Simone de Beauvoir tiene voz filosófica propia. Aparece entrelazada con la de su compañero de vida (“somos almas gemelas”, dirá ella) Jean Paul Sartre. Es un trabajo colaborativo de mutua influencia. Ella aterriza muchas de las ideas que él conceptualiza. Cristina Sánchez Muñoz (“Del sexo al género”, 2016) la presenta como promotora de una corriente, el feminismo, en la que deja un legado que no puede ser dado por finiquitado hoy. Resuena su sentencia “no se nace mujer” como cabeza de playa de una batalla, la de género, que aparece en la obra de Cordelia Fine (“Cuestión de sexos”, 2010) o, mucho antes, en 1990, en “El género en disputa” de Judith Butler. De Beauvoir mira a la mujer desde la intuición básica del movimiento existencialista: en el ser humano, “la existencia precede a la esencia”. No se es sino lo que se decide y se trabaja ser. Así, aquella niña de la burguesía, nacida para el matrimonio y la familia, antepuso su decisión de ser una autora reconocida. Ella se construye: “yo siempre quise conocerlo todo: la filosofía me permitiría alcanzar este deseo”.
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martes, 4 de junio de 2019
No se nace mujer
Simone de Beauvoir tiene voz filosófica propia. Aparece entrelazada con la de su compañero de vida (“somos almas gemelas”, dirá ella) Jean Paul Sartre. Es un trabajo colaborativo de mutua influencia. Ella aterriza muchas de las ideas que él conceptualiza. Cristina Sánchez Muñoz (“Del sexo al género”, 2016) la presenta como promotora de una corriente, el feminismo, en la que deja un legado que no puede ser dado por finiquitado hoy. Resuena su sentencia “no se nace mujer” como cabeza de playa de una batalla, la de género, que aparece en la obra de Cordelia Fine (“Cuestión de sexos”, 2010) o, mucho antes, en 1990, en “El género en disputa” de Judith Butler. De Beauvoir mira a la mujer desde la intuición básica del movimiento existencialista: en el ser humano, “la existencia precede a la esencia”. No se es sino lo que se decide y se trabaja ser. Así, aquella niña de la burguesía, nacida para el matrimonio y la familia, antepuso su decisión de ser una autora reconocida. Ella se construye: “yo siempre quise conocerlo todo: la filosofía me permitiría alcanzar este deseo”.domingo, 2 de junio de 2019
Tiempo, sentido, Éxodo
Frente a un mundo en el que se suceden los instantes, Heidegger propone, en un primer momento de su filosofar, la historia. Anclada en la narración histórica, toda actividad sucede en el tiempo con un sentido, un antes y un después con su fin por alcanzar. Pero el historicismo sufre la denuncia del racionalismo crítico (Popper), también del estructuralismo (la importancia de la sincronía frente a la diacronía) y claudica con la experiencia política del nazismo, el desarrollismo y el socialismo real, a los que Peter Berger denominará “pirámides de sacrificio”. Heidegger procede a deshistorizar el tiempo y lo ancla en el “sí-mismo” que permanece y dura mientras es fiel y que se disuelve y se convierte en un “perder el tiempo” cuando se esclaviza a las cosas de cada día. Loyola entiende el tiempo como relación que aboca a la inmediatez de la Presencia: Dios. Y propone ordenar todo lo demás al “alabar, hacer reverencia y servir”. El sentido no está en el sí-mismo, sino en el éxodo del sí-mismo.
domingo, 12 de mayo de 2019
El tiempo y la muerte de Dios
Subraya Byung-Chul Han (“El aroma del tiempo”, 2009) que, con la muerte de Dios, Nietzsche vacía de consistencia el tiempo, por más que trate de recuperarla con su eterno retorno de siempre lo mismo. Ese vaciamiento se vive hoy con la apariencia de la aceleración: todo se fuga, sin un destino, sin meta ni heredero (por más que el propio Nietzsche alude a ambos conceptos en su intento de dar consistencia a nuestro camino hacia la muerte). El existencialismo propuso la vida como una auto construcción libre: una meta y un heredero. Los estructuralismos muestran la impertinencia de la diacronía, que se resuelve en un no tiempo (sincronía) puesto que el determinismo lo ordena todo. Hoy, la vivencia, fugaz y sin historia, sustituye a la experiencia, que necesita tiempo. Así afecta a la verdad: queda reducida a lo vivenciado en cada momento, prácticamente independiente de lo realmente experimentado en el tiempo que dura. Quevedo mira al final de sus días con una poderosa carga nihilista. Sin embargo, acaba proponiendo que aquel polvo en el que se resuelve su vida, es polvo enamorado, y aquella ceniza tiene sentido.
