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miércoles, 11 de julio de 2018

Uso y abuso


La militancia laicista es signo visible de cierta izquierda. Se suprimen los símbolos religiosos de un acto oficial, no es mala cosa. Cada cual puede ver el valor moral de una promesa sobre la Constitución, pero evitamos el uso del nombre de Dios en vano. El nombre de Dios ha sufrido usos y abusos. La gestión de lo político, tal y como vemos que se conquista y defiende el poder, no permite aventurar mejor suerte para los usos públicos de los términos teológicos (uso y abuso). Los presidentes de los EE.UU. juran su cargo sobre la Biblia. En “Eclipse de Dios”, Buber narra una conversación sobre uno de sus escritos en la que un lector le reprochaba usar el nombre de Dios para hablar de lo más sublime. Se trata de una palabra que ha sufrido la zozobra de su uso en la historia. Iguacén, obispo de Tenerife, decía que convertir es cosa de Dios. Por acá nos queda sólo ser testigos.

lunes, 21 de mayo de 2018

De la exclusión a la dominación


Quizás Žižeck piensa que Rawls (justicia procedimental), y Habermas (proceso racional de discusión de opciones) olvidan que la acción política consiste en conseguir el derecho a hablar de un modo diferente y a ser escuchado en esa diferencia.  Es pasar de la exclusión a la dominación.  Djlas,  “La nueva clase", entiende que el momento político de supremacía puede darse dentro de la propia nomenclatura. Para Žižeck eso es imposible: consiste principalmente en destronar a los dominantes. Así, parece que no hay proceso político dentro del sistema liberal, porque predomina el orden (cada cual en su puesto) y el procedimiento (la Constitución). Quien queda fuera no puede más que renunciar a su modo diferente de ser para incorporarse al procedimiento y tener su voz constitucional. Es decir, la actitud tolerante exigida es mecanismo potente de asimilación. 

viernes, 6 de abril de 2018

Decisionismo

Schmitt es, durante años, jurista del nazismo (Lilla, “Pensadores temerarios”, 2001). Tras la guerra, argumenta que quería civilizar a Hitler. Pero su obra es un alegato antiliberal: pueblo, enemigos y decisión. En ese sentido, la constitución es siempre un instrumento relativo, lo auténticamente importante es la capacidad de decidir y enfrentar a los enemigos. Schmitt, y no sólo él, cree que el liberalismo teme más a sus decisiones que a sus enemigos. Schmitt sería un teólogo político que tiene un absoluto previo a la constitución. Pero, su pensamiento político se aleja totalmente de la idea de bien común, central en la doctrina católica; su Dios llama a la batalla contra los enemigos; lejos del nazareno. A izquierda y derecha, el decisionismo de Schmitt cautiva a los críticos del liberalismo. Schmitt se hizo nazi. Pero podía haber sido stalinista.