Sin capacidad contemplativa, cansados de caminar,
corremos. La carrera no es una respuesta contemplativa que rompa de forma
creativa la lógica de la caminata, sencillamente, acelera el proceso (Byung
Chul Han, “La sociedad del cansancio”, 2010). Nuestro entorno cambia a enorme
velocidad. No hay un mandato externo, nadie que imponga un ritmo. Ya no vivimos
en un tiempo disciplinario. El liberalismo se reforzó en Mayo del 68 y caducó
las normas, los valores culturales y las tradiciones. Quedó libre, disponible
para que todo sujeto lo internalice. Hoy todo fluye (Bauman) y en su fluir descubrimos
que podemos quedar obsoletos. Primamos el cambio. Ya no es necesaria la orden
externa. Cada uno se autoperfecciona, cada uno se autoexplota. Dejamos de
caminar y comenzamos a correr. Pretendemos atrapar el tiempo con nuestra
carrera.
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jueves, 2 de agosto de 2018
A correr
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lunes, 16 de julio de 2018
En el desierto

El desierto es lugar de vida cotidiana para el pastor Moisés:
soledad, reciedumbre, horizontes abiertos. El día a día es duro, áspero y real.
Byung-Chul Han indica que hoy lo cotidiano está pulido, se juega en enjambre y
se da como virtual. El desierto aparece así como la oportunidad de cambio: la
realidad nos espera en la soledad y lo áspero. La soledad no es un fin en sí
mismo, sino la ocasión y el medio para el Otro que siempre irrumpe, que siempre
está. En el desierto, Moisés reconoce la Tierra Sagrada que pisa y escucha la
voz de la realidad que es relacional. No habla la realidad (otredad) para
imponer su Ser, sino para comunicarse y enviar; para apelar a la
responsabilidad que nace de la relación (he escuchado el clamor de mi pueblo).
Sólo en el desierto, lejos de lo virtual, del enjambre y lo pulido, la vida
deja de ser líquida y se da como responsabilidad.
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lunes, 18 de junio de 2018
Finitud y fe
Nuestro
sistema nos hace introyectar la autoexplotación como autoperfeccionamiento
(Byung-Chul). Creemos crecer cuando solo nos acomodamos al tamaño en el que el
modelo nos necesita. Si no nos adecuamos, se nos expulsa. En términos
temporales, quedamos obsoletos. Por eso, la cualidad más apreciada es la que permite romper el compromiso
(Bauman). Eso es libertad: la reactividad automática e inmanente frente a la
propia caducidad. Kierkegaard apunta a la posibilidad. Mira hacia adelante con
sobrecogimiento. Evita el regateo siempre posible ante lo real cambiante y
finito. Propone un aprendizaje, una educación, desde la posibilidad trascedente
y la angustia de estar ante lo innegociable. La posibilidad y su angustia no
son la consecuencia de la finitud (caducidad) sino de la trascendencia. La
respuesta no es el acomodamiento en la finitud, sino la fe.miércoles, 16 de mayo de 2018
Tabla rasa y neurología
Si se impone la teoría de la tabla rasa, la que asegura que no hay
naturaleza humana, las dictaduras de todos los tiempos tendrán excusa para sus
propuestas de ingeniería social y las familias cargarán a sus hijos e hijas con
programas educativos uniformes, porque nada hay que los diferencie en el punto
de partida (Pinker, Tabla rasa, 2003). Llama la atención, sin embargo, la
radicalidad de quienes –en aparente contradicción con la teoría dominante
(tabla rasa) hoy consideran que todo es neurología y entienden como puramente
determinadas por nuestro cerebro las capacidades del aprendizaje humano y
presentan como inútiles para generar cambios esenciales la actuación educativa
que se oponga a lo ahí prefijado. El cerebro no sería una pura plasticidad
sobre la que escribir, sino que determinaría lo escribible. ¿Y entre los dos
extremos?domingo, 10 de diciembre de 2017
Todo cambia
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| Noche en Cáceres |
En nuestra propia historia
cambiamos. Cambian sentimientos y afectos, de modo fluctuante y poco
controlable. Cambian nuestras opiniones políticas y nuestras convicciones
religiosas. Cambia también nuestro modo de mirar y ver, de juzgar a otras
personas. Toda esa capacidad de cambio es una energía profundamente humana que
nos ha ayudado a sobrevivir como especie y nos permite adecuarnos como personas
ante las condiciones cambiantes de la realidad. Ese cambio, por supuesto, lo
podemos trabajar. Si no lo elaboramos, se convierte en “vida líquida” (Bauman),
en ocasión para los piratas (Innerarity) o en fanatismo totalitario (Arendt). Sartre afirma que no tenemos excusa: somos
responsables. Pero es cierto que en la vida observamos como casi todo, incluso
lo que resulta del esfuerzo, se recibe como don (gratuidad).
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