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domingo, 8 de abril de 2018

Teología y política

Benjamín sólo critica a Stalin tras el pacto con Hitler (Lilla, en “Pensadores temerarios”).  Su marxismo es, para su amigo Scholem, la historia de un “teólogo extraviado en el reino de lo profano”. Benjamín piensa desde la teología y la literatura. Su crítica literaria es la visión de la verdad que sería inaprensible incluso para el creador literario. ¿Encuentra en el materialismo un texto literario que comentar? Lo cierto es que el socialismo real no resiste su mirada; ni tampoco los marxistas (Brecht) entienden su trabajo: sigue haciendo teología. Para el teólogo Scholem, Benjamín trata de unir teología y política: el marxismo necesita la teología para desechar la fe en el progreso científico y abrir “cada segundo de tiempo” al lugar por el que entra el Mesías.  ¿Estaba convencido de que la pretensión teológica de salvación se puede acelerar mediante la acción política? 

lunes, 19 de marzo de 2018

A navegar

Comienza Morey, su “Foucault y Derrida” (2015) con una descripción del programa del pensamiento francés del siglo XX:  unir concepto y existencia, una filosofía para la vida, pensamiento y comportamiento de la mano (incluida la política), recuperar al sujeto y escribir filosofía como literatura. Dos observaciones a partir de otras lecturas: la primera es cierta sensación de que tanta literatura pueda reducir la filosofía a conversación (Rorty) o a una exposición sin rigor (Sokal-Bricmont): aunque sea sugerente y parezca ayudar al vivir, ¿no devuelve al ambiente de los sofistas? Por otro lado, a partir de la lectura de Byung-Chul, en la segunda década del siglo XXI, se puede decir que lo conseguido es la expulsión de lo distinto, el acento en lo vacío, la sustitución de lo bello (sublime) por lo pulido (liso) y la bulla del enjambre. A navegar, diría Bauman.

jueves, 18 de enero de 2018

Esperanza y estadísticas

La generación literaria de la Postguerra ve en nuestras ciudades cementerios organizados: “Madrid es una ciudad de  más de millón y medio de cadáveres (según las últimas estadísticas)”, canta el autor de “Hijos de la ira” (Dámaso, 1945). Esos cuerpos son, en perspectiva de Unamuno (padre de todas las preguerras), “también de barro”, como las paredes de cualquier cementerio. Frankl, arrastrándose helado por los campos de Auschwitz sobrevive y crece contemplando fugaz el rostro amado: “Sólo el amor nos salva”, exclama. Joseph Moingt SJ afirma la historicidad actual del Cristo porque tiene una tarea pendiente, inacabada. Esta tarea es la liberación. No es el optimismo el padre de la esperanza. Hay en esa palabra algo de pura innovación inesperada, capaz de hacer de nuestras ciudades algo más que los datos de las últimas estadísticas.