Si un
valor cultural se hace religioso, su fundamentación parece más determinante.
Mariola López RCJ analiza en un artículo disponible en internet la relación de
las mujeres con Jesús. Habla de puertas que se cruzan: profusos y de calidad
son los encuentros de Jesús con las mujeres en un contexto en el que no se
valoran bien (es impensable que un rabino tenga una mujer discípula). Jesús
aprende también al abrirse a una relación tan original: incorpora de gestos y
lenguajes vinculados al servicio, la corporalidad, las tareas domésticas, el
cuidado, la amplitud de la misión o la totalidad de la entrega. Aunque los
relatos evangélicos así lo muestran, el poderío cultural de lo que ahora
denominamos “patriarcado” (sin referencias a la tradición de Israel) invisibiliza
incluso en su Iglesia el respaldo enorme de Jesús a las mujeres detrás de
nuestras prácticas milenarias.
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martes, 7 de agosto de 2018
Aprender con las mujeres
Si un
valor cultural se hace religioso, su fundamentación parece más determinante.
Mariola López RCJ analiza en un artículo disponible en internet la relación de
las mujeres con Jesús. Habla de puertas que se cruzan: profusos y de calidad
son los encuentros de Jesús con las mujeres en un contexto en el que no se
valoran bien (es impensable que un rabino tenga una mujer discípula). Jesús
aprende también al abrirse a una relación tan original: incorpora de gestos y
lenguajes vinculados al servicio, la corporalidad, las tareas domésticas, el
cuidado, la amplitud de la misión o la totalidad de la entrega. Aunque los
relatos evangélicos así lo muestran, el poderío cultural de lo que ahora
denominamos “patriarcado” (sin referencias a la tradición de Israel) invisibiliza
incluso en su Iglesia el respaldo enorme de Jesús a las mujeres detrás de
nuestras prácticas milenarias.lunes, 7 de mayo de 2018
El lugar de la tarea
Ya que el Mar Muerto no permite pescar y que la mayoría de los puertos
quedan fuera del alcance de los pescadores autóctonos, el Mar de Galilea,
también Tiberiades, es su lugar de brega. En este entorno ponen los Evangelios
buena parte de la actividad de Jesús, con centro principal en Cafarnaúm. Simón
(que Cristo apodó como Pedro) y sus compañeros se dedicaban a la pesca. El lago
es trabajo ordinario. Juan, el último de los escritores canónicos, sitúa en
este enclave la experiencia del resucitado. Nos habla, pues, de una experiencia
en lo cotidiano. Añade, además, la noche (la oscuridad) y el fracaso en la
tarea (“no pescaron nada”), para situarnos en el ambiente del sepulcro y el
final, aparentemente inevitable, del movimiento de Jesús. Pero en lo cotidiano
del trabajo, se plantea una pregunta (“Simón de Juan, ¿me amas?”) y una tarea:
el cuidado.
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