Mostrando entradas con la etiqueta MacMillan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MacMillan. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2018

Los hechos y la historia

De la historia se hace uso y abuso (MacMillan, 2009). Señala Popper que más bien, lo que sucede, es que la Historia no existe (“Acerca de la historiografía y el sentido de la historia”, 1962).  Se trata, en primer lugar, de que existen diferentes “historias de…”, aunque con frecuencia, lo que buena parte de la ciencia histórica considera historia es, en realidad, la historia de la ambición  y el poder político.  En segundo lugar, la historia es necesariamente una selección de algunos acontecimientos que nunca podrían determinar un sentido de la historia, aunque esos acontecimientos puedan ayudar a comprender mejor lo que ha sucedido después tras haber conocido lo que ha sucedido antes. En ese sentido, toda explicación de la historia es sometible a juicio y todo juicio debe estar respaldado por la documentación que acredite los hechos seleccionados.

viernes, 13 de abril de 2018

La seducción de Siracusa

Sokal, en “Imposturas intelectuales” (1997) señala la debilidad argumental y de rigor de la postmodernidad: argumentos que importan términos de otras formas de saber y los usan fuera de contexto, incoherente y con polisemia. MacMillan, doce años después, en “Usos y abusos de la historia”, nos muestra cómo la ausencia de rigor es instrumento para manipular: reinventar la historia para justificar las opciones del presente. Mark Lilla, en “Pensadores temerarios”, dibuja el panorama entre ingenuo y prepotente, pero siempre i-responsable, de filósofos que, en el siglo XX europeo, han apoyado formas tiránicas de gobierno mientras arremetían contra los liberalismos y sus desequilibrios. Es la “seducción de Siracusa”: el intento de Platón para guiar al tirano Dionisos hacia la filosofía. Desde entonces, filosofía y política se desencuentran.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Hagiografía

Señala Preston que Franco pasa parte de su vida “falsificando y adornando los pormenores de su vida anterior a 1936” y que “sus partidarios falsificaron también su propia historia y la de sus enemigos” (“Franco”, 1993).  Disfraza la historia ignorando los “hechos fehacientes” (“Imposturas intelectuales”, Sokal, Bricmont, 1997). o adecuándolos a la lectura que queremos hacer de cada momento. Si Franco quiere ser visto como “pacificador” en “25 años de Paz” (después de aplastar y machacar a media España), como “gracia divina” (monedas que rezan “Caudillo de España por la gracia de Dios”), como “vigía de Occidente” (tras el acuerdo con los EE.UU.) siempre se pudieron leer o cambiar los datos de la realidad para que contribuyeran a la “hagiografía”. Hay materia para lo que MacMillan retrata en “Usos y abusos de la historia” (2009).

lunes, 29 de enero de 2018

Crítica a la postmodernidad

Los textos postmodernos son brillantes. Con autores de origen diverso (la teología o las ciencias físicas), en ocasiones esos textos carecen de rigor y alientan el relativismo epistemológico. Para filósofos de la metafísica –que algo podemos decir sobre lo que es de suyo real- y para científicos que elaboran sus teorías desde la experiencia y la formalización matemática, los escritos de la postmodernidad parecen pasar superficialmente y a gran velocidad por lo que se ha elaborado con mucho esfuerzo y rigor. Sokal y Bricmont (“Imposturas intelectuales”, 1997) dicen que es necesario un diálogo “basado en nociones de lo real”. Lo formulan así: “Hemos defendido la idea de que existe algo que llamamos datos fehacientes y que los hechos cuentan”. ¡Qué contraste con el “Adios a la Verdad” de Battimo! ¡Qué cerca de MacMillan, en su “Usos y abusos de la historia”! (2009).

miércoles, 24 de enero de 2018

Los que se creen blancos

Muchas categorías del conocer responden a una construcción social (Berger y Luckman, La construcción social de la realidad). Cuando se usa la palabra “blanco” en contexto social norteamericano, apunta Ta-Nehisi Coates que se trata de una construcción: “los que se creen blancos”, señala para mostrar que no siempre existió este modo de calificar a las personas (“antes eran polacos, irlandeses, alemanes, rusos...”). A su juicio, la lectura de la historia ha sido también en este caso un abuso (M. MacMillan, “Usos y abusos de la historia”). De ese modo, ser “negro” es una marca que no se supera: el “Sueño” (americano) se ha construido sobre los cuerpos de los negros. La historia de Prince Jones, tiroteado a muerte, hace que Coates escriba a su hijo para que luche, no por el Sueño ni por los Soñadores, sino por sus abuelos y su propio nombre. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

La nación y su historia

Cita MacMillan en “Usos y abusos de la historia” que “…una nación es un grupo de personas unidas por una imagen errónea del pasado y el odio a sus vecinos”.  Explica cómo esto de las naciones es un invento reciente (Siglo XIX), por más que historiadores y eruditos lingüísticos lleven sus orígenes a la edad media. Insiste: “Cuanto más se remonta la historia, más sólida y duradera parece la nación… y más legítimas parecen sus reivindicaciones”. Pero reivindicar un territorio siempre es hacerlo contra alguien. Luego, otros/as especialistas, con menos patriotismo, descomponen el relato fácilmente, sin embargo es muy difícil “hacer vacilar la fe de aquellos que deseen creer” en la nación. Como ejemplo: “No fue la historia la que destruyó Yugoslavia”, pero su manipulación movilizó a los seguidores  e “intimidó a los que no estaban comprometidos”.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Adios al gran relato

El anuncio del final de los grandes relatos en “La condición postmoderna” (1979) de Lyotard  propone la instalación en los pequeños relatos, fragmentados, en el cada día. Si Hegel lee la historia convencido de que en ella se realiza el Espíritu, si Marx la ve como  un camino inexorable hacia la sociedad comunista, si Teilhard de Chardin la entiende como una línea cósmico entre el Alfa y el Omega (Cristo)… Ahora sería sólo una narración propia para cada momento, provisional, efímera, en cada lugar, sin universalismos ni dirección. Lo cierto es que está de moda la Historia. En ella buscamos explicaciones y consuelos para nuestra actuaciones o ejemplos y modelos con los que interpretar nuestro presente.  “Se dice que el fundador de China, el emperador Qin, destruyó todos los documentos anteriores (…) y escribió su propia historia” (MacMillan, 2009).

jueves, 14 de diciembre de 2017

La historia

Es buen motivo para investigar nuestra historia el deseo de comprender nuestro ahora. Sobre todo en este tiempo en que  la cultura parece apostar por lo efímero (Lipovetsky) y las relaciones se disuelven en el agua (Bauman). Buscamos orígenes familiares y antecedentes de la tribu a la que pertenecemos. En el año 2009, la profesora MacMillan publicó el libro “Usos y abusos de la Historia”. Hace notar que cuando miramos a la historia queremos que nuestras vidas tengan sentido, queremos dar con nuestro lugar en la sociedad y el mundo. Ese deseo puede llevarnos al engaño, al abuso: abusamos de la historia cuando la pintamos de modo que se parece a una justificación de nuestras opciones actuales. De ese modo, la historia acelera la destrucción de relaciones sociales y encona conflictos. Se convierte en arma de destrucción masiva.