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lunes, 20 de agosto de 2018

Historicismo


Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo, su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy significativo para el Reino.

miércoles, 4 de julio de 2018

Encubierto

Acusado de que su victoria trae la anarquía, Bart Simpson hace suyo el eslogan: traeré la anarquía. Cree V. Leonore (El País, 1 abril 2011) que esta historia refleja el modo en que el filósofo esloveno Žižeck piensa: lo propiamente real es la grieta que irrumpe violentamente en la historia como crítica de los materialismos (marxista y capitalista). El capitalismo se protege en la tolerancia culturalista. La izquierda postmoderna, la de los movimientos, reduce la política a las reivindicaciones culturales (¿feminismo o ecologismo?) que se integran sin problema en el sistema. Así, la discusión sobre el carácter machista de una sentencia, ¿no esconde (ideologiza) el problema real: el valor que damos al derecho penal como solución de los conflictos? Las prácticas sostenibles, ¿no esconden la realidad de un sistema económico absolutamente depredador?

martes, 3 de julio de 2018

La grieta y la postmodernidad

Recorre el idealismo y ve lo contrario que Marx: que la grieta es previa a la historicidad. No solo el sujeto está asaltado por una grieta (algo así como el pecado original), apunta Žižeck más bien que esa grieta es lo real. No es que el sujeto no sea capaz (“homo labilis” en expresión de Ricoeur) de reconocer lo real, sino que lo real es propiamente la incapacidad. Caos. La historia como liberación (materialismo histórico de Marx) es ideología: idealismo que desprecia el horror ni el caos. En Žižeck no cabe un Dios de bondad, belleza y verdad. Dios también es la grieta. Frente al nihilismo de la postmodernidad tolerante, el esloveno lee un realismo negativo: no es que la cultura o la historicidad apunten a la nada, sino que la nada es propiamente lo real que irrumpe por sorpresa en la historia y la cultura. Una irrupción que es violenta por que desenmascara los sueños materialistas.