Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino.
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lunes, 20 de agosto de 2018
Historicismo
Popper llama “historicismo” a la historia al modo de una
ciencia de la predicción: la pretensión del materialismo histórico de juzgar la
sociedad como un proceso que tiene una meta (el paraíso socialista) es un
historicismo. Algunas personas pretenden interpretar el cristianismo como un
historicismo: juzgan la historia de estos dos mil años como un camino legible
de realización del Reino de Dios. El problema es doble: eso significa que
creemos posible una mirada a la historia total para determinar su sentido y, en
segundo lugar, supone creer que el éxito o el fracaso de determinados proyectos
históricos avala la idea de redención cristiana. Eso choca con que el Cristo,
su fundador, no triunfó personalmente y, además, defendió que lo que sucedía a
cualquiera de los menos significativos para la sociedad era, sin embargo, muy
significativo para el Reino. jueves, 11 de enero de 2018
Voluntad de sentido
En 1942,
Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la
pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe
en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la
supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra,
en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”:
“No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de
hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”.
Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso.
Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su
victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive
al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de
sentido.
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