“Deconstrucción”
es la palabra que nos pone en la pista de Derrida. Se la puede tratar como la
siguiente evolución del método estructuralista: primero, el análisis de las
estructuras rígidas subyacentes a las culturas; segundo, la genealogía de las
ciencias humanas y su objeto de investigación (“el hombre”); ahora el
vaciamiento de todo concepto al de-construirlo y mostrar los intereses que lo
pusieron en el diccionario. Así emerge el sentido político de Derrida: la distinción
entre bien y mal se deshilacha en lo lingüístico y queda supeditada a la
emoción y la decisión. Mediante la deconstrucción se hacen porosos la
democracia, el humanismo, la libertad. Pone un entreparéntesis Derrida con la
justicia: se mantendría como intuición primigenia más allá de sus formulaciones
históricas. ¿Una pretensión mística o una necesidad arbitraria?
Mostrando entradas con la etiqueta Concepto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Concepto. Mostrar todas las entradas
miércoles, 11 de abril de 2018
Deconstrucción
“Deconstrucción”
es la palabra que nos pone en la pista de Derrida. Se la puede tratar como la
siguiente evolución del método estructuralista: primero, el análisis de las
estructuras rígidas subyacentes a las culturas; segundo, la genealogía de las
ciencias humanas y su objeto de investigación (“el hombre”); ahora el
vaciamiento de todo concepto al de-construirlo y mostrar los intereses que lo
pusieron en el diccionario. Así emerge el sentido político de Derrida: la distinción
entre bien y mal se deshilacha en lo lingüístico y queda supeditada a la
emoción y la decisión. Mediante la deconstrucción se hacen porosos la
democracia, el humanismo, la libertad. Pone un entreparéntesis Derrida con la
justicia: se mantendría como intuición primigenia más allá de sus formulaciones
históricas. ¿Una pretensión mística o una necesidad arbitraria? lunes, 19 de marzo de 2018
A navegar
Comienza Morey, su “Foucault y Derrida” (2015) con una descripción del
programa del pensamiento francés del siglo XX:
unir concepto y existencia, una filosofía para la vida, pensamiento y
comportamiento de la mano (incluida la política), recuperar al sujeto y
escribir filosofía como literatura. Dos observaciones a partir de otras
lecturas: la primera es cierta sensación de que tanta literatura pueda reducir
la filosofía a conversación (Rorty) o a una exposición sin rigor
(Sokal-Bricmont): aunque sea sugerente y parezca ayudar al vivir, ¿no devuelve
al ambiente de los sofistas? Por otro lado, a partir de la lectura de
Byung-Chul, en la segunda década del siglo XXI, se puede decir que lo
conseguido es la expulsión de lo distinto, el acento en lo vacío, la
sustitución de lo bello (sublime) por lo pulido (liso) y la bulla del enjambre.
A navegar, diría Bauman.
Etiquetas:
Bauman,
Byung-Chul Hang,
Concepto,
Conversación,
Derrida,
Existencia,
Filosofía,
Foucault,
Literatura,
Morey,
Política,
Rorty,
Sofistas,
Sokal,
Sujeto
viernes, 16 de marzo de 2018
De las flechas a los misiles
En una de viñeta cómica, Quino presenta a Mafalda y a Felipe en un museo en el que, sobre imágenes alusivas, reza la leyenda: “Desde el arco de flechas a los misiles balísticos, ¡Cuánto ha cambiado la tecnología!” Mafalda responde: “¡Y qué poco han cambiado las intenciones!” En la segunda mitad del siglo XX, se formula el fracaso del “hombre unidimensional” (Marcuse, 1964). Por eso, Levinas cuestiona la metafísica y su razón (el empeño en conceptualizar el ser) y propone una metaética que acepte la relación y la responsabilidad como principio único e inconceptualizable de todo pensar. Byung-Chul señala: para salir de la depresión, necesitamos el deseo del otro; necesitamos que el otro nos mire para sentir que no somos todo. El engaño de nuestro tiempo es una mirada digital que no mira. Así nos parece que somos libres, sin los otros.
miércoles, 28 de febrero de 2018
De otro modo que ser
Acaba Levinas rompiendo con el modo previo de hacer filosofía. No
pretende ser una alternativa original dentro de la pretensión de conceptualizar
la experiencia. Ni quiere hacer una nueva y única metafísica del ser. No
insinúa que hay otro modo de comprender el ser. Más bien busca un modo que
difiere del ser. ¿Quizá un “haber”? Es por eso que su decir se vuelve
extremadamente exigente para el lector, porque no quiere decir el ser ni
conceptualizar el ser ni proponer otro modo de ser. Por eso emprende caminos
inéditos para el lenguaje filosófico y quisiera afrontar lo que hay que es
irreductible al concepto. Apunta Levinas a los límites de nuestro conocer (ese
que quiere comprender lo real). Es como el niño de la playa de Hipona al sabio
Agustín: “Es más fácil meter el agua del mar en este agujero”… que
conceptualizar lo que hay.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
