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domingo, 16 de septiembre de 2018

Los hechos y la historia

De la historia se hace uso y abuso (MacMillan, 2009). Señala Popper que más bien, lo que sucede, es que la Historia no existe (“Acerca de la historiografía y el sentido de la historia”, 1962).  Se trata, en primer lugar, de que existen diferentes “historias de…”, aunque con frecuencia, lo que buena parte de la ciencia histórica considera historia es, en realidad, la historia de la ambición  y el poder político.  En segundo lugar, la historia es necesariamente una selección de algunos acontecimientos que nunca podrían determinar un sentido de la historia, aunque esos acontecimientos puedan ayudar a comprender mejor lo que ha sucedido después tras haber conocido lo que ha sucedido antes. En ese sentido, toda explicación de la historia es sometible a juicio y todo juicio debe estar respaldado por la documentación que acredite los hechos seleccionados.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Vencedores y vencidos


Una concepción historicista del cristianismo haría prescindible la fe: la capacidad predictiva de la ciencia histórica mostraría la verdad o falsedad del mensaje cristiano (la redención). ¿No es algo de ese modo de pensar lo que aparece en Hegel cuando intenta mostrar toda la realidad y la realidad como un todo?  La totalidad, la comprensión de la totalidad, haría superflua la necesidad de fe.  El cristianismo (la historia del Dios encarnado y redentor) no parece considerar el mundo como un drama pre-escrito por Dios. El discernimiento no consiste en descubrir la facción que, finalmente, nos permitirá estar del lado de los vencedores cuando culmine la historia. K. Barth señala: “Cristo padece. Por lo tanto, no conquista. No triunfa. No tiene éxito… No consigue nada más que su crucifixión”. Este hecho histórico es el que señala el sentido de la fe.

lunes, 20 de agosto de 2018

Historicismo


Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo, su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy significativo para el Reino.