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martes, 13 de noviembre de 2018

La sociedad del conocimiento

Como primera hipótesis, la sociedad del conocimiento (Drucker en 1969) es una estrategia de encubrimiento: oculta una globalización desbocada en la que el empobrecimiento, la deslocalización y el “precariado” se imponen. Como segunda hipótesis, la sociedad del conocimiento es un paso ulterior del capitalismo que incorpora el conocimiento como factor de producción (además de la tierra, el trabajo y el capital). Por eso, los currículos actuales evalúan competencias. Como tercera hipótesis, la sociedad del conocimiento es una formulación esperanzada del futuro de la humanidad: “el uso masivo de la tecnología y un incremento sustancial de la eficiencia productiva” podrían servir para una sociedad más justa donde ser más felices. Antoni Brey nos introduce en esta temática en “La sociedad de la ignorancia” (2009). El título toma ya partido

lunes, 12 de noviembre de 2018

El momento ombligo

Quien a comienzos del siglo pienza que Lady Di es una de las personas más relevantes de la historia del Reino Unido es fruta de una época que se mira el ombligo. En conversaciones de salón, siempre hay alguien que asegura que vivimos tiempos difíciles. Probablemente nunca hubo un periodo de la historia que sus protagonistas no vivieran como tiempos difíciles. Con una reflexión similar introduce Daniel Brey el libro de ensayos “La sociedad de la ignorancia” (2009). Sin embargo, atendiendo a la transformación que nuestra capacidad comunicativa vive desde la incorporación acelerada de internet y los dispositivos móviles, Brey afirma que vivimos un cambio diferente que afecta a nuestra capacidad de conocer y de comunicar lo que conocemos. A ese cambio atribuye que nuestro tiempo puede recibir el nombre de sociedad de la ignorancia.

lunes, 2 de julio de 2018

Super-humanos


¿El desarrollo de la inteligencia artificial señala a un cambio en la comprensión de lo que es ser humano? Hace unas décadas parecía que había actividades humanas complejas imposibles para la combinación de máquina e informática: conducir, el ajedrez, la fotografía artística, etc. Es como si lo que exige nuestra capacidad intuitiva o nuestro conocimiento no tematizado estuviera lejos del alcance de la robótica. Pero cada día se escribe una nueva línea de programación que simula el comportamiento humano y los procesos internos de decisión (Carr, “Atrapados”, 2014). El sujeto que toma conciencia de sí mismo ¿es una frontera inaccesible para la máquina? También recorremos el camino inverso: cada vez usamos más instrumental que nos hace ir más lejos de lo que nuestra mera corporalidad podría. ¿La máquina nos hace super humanos?

jueves, 7 de junio de 2018

El objeto del pensar

El pensar tiene un fin y, a juicio de Horkheimer (Wiggershaus, 1986), no es el mero desvelamiento de las condicionantes estructurales del propio conocimiento. Sigue a Marx: se piensa para cambiar la realidad. Al pensar, debo, por tanto, tener en cuenta la cotidiana lucha de tantos seres humanos que a vista de la filosofía idealista se han arrastrado por debajo de los temas de interés. Su mal vivir, su lucha cotidiana es el objeto del pensar. El pensamiento así desenmascara todo naturalismo de la injusticia y de toda justificación de un poder consagrado a mantener privilegios. Manheim extiende el concepto de ideología. Horkheimer protesta: no todo es igual. A su juicio, engaña quien estructura su pensamiento para defender posiciones de privilegio y acierta quien lo hace para luchar por las personas dejadas de la mano de la historia y la sociedad.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Ética y filosofía primera


Es probable que, desde Descartes, la filosofía occidental gire de modo que la primera tarea de la misma, la filosofía primera, sea el pensamiento, o, mejor, el conocimiento. Sólo después de definir qué es conocer, somos capaces de afrontar qué debemos hacer o qué nos cabe esperar (Kant). Antes de Descartes, más bien preocupaba qué es la realidad, qué da sustento a lo físico (Metafísica); ya entrado el periodo del conocimiento, Leibniz lo formuló así: “¿Cómo es que hay algo cuando muy bien podía no haber nada?”  Enmanuel Levinas pretende otro giro: “La moral no es una rama de la filosofía, sino la filosofía primera” (Levinas, “Totalidad e infinito”, 1971). De algún modo, parece que ya no tenemos que buscar “por qué” o “para qué” a la dimensión ética, sino constatar y mostrar su sentido. ¿No cambia esto el modo de afrontar nuestra historia?

miércoles, 24 de enero de 2018

Los que se creen blancos

Muchas categorías del conocer responden a una construcción social (Berger y Luckman, La construcción social de la realidad). Cuando se usa la palabra “blanco” en contexto social norteamericano, apunta Ta-Nehisi Coates que se trata de una construcción: “los que se creen blancos”, señala para mostrar que no siempre existió este modo de calificar a las personas (“antes eran polacos, irlandeses, alemanes, rusos...”). A su juicio, la lectura de la historia ha sido también en este caso un abuso (M. MacMillan, “Usos y abusos de la historia”). De ese modo, ser “negro” es una marca que no se supera: el “Sueño” (americano) se ha construido sobre los cuerpos de los negros. La historia de Prince Jones, tiroteado a muerte, hace que Coates escriba a su hijo para que luche, no por el Sueño ni por los Soñadores, sino por sus abuelos y su propio nombre. 

