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lunes, 20 de agosto de 2018

Historicismo


Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo, su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy significativo para el Reino.

jueves, 11 de enero de 2018

Voluntad de sentido

En 1942, Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra, en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”: “No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”. Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso. Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de sentido.