Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino.
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lunes, 20 de agosto de 2018
Historicismo
Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino. martes, 13 de marzo de 2018
Morir de éxito
“Se puede
morir de éxito”. El triunfo es optimizarse para dar de sí lo mejor. Ahí, la
distancia con el producto de mi trabajo desaparece. La explotación es
auto-explotación. Byung-Chul, (“La expulsión de lo distinto” 2016) insiste: si
no está lo otro, tampoco yo. Me hago mi producto sin dolor, sin explotación
aparente, sin opresión. Al final, mi optimización me conduce a la depresión. De
tanto optimizarme, dejo de sentir mi cuerpo. Hay en Loyola una sospecha sobre
el ángel de luz: no todo éxito, no todo “no dolor”, no toda consolación, no
todo “me gusta”, no todo “lo pulido” es belleza y consuelo verdadero. No toda
entrega a la visión institucional es crecimiento. Loyola apunta: hace falta un
éxodo de sí mismo en el “alabar, hacer reverencia y servir”. Si me optimizo,
desaparezco. Si expulso al Otro, yo soy todo. Si soy mi producto, no soy.
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