Schmitt
es, durante años, jurista del nazismo (Lilla, “Pensadores temerarios”, 2001).
Tras la guerra, argumenta que quería civilizar a Hitler. Pero su obra es un
alegato antiliberal: pueblo, enemigos y decisión. En ese sentido, la
constitución es siempre un instrumento relativo, lo auténticamente importante
es la capacidad de decidir y enfrentar a los enemigos. Schmitt, y no sólo él,
cree que el liberalismo teme más a sus decisiones que a sus enemigos. Schmitt
sería un teólogo político que tiene un absoluto previo a la constitución. Pero,
su pensamiento político se aleja totalmente de la idea de bien común, central
en la doctrina católica; su Dios llama a la batalla contra los enemigos; lejos
del nazareno. A izquierda y derecha, el decisionismo de Schmitt cautiva a los
críticos del liberalismo. Schmitt se hizo nazi. Pero podía haber sido
stalinista.
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viernes, 6 de abril de 2018
Decisionismo
Schmitt
es, durante años, jurista del nazismo (Lilla, “Pensadores temerarios”, 2001).
Tras la guerra, argumenta que quería civilizar a Hitler. Pero su obra es un
alegato antiliberal: pueblo, enemigos y decisión. En ese sentido, la
constitución es siempre un instrumento relativo, lo auténticamente importante
es la capacidad de decidir y enfrentar a los enemigos. Schmitt, y no sólo él,
cree que el liberalismo teme más a sus decisiones que a sus enemigos. Schmitt
sería un teólogo político que tiene un absoluto previo a la constitución. Pero,
su pensamiento político se aleja totalmente de la idea de bien común, central
en la doctrina católica; su Dios llama a la batalla contra los enemigos; lejos
del nazareno. A izquierda y derecha, el decisionismo de Schmitt cautiva a los
críticos del liberalismo. Schmitt se hizo nazi. Pero podía haber sido
stalinista.miércoles, 7 de marzo de 2018
Enemigo
Dice el profesor García-Baró que la filosofía es necesaria para la vida.
Dice que no habla de la via catalana porque lo escrito está condenado a no ser
entendido: solo lo hablado en ambiente de acogida añade en positivo (Entrevista
en ECCA). Hay una violencia, física o ambiental, que parece proceder de una
fuente imaginaria. Nos devuelve a Byung-Chul: “La idiosincrasia de un pueblo
pone a disposición una identidad. Al mismo tiempo inventa un enemigo” (“La
expulsión de lo distinto”, 2016). Así,
la creación del enemigo proporciona un refuerzo a la propia identidad. Cita
Byung-Chul a C. Schmitt: “El enemigo es nuestra propia pregunta como figura.
Por este motivo tengo que confrontarme con él cambatiendo”. García-Baró señala:
quizás la vocación política está poco disponible. Cuando nuestros políticos lo
dejan, nuestros problemas nos enfrentan.
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