domingo, 7 de abril de 2019
El cansancio
¿Es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad propio
de nuestro tiempo? Frankl (“El hombre en busca de sentido”, 1945) pinta, tras
la guerra, la neurosis de la ausencia de sentido. Es hijo de los
existencialismos. El final de la metafísica, el holocausto, el conocimiento
científico, la pequeñez de nuestras metas, la inercia del día a día llevan a la
neurosis noógena. La terapia es un éxodo de sí mismo, una trascendencia hacia
la otra persona, la otra realidad natural y, en última instancia, lo Otro
Absoluto que no se explica, que se alaba, se respeta, se sirve. El siglo XXI
inventa el coaching que hace de toda actividad la más eficiente. En “La
sociedad del cansancio” (2010), Byung-Chul ve una depresión por exceso de
sentido: todo es alcanzable, todo deviene propio. Nada hay fuera, extraño,
solemne. No es posible el Éxodo. No hay sito para el fracaso. Sólo cabe el
cansancio.
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domingo, 4 de noviembre de 2018
El espectáculo
Para
Heidegger y los existencialismos somos para la muerte. López Yarto S.J., en los
pasillos de Comillas (1984), asegura al alumnado novel filósofo: “el
existencialismo es una neurosis”. Atribuye los orígenes de la patología al
trauma de la sangrienta historia del siglo XX. Eco advierte que la muerte se ha
fugado de nuestras vidas. Recuerdo a la anciana Maricela diciendo como últimas
palabras “arajai, están toitos los míos”. Eco tiene delante los entubamientos
de las UCI y la muerte que, en los medios, se torna espectáculo, ya sea a modo
de ficción, ya sea en el hiperrealismo de las noticias que filman la explosión
y los cadáveres de la guerra. Nuestro día de los difuntos nos anima a visitar
una tumba que propone los recuerdos y el acompañamiento amable de quienes nos
preceden en la historia. Halloween es otra cosa: caramelos, juego, terror y diseño.lunes, 8 de octubre de 2018
Infierno
Nacemos y vivimos en un mundo dado y somos
diferentes a la piedra (resiste), al objeto (consiste), al animal (subsiste).
Sartre entiende que sólo el ser humano ex-siste: tiene conciencia de su ser
(Goñi, “Las narices…”, 2008. Satre permanece fiel a su libertad desfondada
(Sloterdijk, “Temperamentos…”, 2010).
Asegura que la ausencia de Dios nos hace libres: nadie ha trazado un
plan para nuestra vida. Imagina, eso sí, a ese Dios como un arquitecto en su
estudio o un artesano en su taller. La gracia y la libertad, equilibrio buscado
en otros pensamientos, se descompensa a favor de esta última y la persona, en
vez de creada en gracia (el mundo dado y nuestras cualidades) es arrojada al
mundo. La angustia emerge: en realidad, en nuestra conciencia hay un agujero
con forma de Dios. No lo pueden ocupar los otros que son, para Sartre, el
infierno.domingo, 22 de julio de 2018
La escuela personalista
Tras la crisis del 29, E. Mounier funda “Sprit” y promueve la
corriente personalista. ¿Es la persona conceptualmente suficiente para montar
una tradición filosófica? Paul Ricouer defiende que con Mounier murió el
personalismo como tradición filosófica. Cree que su legado está en la
incorporación de cierto ambiente filosófico personalista a las tradiciones
políticas, culturales y religiosas de la segunda mitad del siglo XX. Sin
embargo, el poderío de otras cuatro grandes corrientes (marxismo,
existencialismo, estructuralismo y neopositivismo) habrían demostrado cierta
debilidad conceptual del personalismo, diluido en la cultura, pero sin discurso
académico potente. Piensa Goñi (“Las narices de los filósofos”, 2009) que el
personalismo, sin ser un sistema, queda como una filosofía con muchas
variantes: Marcel, Levinas, Stein, Zubiri, Díaz…
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martes, 10 de abril de 2018
Tristes trópicos
En 1956,
en “Tristes trópicos”, Levi-Strauss, que traduce el método del estructuralismo
lingüístico al análisis cultural, deja escrito: “El mundo comenzó sin el hombre
y acabará sin él”. Es como un cierre lapidario para el existencialismo
comprometido de J.P. Sartre, que una década antes proclama: “El existencialismo
es un humanismo”. El compromiso comunista de Sartre choca con la primavera de
Praga y el terror staliniano. Levi-Strauss no cree que la historia avance,
