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domingo, 29 de julio de 2018

Vanidad


Que el mundo es cosmos (orden) y no caos viene de Grecia (verdad es que cierta tradición bíblica colabora: al principio era un caos, pero el Espíritu aleteaba sobre las aguas). Los griegos y su orden, sin embargo, tienen a Dionisos, que apunta hacia el gozo y el éxtasis, pero también a contradicción y desorden. Nietzsche ve en esta divinidad helena la mejor versión de lo real, lejos de la metafísica y el idealismo alemán. La verdad es que somos nada. Nietzsche asume la conclusión de la tragedia griega (“…un ayer que pasó”, dice la Biblia). Levi-Strauss se vive como inventario contingente de instituciones que han de desaparecer y para las que no quedará siguiera un sujeto de memoria, un arqueólogo de rescate: el mundo comenzó sin el hombre y acabará sin él. Solo borrachos podemos aceptar la verdad. Vanidad de vanidades, todo vanidad.

lunes, 9 de abril de 2018

Arqueología del saber


Foucault es el autor de “Las palabras y las cosas” (1966) y de “La arqueología del saber” (1969). La última explica el método de su obra anterior: analiza el proceso de construcción de un “objeto” de una “ciencia” (psiquiatría, medicina o, en su obra del 66, ciencias humanas). Parece poner en paralelo aparición de la ciencia con construcción de su objeto. Así, las ciencias humanas aparecen en el siglo XIX y el concepto de “hombre” es coetáneo. La enfermedad es construcción cultural. Hereda la mirada estructuralista, en la que se contraponen opuestos, para mostrar la estructura rígida que subyace.  Lilla, en “Pensadores temerarios”, sostiene que Foucault pareció incapaz de distinguir entre el hecho biológico del SIDA y la construcción social que lo envuelve. Su pensar y su vivir habitan junto a experiencias fronterizas. ¿En qué sentido su morir da significado a su pensar?

sábado, 31 de marzo de 2018

La muerte de Dios, la muerte del "hombre"


En una simplificación propia del género (teleserie), un minero pregunta a un predicador evangélico que advierte contra la codicia: “Si Dios no quisiera que nos enriqueciéramos con las piedras doradas, ¿para qué las puso en el suelo?” En esa teología del sentido común, el ser humano sería el señor de referencia de todo lo creado. Así, el “…dominad la tierra”, mandato del Génesis, se interpretaría en esa dirección: el hombre como medida de todas las cosas. Esa prioridad de lo humano se acentúa en la cultura occidental con la crisis de la referencia trascendente y la entronización de la diosa “Razón”. Sin embargo, el propio desarrollo de la misma descentra al ser humano. A la muerte de Dios parece seguirle la muerte del ser humano. Quizás entonces descubramos que el dios que ha muerto era solo la proyección que de Él se hizo la humanidad.