La arqueología de la locura y de la enfermedad son el
motor que dinamiza el pensamiento del autor de “Las palabras y las cosas”
(Foucault). Recoge su camino Derrida que parece empeñado en deconstruir los
valores quizás en la convicción de que esa deconstrucción muestre algo más que
el hecho de que nuestros valores son construidos. Acontece, sin embargo, que la
pregunta importante no es por el método, sino por el resultado: el lenguaje
deconstruido no es importante por haber sido construido, sino por ser útil para
la comunicación. Deconstruir la valoración de la ciencia médica no invalida el
hecho de que las enfermedades matan. Byung-Chul Han sostiene que el efecto de
la deconstrucción está ya aquí: no hay negatividad, no hay prohibición, no hay
momento del no. No hay por tanto creatividad. Todo fluye. Todo es liso. El “Me
gusta” vacía.
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jueves, 9 de agosto de 2018
martes, 24 de julio de 2018
Los negocios son lo primero
La otredad impulsa a Levinas a pensar más desde la metaética que desde
la metafísica. La otredad acarrea en Derrida una deriva al vacío de la mano de
la deconstrucción. Sin suelo todo es igualmente inválido, todo es igualmente
válido. El Otro es tolerado y el capitalismo imperante se camufla tras la
reivindicación de la tolerancia que permite avanzar en los negocios en medio de
un mundo destrozado. Pero el Otro, por más que lo sometamos a nuestra inercia
líquida, es duro, es sólido: la pena de muerte, el hambre, la enfermedad, la
ablación del clítoris. ¿Es intolerante imponer los derechos humanos como norma
política universal? (Žižeck).
Es el capital el que se beneficia de la tolerancia: los negocios son lo
primero. En medio de nuestra tolerancia, cruzar la frontera y reunirse con la
familia es, para muchas personas, una experiencia imposible.miércoles, 11 de abril de 2018
Deconstrucción
“Deconstrucción”
es la palabra que nos pone en la pista de Derrida. Se la puede tratar como la
siguiente evolución del método estructuralista: primero, el análisis de las
estructuras rígidas subyacentes a las culturas; segundo, la genealogía de las
ciencias humanas y su objeto de investigación (“el hombre”); ahora el
vaciamiento de todo concepto al de-construirlo y mostrar los intereses que lo
pusieron en el diccionario. Así emerge el sentido político de Derrida: la distinción
entre bien y mal se deshilacha en lo lingüístico y queda supeditada a la
emoción y la decisión. Mediante la deconstrucción se hacen porosos la
democracia, el humanismo, la libertad. Pone un entreparéntesis Derrida con la
justicia: se mantendría como intuición primigenia más allá de sus formulaciones
históricas. ¿Una pretensión mística o una necesidad arbitraria? jueves, 29 de marzo de 2018
Deconstrucción y otro
Derrida habla de deconstrucción. Usa el concepto de “signo” de los
estructuralismos (el sentido emerge de las diferencias y del lugar en la
estructura) para analizar textos e instituciones. Deconstruir es mostrar la
risible pretensión de atribuir suelo metafísico a nuestras construcciones
antropológicas. De este modo, denuncia el logocentrismo y afirma la importancia
“de lo otro que irrumpe, del otro que escribe en mí. (…). La justicia –dirá-
consiste en aprender a vivir con el otro” (Morey, “Foucault y Derrida”,
2015). Lo otro aparece para cuestionar
el concepto de “verdad” como la presencia en el presente. Más bien apunta a los
espacios vacíos, que siguen significando sin presencias de lo propio. El vacío
es la presencia del otro, de lo otro. La ética se orienta por la presencia del
otro, que siempre es diferida, inaprensible. Ese es el respeto y el servicio.
¿Qué es el hombre?
La filosofía
gira en antropología con Descartes al poner en el centro del pensar el propio
sujeto y la propia actividad de pensar. El giro tiene su culmen en Kant, donde
todas las preguntas filosóficas (¿Qué podemos conocer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué
nos cabe esperar?) se reducen a una: ¿Qué es el hombre? Desde entonces, unas y
otras escuelas han sacado consecuencias y unas y otras han notado los límites
de esta orientación. Si el programa fenomenológico propone la vuelta a las
cosas y el estructuralismo apunta al post-humanismo, Zubiri insiste en el
carácter sentiente de toda inteligencia y Levinas asalta la pura otredad.
Derrida cruza todo su trabajo por la “atención a la alteridad”. Por el camino,
casi toda la filosofía ha quedado en análisis de textos. Entre la supuesta cosa y el supuesto sujeto
queda la narración, el lenguaje.
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Sujeto,
Zubiri
martes, 27 de marzo de 2018
Historia o gnosticismo
Los estudios
históricos sobre el movimiento de Jesús son profundos. Impresiona “Un judío
marginal”, 1991 de J. Meyer, o la síntesis de Pagola (“Jesús, aproximación
histórica”, 2007). Esta última ¿es demasiado optimista? ¿Considera que sabemos
lo suficiente del nazareno como para leer de un modo nuevo las narraciones y,
por tanto, la fe? Más bien, ahora apuntamos la prioridad del texto: la
escritura es previa al sentido y permanecerá después del mismo (Derrida). El
acceso al Jesús histórico queda herido por arma de doble filo: ni es realmente
posible, ni es realmente significativo para la fe. La teología también lo
confirma: es el Espíritu, el que “lo explicará todo”. Ahora bien, ese Cristo de
la fe, el de las narraciones, necesita de aquel “que vieron nuestros ojos y
nuestras manos tocaron”. De otro modo, la experiencia cristiana es sombra del
gnosticismo.lunes, 19 de marzo de 2018
A navegar
Comienza Morey, su “Foucault y Derrida” (2015) con una descripción del
programa del pensamiento francés del siglo XX:
unir concepto y existencia, una filosofía para la vida, pensamiento y
comportamiento de la mano (incluida la política), recuperar al sujeto y
escribir filosofía como literatura. Dos observaciones a partir de otras
lecturas: la primera es cierta sensación de que tanta literatura pueda reducir
la filosofía a conversación (Rorty) o a una exposición sin rigor
(Sokal-Bricmont): aunque sea sugerente y parezca ayudar al vivir, ¿no devuelve
al ambiente de los sofistas? Por otro lado, a partir de la lectura de
Byung-Chul, en la segunda década del siglo XXI, se puede decir que lo
conseguido es la expulsión de lo distinto, el acento en lo vacío, la
sustitución de lo bello (sublime) por lo pulido (liso) y la bulla del enjambre.
A navegar, diría Bauman.
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