Mostrando entradas con la etiqueta Moisés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moisés. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de julio de 2018

Cambalache

En la narrativa del Éxodo, Moisés se resiste. Cuestiona la posibilidad de la misión, la capacidad personal para la misma y también la autoridad que envía (“¿Y si me preguntan quién me envía? ¿Qué les diré?). El pensamiento débil retira la posibilidad de la metafísica y no reconoce entidad a la persona o a las relaciones entre personas. Nada tiene suelo. Nada vale. Todo vale. Sin embargo, en el desierto, Moisés se descalza y escucha que se le llama por su nombre. Oye un relato de liberación y acaba por afrontar la obligación ética de las relaciones humanas (divinas). El Mediterráneo y sus cadáveres son un ruido más en el enjambre y una realidad virtual en el mundo de lo pulido. El pensamiento débil engendra respuestas que identifican al mafioso que se lucra con la persona que ayuda. En un tango del primer tercio del siglo XX, esto se llamó cambalache.

martes, 17 de julio de 2018

Tierra sagrada


Perviven las imágenes en las iglesias y, en ocasiones, alguien se santigua a nuestro lado cuando el avión está por despegar. Un señor que lleva una especie de rosario en su mano forma parte de un paisaje en el que, en las fiestas patronales, la vecindad carga con el santo en procesión. Se convierte en noticia que alguien promete su cargo sin símbolos religiosos y lo religioso adquiere con frecuencia también aires de navegante líquido en esa sorprendente globalización de la superficialidad. Persiste lo religioso en la ciudad secular. Sin embargo, se trata de una fe que, para sobrevivir en la atmósfera de lo plano, refuerza signos de identidad o se disuelve como un rostro más del pensamiento débil. En el desierto, lejos de lo pulido, de lo virtual y del enjambre, para escuchar el clamor de la justicia, Moisés se descalza: es tierra sagrada.

lunes, 16 de julio de 2018

En el desierto


El desierto es lugar de vida cotidiana para el pastor Moisés: soledad, reciedumbre, horizontes abiertos. El día a día es duro, áspero y real. Byung-Chul Han indica que hoy lo cotidiano está pulido, se juega en enjambre y se da como virtual. El desierto aparece así como la oportunidad de cambio: la realidad nos espera en la soledad y lo áspero. La soledad no es un fin en sí mismo, sino la ocasión y el medio para el Otro que siempre irrumpe, que siempre está. En el desierto, Moisés reconoce la Tierra Sagrada que pisa y escucha la voz de la realidad que es relacional. No habla la realidad (otredad) para imponer su Ser, sino para comunicarse y enviar; para apelar a la responsabilidad que nace de la relación (he escuchado el clamor de mi pueblo). Sólo en el desierto, lejos de lo virtual, del enjambre y lo pulido, la vida deja de ser líquida y se da como responsabilidad.