Nuestro
sistema nos hace introyectar la autoexplotación como autoperfeccionamiento
(Byung-Chul). Creemos crecer cuando solo nos acomodamos al tamaño en el que el
modelo nos necesita. Si no nos adecuamos, se nos expulsa. En términos
temporales, quedamos obsoletos. Por eso, la cualidad más apreciada es la que permite romper el compromiso
(Bauman). Eso es libertad: la reactividad automática e inmanente frente a la
propia caducidad. Kierkegaard apunta a la posibilidad. Mira hacia adelante con
sobrecogimiento. Evita el regateo siempre posible ante lo real cambiante y
finito. Propone un aprendizaje, una educación, desde la posibilidad trascedente
y la angustia de estar ante lo innegociable. La posibilidad y su angustia no
son la consecuencia de la finitud (caducidad) sino de la trascendencia. La
respuesta no es el acomodamiento en la finitud, sino la fe.
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lunes, 18 de junio de 2018
Finitud y fe
Nuestro
sistema nos hace introyectar la autoexplotación como autoperfeccionamiento
(Byung-Chul). Creemos crecer cuando solo nos acomodamos al tamaño en el que el
modelo nos necesita. Si no nos adecuamos, se nos expulsa. En términos
temporales, quedamos obsoletos. Por eso, la cualidad más apreciada es la que permite romper el compromiso
(Bauman). Eso es libertad: la reactividad automática e inmanente frente a la
propia caducidad. Kierkegaard apunta a la posibilidad. Mira hacia adelante con
sobrecogimiento. Evita el regateo siempre posible ante lo real cambiante y
finito. Propone un aprendizaje, una educación, desde la posibilidad trascedente
y la angustia de estar ante lo innegociable. La posibilidad y su angustia no
son la consecuencia de la finitud (caducidad) sino de la trascendencia. La
respuesta no es el acomodamiento en la finitud, sino la fe.domingo, 13 de mayo de 2018
Negatividad y belleza
El
sobrecogimiento se sustituye por lo perfecto en la actual visión de lo bello
(Byung-Chul, “La salvación de lo bello”). El aeropuerto pulido, la piel
depilada, el smarphone liso triunfan en la cultura que no tolera lo negativo:
debemos ser perfectos, automejorados para el mundo, el mercado, la pareja, la
familia, las amistades. Lo inesperable, no domesticable… se disuelve rechazando
toda negatividad. Pero la vida es calvario, cruz, tumba. La belleza del bosque
no es su perfección, si nos resulta sublime un paisaje montañoso no se trata de
una belleza pulcra. La belleza de una persona, más allá del atractivo del
momento, aburre si se sostiene de perfección. En la realidad, lo bello que
sobrecoge no soporta el “me gusta” de la fotografía de facebook. Lo bello
sublime está de la mano de una historia que está llena de dolor. Es ahí donde
Loyola ve a Dios que trabaja.
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