Como criatura que patalea y llora ante el deseo no satisfecho, en una sociedad de la infantofilia, protestamos y lloramos como si el mundo entero tuviera que responder ante cada frustración que nos asalta. Afirmaba Adolfo Chércoles, en conversación tranquila, que cada persona tiene siempre motivos para desertar. No usaba una expresión suave (del tipo “cada cual tiene motivos para elegir otro camino”). La palabra “desertar”, con toda su carga semántica de reproche, nos habla de responsabilidades abandonadas, de opciones traicionadas. Ser adulto es elegir y asumir. La infancia parece permitir elegir sin límites porque de nada respondo y si, finalmente, no satisfago mi capricho, siempre me queda la oportunidad de protestar ante la injusticia y en elegirnos víctimas del sistema. Con tal de no afrontar nuestras responsabilidades, juzgamos a los jueces y elegimos la irresponsabilidad. Para nuestra cultura, crecer es decaer (Bruckner, “La tentación de la inocencia”, 1995. La edad madura, lejos de ser el momento cumbre en el que la sabiduría del tiempo acumulado nos invade, se ha convertido en la antesala de la decrepitud.
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miércoles, 15 de mayo de 2019
Crecer es decaer
Como criatura que patalea y llora ante el deseo no satisfecho, en una sociedad de la infantofilia, protestamos y lloramos como si el mundo entero tuviera que responder ante cada frustración que nos asalta. Afirmaba Adolfo Chércoles, en conversación tranquila, que cada persona tiene siempre motivos para desertar. No usaba una expresión suave (del tipo “cada cual tiene motivos para elegir otro camino”). La palabra “desertar”, con toda su carga semántica de reproche, nos habla de responsabilidades abandonadas, de opciones traicionadas. Ser adulto es elegir y asumir. La infancia parece permitir elegir sin límites porque de nada respondo y si, finalmente, no satisfago mi capricho, siempre me queda la oportunidad de protestar ante la injusticia y en elegirnos víctimas del sistema. Con tal de no afrontar nuestras responsabilidades, juzgamos a los jueces y elegimos la irresponsabilidad. Para nuestra cultura, crecer es decaer (Bruckner, “La tentación de la inocencia”, 1995. La edad madura, lejos de ser el momento cumbre en el que la sabiduría del tiempo acumulado nos invade, se ha convertido en la antesala de la decrepitud.miércoles, 13 de diciembre de 2017
No el mucho saber
En el “Diccionario de
Espiritualidad” (2007), Adolfo Chércoles propone la voz “Conocimiento interno”.
Se trata de un concepto que aparece en los Ejercicios Espirituales de Loyola
con algunas características. Para empezar, es el resultado de una petición
(reconoce los límites) pero encomienda una tarea (contemplar, repetir, pasar
los sentidos). La tarea se encamina a superar la curiosidad inicial para
internalizar el conocimiento hasta hacerlo verdaderamente disponible. De este
modo, el conocimiento interno no es un sentimiento, pero tampoco una pura
construcción intelectual. Apunta a la estructura de la propia sensibilidad –en
espiritualidad cristiana, al seguimiento del modo de conocer del Cristo-. Se
sintetiza en aquella frase de Loyola: “No el mucho saber harta y satisface el
ánima, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”. sábado, 9 de diciembre de 2017
Conocimiento interno
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