Mostrando entradas con la etiqueta Levi-Strauss. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Levi-Strauss. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de abril de 2019

Dionisos

La idea de que el mundo es un cosmos (orden) y no un caos se la debemos a la cultura helena y a cierta tradición bíblica (al principio era un caos, pero el espíritu aleteaba sobre las aguas). Grecia tiene a Dionisos, que no solo apunta hacia el gozo y el éxtasis, sino que también mira a la contradicción y el desorden. Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de toda metafísica y del idealismo alemán. La verdad es que somos nada, indica haciendo suya la conclusión de la tragedia griega (somos la hierba que pasó, dirá el salmista). Levi-Strauss se vive como inventariador de instituciones contingentes que están por desaparecer. No quedará siquiera el sujeto de su memoria, ni arqueología que lo rescate.  El mundo conmienza sin humanidad, sin ella acabará. Nietzsche establece ahí el punto. Ni borrachos podemos aceptar la verdad.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Búsqueda sin término

En conferencia pronunciada en 1958, Popper invita a los escuchantes a no admitir crédulamente su reflexión. Asegura que no es un profeta de un nuevo rumbo en la filosofía. Defiende que la discusión crítica hace grande al pensamiento y a la persona: “La postura razonable, racional, crítica, sólo será el resultado de la crítica de otros y que uno sólo puede llegar a la autocrítica por medio de la crítica de otros”. No convierte esto a la filosofía en una mera conversación (Rorty). Tampoco en una expresión sin más de la cultura en la que se plasma (Levi-Strauss). Es probable que la personalidad y los modos de los filósofos estructuralistas y postestructuralistas parezcan en ocasiones el trabajo de “pensadores temerarios” que buscan el aplauso, el escándalo o, directamente, la publicidad. “Búsqueda sin término”, titula Popper a su autobiografía en 1976.

domingo, 29 de julio de 2018

Vanidad


Que el mundo es cosmos (orden) y no caos viene de Grecia (verdad es que cierta tradición bíblica colabora: al principio era un caos, pero el Espíritu aleteaba sobre las aguas). Los griegos y su orden, sin embargo, tienen a Dionisos, que apunta hacia el gozo y el éxtasis, pero también a contradicción y desorden. Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de la metafísica y el idealismo alemán. La verdad es que somos nada. Nietzsche asume la conclusión de la tragedia griega (“…un ayer que pasó”, dice la Biblia). Levi-Strauss se vive como inventario contingente de instituciones que han de desaparecer y para las que no quedará siguiera un sujeto de memoria, un arqueólogo de rescate: el mundo comenzó sin el hombre y acabará sin él. Solo borrachos podemos aceptar la verdad. Vanidad de vanidades, todo vanidad.

martes, 10 de abril de 2018

Tristes trópicos

En 1956, en “Tristes trópicos”, Levi-Strauss, que traduce el método del estructuralismo lingüístico al análisis cultural, deja escrito: “El mundo comenzó sin el hombre y acabará sin él”. Es como un cierre lapidario para el existencialismo comprometido de J.P. Sartre, que una década antes proclama: “El existencialismo es un humanismo”. El compromiso comunista de Sartre choca con la primavera de Praga y el terror staliniano. Levi-Strauss no cree que la historia avance, tampoco piensa que la lucha de clases tenga un papel decisivo en el progreso humano. Foucault, desde un estructuralismo epistemológico, contempla la política como oportunidad para transgresión y enfrentamiento. Declina el existencialismo y se hace hueco para un pensamiento que deconstruye instituciones y valores sin necesidad de afirmar opciones: amanece lo postmoderno.

jueves, 22 de marzo de 2018

Antihumanismo - Posthumanismo

En “Las palabras y las cosas” (1966), Foucault extiende al conjunto de las ciencias humanas el método de la arqueología ya usado con la locura y la medicina. El carácter humano de las ciencias es construcción relativamente reciente: la modernidad. Por tanto, previsiblemente efímero: como un rostro sobre la arena de la playa. Así, colabora con el objetivo de Levi-Strauss: disolver lo humano en lo no humano. El lenguaje no es tarea humana, sino que lo humano es tarea del lenguaje. El hombre es el lugar en el que habla la cultura. Si en teología decimos que el cristianismo es un humanismo, entonces deberemos preguntar qué queda de la fe si se disuelve el sujeto humano tal y como lo hemos construido en la modernidad. ¿Es posible un cristianismo como post-humanismo? Se exploran respuestas en torno a la presencia de lo absolutamente Otro.