La amistad entre Gershon Scholem y Walter Bejamin nace cuando el primero es, en términos actuales, un menor (17 años) y el segundo es ya un joven adulto (23). La historia de esa amistad queda narrada en el libro que en 1975 escribiera el primero con el título “Walter Benjamin. Historia de una amistad”. Desde el comienzo, la amistad les traba. Tres motivos encuentra el narrador para explicarla: la búsqueda inquebrantable de una espiritualidad, el rechazo a la asimilación que vivía la comunidad judía de la preguerra (1914) y la convicción de la necesidad de la metafísica. Buena parte de la labor de la filosofía del siglo XX y este inicio del XXi ha querido plantearse como una triple de-construcción: la de Dios, la de la metafísica y la de lo humano. Como consecuencia, el sentido ha devenido en pregunta utilitarista (¿para qué sirve?). La cultura de masas de nuestros días, aunque es más individualista no es, sin embargo, más personalista. La amistad forjada en los inicios del siglo pasado entre Scholem y Benjamin, sigue necesitando hoy de espiritualidad, de resistencia y de metafísica.
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jueves, 30 de mayo de 2019
Amistad y metafísica
La amistad entre Gershon Scholem y Walter Bejamin nace cuando el primero es, en términos actuales, un menor (17 años) y el segundo es ya un joven adulto (23). La historia de esa amistad queda narrada en el libro que en 1975 escribiera el primero con el título “Walter Benjamin. Historia de una amistad”. Desde el comienzo, la amistad les traba. Tres motivos encuentra el narrador para explicarla: la búsqueda inquebrantable de una espiritualidad, el rechazo a la asimilación que vivía la comunidad judía de la preguerra (1914) y la convicción de la necesidad de la metafísica. Buena parte de la labor de la filosofía del siglo XX y este inicio del XXi ha querido plantearse como una triple de-construcción: la de Dios, la de la metafísica y la de lo humano. Como consecuencia, el sentido ha devenido en pregunta utilitarista (¿para qué sirve?). La cultura de masas de nuestros días, aunque es más individualista no es, sin embargo, más personalista. La amistad forjada en los inicios del siglo pasado entre Scholem y Benjamin, sigue necesitando hoy de espiritualidad, de resistencia y de metafísica.domingo, 8 de abril de 2018
Teología y política
Benjamín
sólo critica a Stalin tras el pacto con Hitler (Lilla, en “Pensadores
temerarios”). Su marxismo es, para su
amigo Scholem, la historia de un “teólogo extraviado en el reino de lo
profano”. Benjamín piensa desde la teología y la literatura. Su crítica
literaria es la visión de la verdad que sería inaprensible incluso para el
creador literario. ¿Encuentra en el materialismo un texto literario que
comentar? Lo cierto es que el socialismo real no resiste su mirada; ni tampoco
los marxistas (Brecht) entienden su trabajo: sigue haciendo teología. Para el
teólogo Scholem, Benjamín trata de unir teología y política: el marxismo
necesita la teología para desechar la fe en el progreso científico y abrir
“cada segundo de tiempo” al lugar por el que entra el Mesías. ¿Estaba convencido de que la pretensión
teológica de salvación se puede acelerar mediante la acción política?
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