Mostrando entradas con la etiqueta Progreso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Progreso. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de septiembre de 2018

La confusión del discurso

La historia político-religiosa de EE.UU. del siglo XIX se distancia de la europea. En la carrera hacia la modernidad, los EE.UU. avanza con la ilustración de sus fundadores. Pero el “2º gran despertar” es la continuidad de la revolución: la religión de la gente pobre frente al deísmo ilustrado de las élites (Armstrong, “Orígenes…”). La sociedad norteamericana se hace más religiosa. Identifica con la espiritualidad grandes virtudes políticas: el progreso, la liberación, la cultura, la solidaridad. En Europa, sin embargo, la brecha de Galileo y Newton se profundiza con Kant y Darwin. Una auténtica cruzada contra la religión tiene efectos sobre una sociedad que vive lo religioso como obsoleto y defensor del ethos del “ancien regime”. El estudio de la religión como ciencia la desmiente. Alguien ha confundido el discurso de sentido con el discurso científico.

martes, 14 de agosto de 2018

La revolución americana


Los padres de la revolución americana son ilustrados. Plasman en la declaración de independencia los ideales de las luces. Pero su revolución cuenta con el movimiento cristiano del “Gran Despertar (1750)”:  predica conversión y redención, rompe las iglesias y da significado espiritual a la palabra “libertad”. Señala Armstrong que las trasformaciones sociales necesitan, con frecuencia, un doble ethos: el del progreso/razón y el de la mítica/espiritualidad. La lógica de la guerra  (la que establece la necesidad de un estado propio en la lucha de intereses en juego) se alía con la lógica del retorno a la fe y la instauración en la tierra del Reino de Dios. Pero siempre que se proclama el Reino y se lucha por él, finalmente acontece la Institución; y deja, una vez más, el regusto del incumplimiento del segundo mandamiento: no usarás el nombre de Dios en vano.