Humberto Eco recuerda la radio de su infancia: a oscuras,
junto a su padre, escuchando la música clásica. Se pregunta si la radio volverá
a ser la referencia cuando el ruido de las redes y la omnipotencia de la imagen
se impone. Sueña con la innovación tecnológica que le devuelva la primacía.
Hoy, los nuevos teléfonos inteligentes incluyen app que, voz sobre ip,
reintroducen el audio en directo y a la carta en un dispositivo pequeño. Desde
cualquier lugar del mundo puedo seguir la programación de mi emisora favorita y
puedo interactuar con la misma mediante whatsapp. Por cierto, nuestra gente
joven se pasa las horas escribiendo y leyendo en la mágica pantalla con su
tribu más o menos íntima. Sin embargo, nuestra memoria reciente no incorpora
las jornadas en las que como un rito nos detenemos en lo que sea y escuchamos la
radio.
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miércoles, 7 de noviembre de 2018
jueves, 1 de noviembre de 2018
Borja y las flores
En el
templo hay una imagen barroca de Francisco de Borja. El vuelo y la complejidad
del ropaje, el gesto de una mano que sostiene la calavera y un rostro sereno
hablan. Recoge Eco (“De la estupidez a la locura”, 2016) la reflexión de
Bettetini sobre las imágenes y la iconoclasia. Apunta, con San Bernardo, que
tanta belleza de manos del artista pudiera hacer olvidar la de Aquel que sería
Origen. La memoria del jesuita, que se desembarazara de los negocios y la pompa
de la corte del emperador Carlos, llega con un cráneo en su mano, una mirada
consciente y una palabra que no dice pero sugiere: “No he de servir a Señor
alguno que se pueda morir”. La imagen es un recuerdo… pero un abogado amigo, de
vez en cuando, añade flores a su altar. Y cada tres de octubre, en modo quizás
excesivamente ritual, una oración nos convoca en torno a su nombre.martes, 17 de julio de 2018
Tierra sagrada
Perviven las imágenes en las iglesias y, en ocasiones,
alguien se santigua a nuestro lado cuando el avión está por despegar. Un señor
que lleva una especie de rosario en su mano forma parte de un paisaje en el
que, en las fiestas patronales, la vecindad carga con el santo en procesión. Se
convierte en noticia que alguien promete su cargo sin símbolos religiosos y lo
religioso adquiere con frecuencia también aires de navegante líquido en esa
sorprendente globalización de la superficialidad. Persiste lo religioso en la
ciudad secular. Sin embargo, se trata de una fe que, para sobrevivir en la
atmósfera de lo plano, refuerza signos de identidad o se disuelve como un
rostro más del pensamiento débil. En el desierto, lejos de lo pulido, de lo
virtual y del enjambre, para escuchar el clamor de la justicia, Moisés se
descalza: es tierra sagrada.
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Virtual
lunes, 15 de enero de 2018
Conocimiento tomista
Para Tomás
de Aquino el conocimiento es de la esencia de las cosas, no tanto de lo que
cada cosa muestra. La imagen de cada cosa concreta se aprehende, pero si la
conocemos es porque captamos su esencia, es el proceso por el que reconocemos
la esencia a lo que llama conocimiento.
Así, la existencia –lo que cada cosa muestra- es posterior a la esencia
de la cosa. Los existencialismos dan la vuelta a esta visión. En realidad,
nuestro existir concreto precede a cualquier esencia de lo que somos. El
hombre, masculino, no es una esencia que concreta en una existencia. Es una
generalización a partir de la experiencia factual de un modo concreto de
existir. El estructuralismo le da otra
vuelta: en realidad cada cosa concreta y su existir fáctico es el resultado de
las relaciones estructurales y rígidas que se dan en nuestro mundo. ¿Volvemos a
Tomás?
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