Jean Paul Sartre usaba los términos “animismo” y “mala fe” para ese modo de comportamiento en el que atribuimos a las estructuras la causalidad de nuestras actuaciones y reclamamos una inocencia que elude nuestra responsabilidad ante los efectos (las víctimas) de nuestra conducta. Al final del siglo XX, Pascal Bruckner recupera la reflexión en “La tentación de la inocencia”, 1995. La traslada a la ciudadanía de la sociedad del capitalismo depredador -en el que hoy seguimos por más que cierta cultura trate de dar una pátina de cuidado medioambiental a nuestros comportamientos-. Bruckner nos dibuja bajo el síndrome de Peter Pan: nos empeñamos en permanecer en la presumible inocencia de la infancia y la irresponsabilidad mientras reclamamos derechos que exclusivamente pueden corresponder a las víctimas. Loyola, en el siglo XVI nos sitúa ante la víctima, el crucificado, y nos invita a responder de aquella situación: ¿qué he hecho? ¿Qué hago? ¿Qué haré? Ni es legítimo el disimulo ni cabe ponerse de perfil. Nos toca responder. Al fin y al cabo, es mucho, muchísimo, lo que hemos recibido.
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martes, 28 de mayo de 2019
Inocencia y mala fe
Jean Paul Sartre usaba los términos “animismo” y “mala fe” para ese modo de comportamiento en el que atribuimos a las estructuras la causalidad de nuestras actuaciones y reclamamos una inocencia que elude nuestra responsabilidad ante los efectos (las víctimas) de nuestra conducta. Al final del siglo XX, Pascal Bruckner recupera la reflexión en “La tentación de la inocencia”, 1995. La traslada a la ciudadanía de la sociedad del capitalismo depredador -en el que hoy seguimos por más que cierta cultura trate de dar una pátina de cuidado medioambiental a nuestros comportamientos-. Bruckner nos dibuja bajo el síndrome de Peter Pan: nos empeñamos en permanecer en la presumible inocencia de la infancia y la irresponsabilidad mientras reclamamos derechos que exclusivamente pueden corresponder a las víctimas. Loyola, en el siglo XVI nos sitúa ante la víctima, el crucificado, y nos invita a responder de aquella situación: ¿qué he hecho? ¿Qué hago? ¿Qué haré? Ni es legítimo el disimulo ni cabe ponerse de perfil. Nos toca responder. Al fin y al cabo, es mucho, muchísimo, lo que hemos recibido.
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miércoles, 15 de mayo de 2019
Crecer es decaer
Como criatura que patalea y llora ante el deseo no satisfecho, en una sociedad de la infantofilia, protestamos y lloramos como si el mundo entero tuviera que responder ante cada frustración que nos asalta. Afirmaba Adolfo Chércoles, en conversación tranquila, que cada persona tiene siempre motivos para desertar. No usaba una expresión suave (del tipo “cada cual tiene motivos para elegir otro camino”). La palabra “desertar”, con toda su carga semántica de reproche, nos habla de responsabilidades abandonadas, de opciones traicionadas. Ser adulto es elegir y asumir. La infancia parece permitir elegir sin límites porque de nada respondo y si, finalmente, no satisfago mi capricho, siempre me queda la oportunidad de protestar ante la injusticia y en elegirnos víctimas del sistema. Con tal de no afrontar nuestras responsabilidades, juzgamos a los jueces y elegimos la irresponsabilidad. Para nuestra cultura, crecer es decaer (Bruckner, “La tentación de la inocencia”, 1995. La edad madura, lejos de ser el momento cumbre en el que la sabiduría del tiempo acumulado nos invade, se ha convertido en la antesala de la decrepitud.martes, 23 de enero de 2018
El asesinato Prince Jones
El asesinato de Prince Jones corretea por las páginas de “Entre el mundo
y yo” (Ta-Nehisi Coates, 2015). Es el segundo libro de un joven
afronorteamericano que centra su trabajo periodista en el desencuentro racial.
El optimismo leería la actual situación racial como mejora respecto a lo vivido
en el pasado (Vg.: “La cabaña del tío Tom”, H.B. Stowe, 1.852) y apuntaría
convencido a un futuro todavía mejor. La esperanza leería las víctimas
olvidadas y las luchas fracasadas del pasado como origen de una libertad
precaria, no definitiva, no suficiente que exige mantener el compromiso. Coates
escribe a su hijo con el objetivo de que “seas un ciudadano consciente de este
mundo terrible y hermoso”. La madre de Jones, asesinado sin miramientos por un
policía que fue declarado inocente, lo dice con claridad: “Lo que lamento es
que esté muerto”.
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