lunes, 15 de enero de 2018

Conocimiento tomista

Para Tomás de Aquino el conocimiento es de la esencia de las cosas, no tanto de lo que cada cosa muestra. La imagen de cada cosa concreta se aprehende, pero si la conocemos es porque captamos su esencia, es el proceso por el que reconocemos la esencia a lo que llama conocimiento.  Así, la existencia –lo que cada cosa muestra- es posterior a la esencia de la cosa. Los existencialismos dan la vuelta a esta visión. En realidad, nuestro existir concreto precede a cualquier esencia de lo que somos. El hombre, masculino, no es una esencia que concreta en una existencia. Es una generalización a partir de la experiencia factual de un modo concreto de existir.  El estructuralismo le da otra vuelta: en realidad cada cosa concreta y su existir fáctico es el resultado de las relaciones estructurales y rígidas que se dan en nuestro mundo. ¿Volvemos a Tomás?

lunes, 8 de enero de 2018

Inteligir sentiente

Para Berger y Luckmann, realidad es construcción social (1966). H. Becker (Para hablar de la sociedad, 2007), tras cuarenta años, dice que todo hecho está sostenido por una teoría aceptada por una comunidad concreta para la que tiene significado. Así, un hecho es interpretación (Becker distingue entre interpretación y hecho; cuestión de nivel). Queda Zubiri como Quijote: La realidad sigue siendo tan tenaz que cuestiona toda comunidad de sentido y obliga a buscar una nueva relación entre el inteligir y lo que da de sí, lo real. Berger (Rumor de ángeles) ve que es posible un logos a partir de lo real que no se distancie hasta la ruptura con la realidad. La experiencia cotidiana indica que sobrevivimos en una realidad agresiva por un inteligir sentiente, no fantasiosa ficción, por un sentir inteligente, una interpretación correcta de lo que de suyo, de lo real.

martes, 2 de enero de 2018

Afán de gloria

Con narración ficticia verosímil, Del Vall novela al cortesano joven Loyola como trayectoria dominada por desmesurado “afán de gloria”. Si el afán determinara el comportamiento, Yñigo posiblemente no sería uno de los actores clave en el giro histórico que lleva a la modernidad. Pero experimenta en su propia vida y convierte en método la conducción libre de sí mismo y el acompañamiento a otras personas. En expresión de un insigne jesuitas del S. XX, cada persona “(el hombre) hace su alma” (De Chardin SJ). ¿Ingenuidad de quien ignora la sospecha freudiana de un inconsciente ominipresente e incontrolable? Más bien profundo y respetuoso autoconocimiento. Tras la eficaz determinación de Loyola apunta un misterio de gratuidad que trasciende las limitaciones del individuo y lo hace sujeto a una historia colectiva de sentido.

martes, 12 de diciembre de 2017

Encuentro

Patrimonio
Espiritualidad no es intimismo. Ciertamente, Schileebeeckx introduce “Cristo y los cristianos” (1979) señalando que todo comenzó con un encuentro personal. Pero tras la reunión, son enviados. En los Ejercicios Espirituales, Loyola propone que se pida “conocimiento interno” del Cristo, pero a continuación señala que ese conocimiento tiene que ver con una praxis que debe traducir el amor “más a las obras que a las palabras”. Será por eso por lo que Jerónimo Nadal SJ, jesuita de primera generación, en pleno renacimiento, sintetizará la propuesta de la naciente Compañía en un slogan somero: “Contemplativos en la acción”. La contemplación, necesaria para eludir la banalidad de los tiempos, no deviene ni en esteticismo ni en terapéutica autoayuda, sino que, por el contrario lanza a la vida concreta en la que se toman decisiones y se obtienen resultados.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Conocimiento interno

Camino a Cáceres, en el tren
¿Qué es lo que nos cambia profundamente? Parece que nuestra tendencia es a permanecer en nuestras convicciones previas incluso cuando ya vemos que hacen agua (Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, 1962). En términos de Hans Albert: generamos una estrategia de inmunización de nuestras teorías que hace innecesario asumir los nuevos datos de realidad. Chércoles SJ (“Conocimiento interno”, Diccionario de Espiritualidad Ignaciana) acude a Loyola: hay que “sentir conocimiento interno” para que algo  produzca cambios estables. No es algo tan vinculado al sentimentalismo de los afectos o las emociones, como a la sensibilidad de los sentidos: si me acerco a la realidad dirigiendo los sentidos desde mis cosmovisiones previas, me distancio de lo real para permanecer en mi imagen del mismo, aunque sea una “ilusión”.