“Vencida de la edad sentí mi espada”, canta Quevedo en quejumbroso soneto. Señala el paso del tiempo al recorrer el último trecho. Tema propio de la poesía que se plasma magnífico en Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir…”. Parece situarse en esa estela Heidegger: asegura que somos para la muerte. Pero hoy, señala Byung-Chul Han, es una muerte desprovista de significado. No es el final de nada, se nos dice, porque si después es nada, lo previo también lo es. En Manrique perdura la memoria; en Quevedo “serán cenizas, mas tendrán sentido”. En nuestra cultura, una insignificante fracción de un tiempo inabarcable que se mide en miles de millones de años. Menos de una fracción de segundo en escala anual. Situada la humanidad en el pálido azul de un punto en un rincón perdido de una galaxia más bien mediana entre cientos de miles. Nada. Salvo que el misterio de luz habite en la trascendencia: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, confiesa Hipona.
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
jueves, 9 de mayo de 2019
domingo, 8 de julio de 2018
Nacionalismos poéticos
Asegura Žižeck que “vivimos una era que se cree
postideológica”. Esa convicción da alas a los nacionalismos poéticos. Poético
porque muchos escritores de versos lo alientan y justifican. Si no hay
ideología se impone el corazón (otra ideología) y la poesía. “El que no tenga
pan será alimentado por la luz de mi sol”, proclama el carnicero Karadzick y
concluye: “Gente, no hay nada prohibido en mi fe”. El coro de poetas y
poetizas de las patrias nos hace soñar con el paraíso donde las cosas las
decidan los nuestros y sirvan para reforzar nuestras cosas. Las nuestras, no
las de todas y todos. Pero se ofrecen universalmente a condición de que se
hagan de los nuestros. Muchas veces el amor (palabra grande) se invoca en esta
poesía: del amor al pueblo (nuestro) al amor al caudillo (nuestro)… y al final,
la matanza o la asimilación. jueves, 18 de enero de 2018
Esperanza y estadísticas
La
generación literaria de la Postguerra ve en nuestras ciudades cementerios
organizados: “Madrid es una ciudad de
más de millón y medio de cadáveres (según las últimas estadísticas)”,
canta el autor de “Hijos de la ira” (Dámaso, 1945). Esos cuerpos son, en perspectiva
de Unamuno (padre de todas las preguerras), “también de barro”, como las
paredes de cualquier cementerio. Frankl, arrastrándose helado por los campos de
Auschwitz sobrevive y crece contemplando fugaz el rostro amado: “Sólo el amor
nos salva”, exclama. Joseph Moingt SJ afirma la historicidad actual del Cristo
porque tiene una tarea pendiente, inacabada. Esta tarea es la liberación. No es
el optimismo el padre de la esperanza. Hay en esa palabra algo de pura
innovación inesperada, capaz de hacer de nuestras ciudades algo más que los
datos de las últimas estadísticas.
Etiquetas:
Amor,
Auschwitz,
Cementerio,
Ciudad,
Cristo,
Dámaso,
Esperanza,
Estadística,
Frankl,
Historia,
Innovación,
Liberación,
Literatura,
Madrid,
Moingt,
Optimismo,
Poesía,
Postguerra,
Salvación,
Unamuno
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