tampoco piensa que la lucha de clases tenga un papel decisivo en el progreso
humano. Foucault, desde un estructuralismo epistemológico, contempla la
política como oportunidad para transgresión y enfrentamiento. Declina el
existencialismo y se hace hueco para un pensamiento que deconstruye
instituciones y valores sin necesidad de afirmar opciones: amanece lo
postmoderno.miércoles, 7 de febrero de 2018
De la mano
Todo comenzó con un rumor: vive
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En Radio ECCA
Para la Escuela de Frankfurt, la filosofía de su tiempo aboca a una contraposición equivocada: la filosofía conceptual científica y la filosofía existencialista que acaba en la irracionalidad. La deriva nacional socialista de Heidegger es, a ojos de Adorno, no más que una consecuencia de su posicionamiento filosófico. Farina (“Adorno”, 2016) señala los itinerarios paralelos: romanticismo, existencialismo, nacionalismo, de una parte; ilustración, conceptualismo, capitalismo, del otro. Quizás hoy seamos testigos de la fusión de ambos itinerarios: el fin de las ideologías se prolonga en el final de los grandes relatos, adiós a la Verdad y al reino del pensamiento débil (Gianni Vattimo). Por otro lado, el final del marxismo real (URSS) parece dar la razón a los que no ven alternativa al capitalismo. Hoy capitalismo y pensamiento débil parece que van de la mano.
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lunes, 15 de enero de 2018
Conocimiento tomista
Para Tomás
de Aquino el conocimiento es de la esencia de las cosas, no tanto de lo que
cada cosa muestra. La imagen de cada cosa concreta se aprehende, pero si la
conocemos es porque captamos su esencia, es el proceso por el que reconocemos
la esencia a lo que llama conocimiento.
Así, la existencia –lo que cada cosa muestra- es posterior a la esencia
de la cosa. Los existencialismos dan la vuelta a esta visión. En realidad,
nuestro existir concreto precede a cualquier esencia de lo que somos. El
hombre, masculino, no es una esencia que concreta en una existencia. Es una
generalización a partir de la experiencia factual de un modo concreto de
existir. El estructuralismo le da otra
vuelta: en realidad cada cosa concreta y su existir fáctico es el resultado de
las relaciones estructurales y rígidas que se dan en nuestro mundo. ¿Volvemos a
Tomás?viernes, 5 de enero de 2018
La sonrisa de Sísifo
Camus cree la sonrisa de Sísifo (1942). Baja la montaña
satisfecho, no por el resultado –la piedra rueda la ladera hasta el pie-, sino
por su decisión de afrontar su tarea. Sartre asegura, ante la tortura nazi, que
el preso puede optar por el propio dolor y no denunciar al compañero de
resistencia. ¿Qué queda del heroísmo existencialista tras años de pensamiento
débil y postmodernidad (Vattimo)? En primer lugar, queda la realidad cotidiana
de las heroínas, los héroes que cuidan, trabajan, educan, se esfuerzan. Un
cierto descreimiento nos acompaña, pero en esa realidad no dan lo mismo las
elecciones que hacemos. Escucho a Javier Montes SJ, que vive y trabaja para
quienes vienen del sur, en Nador, junto a la valla de Melilla. Seguirán
saltando porque tienen algo que darnos: a este lado quizás olvidamos el
esfuerzo de libertad y el amor de Dios.
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lunes, 1 de enero de 2018
Tránsito
Hacia la muerte como tránsito a la luz y la vida de otro modo
apunta Fernando Cordero SS.CC. En “El tren azul”, un pliego de la revista Vida
Nueva de finales de 2017. Subraya
Cordero la connaturalidad de la muerte y el carácter contracultural de quien
pretenda ponerla como asunto del que hablar y ante el que quedarse. No se trata
de que las palabras ocupen todo el espacio, puesto que el silencio es oportuna
compañía cuando hay que “acompañar en el sentimiento”. Acompañar que no es
sustituir. Acompañar que no es distraer o divertir. Parece que hemos recorrido
largo trecho, desde el “ser para la muerte” de los existencialistas de la
postguerra europea –tanta muerte en los caminos- a la ausencia de la muerte en
el pensamiento ligero o a la espiritualización de la misma hasta extremos
irreconocibles. Y de hecho, empezamos a morir al nacer.
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