Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino.
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lunes, 20 de agosto de 2018
Historicismo
Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino. miércoles, 4 de julio de 2018
Encubierto
Acusado
de que su victoria trae la anarquía, Bart Simpson hace suyo el eslogan: traeré
la anarquía. Cree V. Leonore (El País, 1 abril 2011) que esta historia
refleja el modo en que el filósofo esloveno Žižeck piensa: lo propiamente real
es la grieta que irrumpe violentamente en la historia como crítica de los
materialismos (marxista y capitalista). El capitalismo se protege en la
tolerancia culturalista. La izquierda postmoderna, la de los movimientos,
reduce la política a las reivindicaciones culturales (¿feminismo o ecologismo?)
que se integran sin problema en el sistema. Así, la discusión sobre el carácter
machista de una sentencia, ¿no esconde (ideologiza) el problema real: el valor
que damos al derecho penal como solución de los conflictos? Las prácticas
sostenibles, ¿no esconden la realidad de un sistema económico absolutamente
depredador?martes, 3 de julio de 2018
La grieta y la postmodernidad
Recorre el idealismo y ve lo contrario que Marx: que la grieta es previa
a la historicidad. No solo el sujeto está asaltado por una grieta (algo así
como el pecado original), apunta Žižeck más bien que esa grieta es lo real. No es que el sujeto no sea
capaz (“homo labilis” en expresión de Ricoeur) de reconocer lo real, sino que
lo real es propiamente la incapacidad. Caos. La historia como liberación
(materialismo histórico de Marx) es ideología: idealismo que desprecia el
horror ni el caos. En Žižeck no cabe un Dios de bondad, belleza y verdad. Dios
también es la grieta. Frente al nihilismo de la postmodernidad tolerante, el
esloveno lee un realismo negativo: no es que la cultura o la historicidad
apunten a la nada, sino que la nada es propiamente lo real que irrumpe por
sorpresa en la historia y la cultura. Una irrupción que es violenta por que
desenmascara los sueños materialistas.
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