sociales necesitan, con frecuencia, un doble ethos: el
del progreso/razón y el de la mítica/espiritualidad. La lógica de la
guerra (la que establece la necesidad de
un estado propio en la lucha de intereses en juego) se alía con la lógica del
retorno a la fe y la instauración en la tierra del Reino de Dios. Pero siempre
que se proclama el Reino y se lucha por él, finalmente acontece la Institución; y deja, una vez más, el regusto del incumplimiento del segundo mandamiento: no
usarás el nombre de Dios en vano.
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viernes, 20 de abril de 2018
El riesgo cero enfría el corazón
Un amor con riesgo cero es una guerra con muerte cero (Badiou, Elogio
del amor, 2009). Al igual que la guerra muerte cero es la de los míos, el
riesgo cero en el amor es el mío. Porque, por muy cuidada que sea la
estrategia, en la guerra siempre hay muertos (del otro bando) y en el amor
siempre hay riesgo (el de la otra persona).
El riesgo cero enfría el corazón, enfría el amor (Francisco): la
solidaridad desaparece y el sentimiento, la pena, deviene en espectáculo: un
niño en las playas del Mediterráneo o asesinado por un adulto se convierte en
imagen viral y el debate habla sobre raza, etnia. Con la frialdad del corazón,
se enfría también la comunidad: las instituciones pierden valor, el servicio
público se privatiza, el bien común se oculta detrás de los intereses empresariales
o de la defensa de los derechos individuales.
martes, 27 de febrero de 2018
Salvación y mundo
En algunas visiones religiosas, la salvación es el cielo y
deserta del mundo. No así en la religiosidad popular: sin finura, ve salvación en
curaciones y fortunas en este tiempo nuestro. La teología postconciliar
recupera la historicidad del Cristo. Cristo tiene historia y está inmerso en
toda historia: la salvación, no puede remitirme a la otra vida. Fukujama, en
1993, ve realizarse la salvación en la continua implantación de la democracia
liberal y la economía de mercado. En 1943, en plena guerra, Camus señala: “No
hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio” (El mito
de Sísifo). Sartre, que no encuentra más respuesta filosófica que el absurdo
(El ser y la nada), sin embargo propone un activismo político que ensucia las
manos del filósofo. Camus, activista de hecho, no acepta la ingenuidad, son los medios
los que justifican el fin.jueves, 11 de enero de 2018
Voluntad de sentido
En 1942,
Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la
pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe
en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la
supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra,
en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”:
“No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de
hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”.
Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso.
Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su
victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive
al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de
sentido.
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