Que el mundo es cosmos (orden) y no caos viene de Grecia
(verdad es que cierta tradición bíblica colabora: al principio era un caos,
pero el Espíritu aleteaba sobre las aguas). Los griegos y su orden, sin
embargo, tienen a Dionisos, que apunta hacia el gozo y el éxtasis, pero
también a contradicción y desorden. Nietzsche ve en esta divinidad helena la
mejor versión de lo real, lejos de la metafísica y el idealismo alemán. La
verdad es que somos nada. Nietzsche asume la conclusión de la tragedia griega
(“…un ayer que pasó”, dice la Biblia). Levi-Strauss se vive como inventario
contingente de instituciones que han de desaparecer y para las que no quedará
siguiera un sujeto de memoria, un arqueólogo de rescate: el mundo comenzó sin
el hombre y acabará sin él. Solo borrachos podemos aceptar la verdad. Vanidad
de vanidades, todo vanidad.
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domingo, 29 de julio de 2018
Vanidad
Que el mundo es cosmos (orden) y no caos viene de Grecia
(verdad es que cierta tradición bíblica colabora: al principio era un caos,
pero el Espíritu aleteaba sobre las aguas). Los griegos y su orden, sin
embargo, tienen a Dionisos, que apunta hacia el gozo y el éxtasis, pero
también a contradicción y desorden. Nietzsche ve en esta divinidad helena la
mejor versión de lo real, lejos de la metafísica y el idealismo alemán. La
verdad es que somos nada. Nietzsche asume la conclusión de la tragedia griega
(“…un ayer que pasó”, dice la Biblia). Levi-Strauss se vive como inventario
contingente de instituciones que han de desaparecer y para las que no quedará
siguiera un sujeto de memoria, un arqueólogo de rescate: el mundo comenzó sin
el hombre y acabará sin él. Solo borrachos podemos aceptar la verdad. Vanidad
de vanidades, todo vanidad.
Etiquetas:
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Vanidad
domingo, 10 de junio de 2018
Desorden
El pecado es para Loyola desorden. Desorden de conducta y espíritu
cuando apunta a su propio querer e interés y olvida la alabanza, la reverencia
y el servicio. Si “venimos en soberbia”, si “somos” el centro del mundo,
entonces metemos en la realidad una dinámica destructiva y contagiosa. Es el
daño: la persona justa cuelga de la cruz. No basta a Loyola una explicación a
la socrática: puro desconocimiento del bien. Pero tampoco ignora la enorme
carga de afecciones que impiden ver lo real. Kierkegaard, en “El concepto de
angustia” apunta al pecado como un no lugar no conceptualizable. Tampoco es una
mera no presencia (vg.: ausencia del amor), puesto que tiene densidad propia.
No cabe en ninguna de las ciencias, ni siquiera en la ética. Señala hacia un
evento relacional, hacia la mismísima ruptura de la relación. No es un no
saber. ¿Es un no ser?
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