“Soy cristiano”, afirma K, transexual, a la vez que sostiene: “La Iglesia nos ha hecho mucho daño”. En el que, todavía hoy quizás podamos denominar “mundo católico”, la Iglesia como institución es la portadora (más que creadora) de valores y códigos que regulan lo moralmente aceptable de su entorno social. Ese entorno cambia y la Iglesia también. Otros agentes, otras perspectivas erosionan la reificación de valores plenamente conseguida y la hacen arena que se dispersa en el mar. Al caer los valores, por ágil que pueda ser la institución, también ella sufre, se erosiona, se hace arena. Sin embargo, es reclamada como refugio de quienes se resisten a las nuevas propuestas. El mundo LGTBI, el mundo de la diversidad sexual, sigue condenado en contextos no necesariamente eclesiales, sin embargo su presencia ya está provocando una tolerancia pasiva importante (cada cual a lo suyo). Quizás algún día, quizás pronto, su mensaje en positivo: la belleza de la diversidad.
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domingo, 16 de junio de 2019
viernes, 5 de abril de 2019
Identidad e institución
En el siglo I, en la ciudad de Éfeso surge
una comunidad cristiana relevante como para aparecer entre las cartas a las
Iglesias del Apocalipsis. Es una comunidad minoritaria en una ciudad con otros
valores dominantes. Los conflictos se suceden y la comunidad adopta un modo de
resistencia. Además, tiene que lidiar dentro con pactos o arreglos impulsados
por “falos profetas”. Sus gentes adquieren costumbres y hábitos que la
posicionan con identidad frente a otras comunidades y frente a quienes quieren
llevarla a posiciones lejanas a su fe. La institución funciona. Sin embargo, el
autor del escrito advierte: “abandonas tu amor del principio”. Las identidades
comunitarias, cuando se normalizan, vencen enemigos y evitan desvíos que las
desvirtúan. Pero pierden capacidad de contraste y de vida. No sólo en Éfeso, no
sólo en el cristianismo.
martes, 9 de octubre de 2018
Volver a las raíces
Volver a
la raíz, al origen del carisma, pide el Concilio Vaticano II a las órdenes y
congregaciones religiosas. Erasmo de Rotterdan cree que la reforma eclesial es
también volver a las raíces del cristianismo: Escritura y Padres de la Iglesia.
Loyola plantea la vida de sus clérigos reformados (los jesuitas) como un modo
de vida “a la apostólica”. ¿Es eso una tendencia conservadora? Observa
Armstrong que el Islam, tras la devastación producida por las hordas mongoles,
se reconstruye no con el empeño de hacer algo nuevo, sino en el intento de
“recuperar lenta y penosamente lo que habían perdido”. A partir de entonces, se
declara innecesaria la interpretación racional, que permitía dar respuestas a
cuestiones nuevas no imaginadas por el Corán, y se pone el empeño en conservar
la tradición. La innovación pasa a ser un peligro. ¿Volver a las raíces es un
peligro?
martes, 4 de septiembre de 2018
Las tristezas del destierro
La modernidad acompaña a los sefardíes antes de la expulsión. Su formación y cultura supera a la de los
gentiles. Muestra, sin embargo, Armstrong ("Los orígenes...", 2010), que ese poder intelectual resulta
ineficaz para aliviar las tristezas del destierro. Están los intentos de los
judíos racionalistas, muchas veces crecidos de la imposibilidad de practicar la
fe –como sucedía con los marranos, para los que resulta incomprensible la
narrativa creyente heredada en la ausencia de ritos y prácticas-. El deísmo resultante
es insípido ante el dolor humano. El intento de Spinoza, excomulgado de la
Sinagoga, apunta hacia una espiritualidad diversa, panteísta… insuficiente para
los rabinos, excesiva para los laicismos. Los cambios actuales, el todo fluye, el
malestar de la globalización, ¿tienen respuesta poco eficaz en el
“aggiornamento” ilustrado de las iglesias? ¿Mejor una respuesta
fundamentalista?
lunes, 6 de agosto de 2018
Institución y carisma
Todas las instituciones sistematizan la realidad para
poder responder a ella. La intuición que las puso en marcha se muere si se
tiene éxito en la respuesta. El autor del Apocalipsis lo deja ver en la carta
al Ángel de la comunidad de Éfeso: después de indicar que todo se hizo bien, se
señala: “dejaste tu amor del principio”. Lo que hacemos, parece, genera lazos y
cadenas, nos ata. La pura gratuidad que anida en nuestro deseo más profundo se
deshilacha a medida que describimos el objeto de nuestra actuación y evaluamos
sus resultados, sus efectos, su impacto. Buber intuye que lo trascendente
adquiere siempre forma antropomórfica, pero mantiene su halo de misterio. No
hay Iglesia de éxito a la que no le pasen factura las necesidades objetivadoras
de la institución. Sin embargo, institución y carisma van de la mano. martes, 17 de julio de 2018
Tierra sagrada
Perviven las imágenes en las iglesias y, en ocasiones,
alguien se santigua a nuestro lado cuando el avión está por despegar. Un señor
que lleva una especie de rosario en su mano forma parte de un paisaje en el
que, en las fiestas patronales, la vecindad carga con el santo en procesión. Se
convierte en noticia que alguien promete su cargo sin símbolos religiosos y lo
religioso adquiere con frecuencia también aires de navegante líquido en esa
sorprendente globalización de la superficialidad. Persiste lo religioso en la
ciudad secular. Sin embargo, se trata de una fe que, para sobrevivir en la
atmósfera de lo plano, refuerza signos de identidad o se disuelve como un
rostro más del pensamiento débil. En el desierto, lejos de lo pulido, de lo
virtual y del enjambre, para escuchar el clamor de la justicia, Moisés se
descalza: es tierra sagrada.
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