La tribu
identifica territorio y cultura. Nada se cuestiona. Hace invisible cualquier
alternativa. Es “la más plena manifestación de la idea de pertenencia” (Bauman,
“En busca…”, 1999). La modernidad excluye a la tribu. La nación, en un mundo
complejo, necesita una ideología: el nacionalismo. Es una ideología que oculta
parte de la realidad para asegurar la pertenencia en un mundo cada vez más
global. La democracia es contradictoria con la nación, porque precisamente
desafía toda pertenencia heredada. Si la nación triunfa, la democracia
desaparece exigida por la demanda de comunión que reivindica la nación. El
estado de la nación tiende al totalitarismo. En la nación no hay ciudadanía,
sino connacionales. El estado sin nación, tiende a la democracia, pero
huérfanos de pertenencia. Esa orfandad la ocupan los nacionalismos.
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martes, 2 de octubre de 2018
Tribu
La tribu
identifica territorio y cultura. Nada se cuestiona. Hace invisible cualquier
alternativa. Es “la más plena manifestación de la idea de pertenencia” (Bauman,
“En busca…”, 1999). La modernidad excluye a la tribu. La nación, en un mundo
complejo, necesita una ideología: el nacionalismo. Es una ideología que oculta
parte de la realidad para asegurar la pertenencia en un mundo cada vez más
global. La democracia es contradictoria con la nación, porque precisamente
desafía toda pertenencia heredada. Si la nación triunfa, la democracia
desaparece exigida por la demanda de comunión que reivindica la nación. El
estado de la nación tiende al totalitarismo. En la nación no hay ciudadanía,
sino connacionales. El estado sin nación, tiende a la democracia, pero
huérfanos de pertenencia. Esa orfandad la ocupan los nacionalismos.jueves, 11 de enero de 2018
Voluntad de sentido
En 1942,
Albert Camus publica “El mito de Sísifo”: “Juzgar si la vida vale o no vale la
pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Escribe
en un mundo que asiste a la sangría de los totalitarismos. La lucha por la
supervivencia parece ser la respuesta que, inmediatamente después de la guerra,
en 1946 da Vicktor Frankl a esta pregunta en “El hombre en busca de sentido”:
“No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de
hacerlas. Un solo pensamiento animaba a los prisioneros: mantenerse con vida”.
Camus piensa que todo intento de sentido está condenado al fracaso.
Precisamente, en esa clarividencia, la de la imposible esperanza está su
victoria: “No hay destino que no se venza con el desprecio”. Frankl sobrevive
al campo de exterminio y al preguntar el porqué, responde: la voluntad de
sentido.
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