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martes, 7 de agosto de 2018

Aprender con las mujeres

Si un valor cultural se hace religioso, su fundamentación parece más determinante. Mariola López RCJ analiza en un artículo disponible en internet la relación de las mujeres con Jesús. Habla de puertas que se cruzan: profusos y de calidad son los encuentros de Jesús con las mujeres en un contexto en el que no se valoran bien (es impensable que un rabino tenga una mujer discípula). Jesús aprende también al abrirse a una relación tan original: incorpora de gestos y lenguajes vinculados al servicio, la corporalidad, las tareas domésticas, el cuidado, la amplitud de la misión o la totalidad de la entrega. Aunque los relatos evangélicos así lo muestran, el poderío cultural de lo que ahora denominamos “patriarcado” (sin referencias a la tradición de Israel) invisibiliza incluso en su Iglesia el respaldo enorme de Jesús a las mujeres detrás de nuestras prácticas milenarias.

jueves, 31 de mayo de 2018

Voz pasiva

Los evangelios sinópticos reconstruyen el jueves santo como cena de Pascua celebrada por Jesús, con sus discípulos. Esa cena es coherente con lo vivido por el maestro, que en muchos momentos a lo largo de la narración come con prostitutas, publicanos y otras personas no aceptables para un purista de su época. Pero esa cena es diferente porque remite a la experiencia de todo su pueblo como historia de liberación: la sangre del cordero que mancha el dintel de las puertas es  sangre de liberación, sangre que frena al exterminador. Es la sangre del cordero que cada familia cena, que cada miembro consume como alimento para el camino. La cena, a su vez, mira hacia adelante en voz pasiva: detenido, acarreado, golpeado, juzgado, condenado, torturado, ejecutado. Dice la comunidad cristiana que cada jueves santo se celebra al amor.

martes, 8 de mayo de 2018

Tú sabes que te amo

“Tú sabes que te amo”, proclama Pedro en el Evangelio Según San Juan. El momento sucede a la terrible desolación del desencuentro, la negación y el rechazo. La cruz sucede a Pedro que dice “no lo conozco”. El mismo jueves, en la pre-pascua, se da la afirmación del amor incondicionado y el amor como tarea: el Cristo arrodillado que lava los pies. El viernes, tras la huida y la negación del grupo de los hombres que le seguían, quedan a distancia las mujeres.  ¿Cómo es posible a la orilla del lago, en lo cotidiano de Galilea, afirmar: “Tú sabes que te amo”? La noche, la barca, la pesca que no llega a pesar de la experticia de las redes que claramente dominan. De hecho, no es Pedro quien reconoce al que desde la orilla introduce la novedad. Queda el discípulo amado (¿cualquiera de los que aman? ¿imposible para quienes no aman?).

lunes, 7 de mayo de 2018

El lugar de la tarea

Ya que el Mar Muerto no permite pescar y que la mayoría de los puertos quedan fuera del alcance de los pescadores autóctonos, el Mar de Galilea, también Tiberiades, es su lugar de brega. En este entorno ponen los Evangelios buena parte de la actividad de Jesús, con centro principal en Cafarnaúm. Simón (que Cristo apodó como Pedro) y sus compañeros se dedicaban a la pesca. El lago es trabajo ordinario. Juan, el último de los escritores canónicos, sitúa en este enclave la experiencia del resucitado. Nos habla, pues, de una experiencia en lo cotidiano. Añade, además, la noche (la oscuridad) y el fracaso en la tarea (“no pescaron nada”), para situarnos en el ambiente del sepulcro y el final, aparentemente inevitable, del movimiento de Jesús. Pero en lo cotidiano del trabajo, se plantea una pregunta (“Simón de Juan, ¿me amas?”) y una tarea: el cuidado.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Galilea y amor líquido


Las relaciones se programan (Bauman, “Amor líquido”, 2003). Las relaciones amorosas no nacen de gratuidad y sorpresa: se selecciona la pareja para hacer del amor negocio sin riesgo (Badiou, “Elogio del amor”, 2009) y se determina la llegada del hijo o la hija a partir de un banco de genes de calidad. Los especialistas en amor proponen relaciones al modelo de las “star-up”: seguras y fácilmente prescindibles. El criterio no es la persona amada, sino el “me gusta” propio. Así se hace muy relevante garantizar las condiciones de éxito y, dada la volatilidad de los tiempos, establecer las pistas de retirada, el itinerario para el descompromiso y el olvido. San Marcos propone acabar el Evangelio con tres mujeres que van a la tumba y reciben una tarea: vayan y digan que les espera en Galilea. Nada programable con seguridad. Todo compromiso.

domingo, 21 de enero de 2018

Cuestión de Temperamento


Insiste Eagleton en que optimismo no es amigo de la esperanza (“Esperanza sin optimismo”, 2015).  Karl Marx no era optimista y, sin embargo, creía que el mundo acabaría por mejorar –en su visión, la mejora es la sociedad comunista, fruto de la lucha y la revolución del proletariado-. El Cristo de los Evangelios canónicos no es optimista, su visión del Reino de Dios convive con los dolores de parto del mundo (visión paulina), donde la violencia y la cruz forman parte del camino. El optimismo social sirve para generar estabilidad política y aumentar el consumo. Por eso, Fukujama, que sí es optimista: entiende que la historia por venir es sólo una ampliación nada novedosa de lo ya conseguido con la caída del muro de Berlín: la expansión tranquila de la democracia y la economía de mercado. “Es cuestión de temperamento, no de realidad”, concluye Eagleton.