Nuestras vidas están llenas de diversidad. Como anuncian los clásicos, la filosofía comienza con el asombro. La diversidad provoca asombro, perplejidad, desconcierto. Diferencias culturales, psicológicas, biológicas, étnicas… que se concretan en la vida cotidiana en modos de pensar diversos, diferentes maneras de entender la vida, la misión, la tarea. Las diferentes posiciones políticas reflejan una sociedad que se siente mucho más diversa de lo que las instituciones, normalmente, pueden encausar. Diferencia en los intereses y en los gustos. En ocasiones, esto provoca un efecto comunitarista: el retorno a los míos, a sus valores de siempre, a los lugares sagrados e intocables. La diversidad -que seguirá presente incluso en los contextos más uniformados- puede provocar ruptura, división, alejamiento. En términos morales, egoísmo. En términos teológicos, pecado. Pero esa misma diversidad, integrada (más allá de Babel) es ocasión para el asombro, la admiración, la filosofía.
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miércoles, 19 de junio de 2019
martes, 13 de febrero de 2018
Pluralismo y multiculturalismo
Con Rawls descubrimos el esfuerzo por fundar la justicia (ética) desde
la formalidad. Así, el paso a la política establece lo justo como idéntico a
correcto. El comunitarismo (McIntyre, Taylor) señala que no es posible lo
correcto sin una definición previa del valor de lo bueno. G. Sartori (“La
sociedad multiétnica”, 2000) arremete contra la multiculturalidad a la que
aboca el comunitarismo. Muchas comunidades permiten una sociedad plural, pero
no una sociedad pluralista. El pluralismo tolera e incluso aprecia la
diversidad, pero no cualquier diversidad. En realidad, la crítica de Sartori al
multiculturalismo lo muestra como un multi-monoculturalismo: muchas
comunidades, pero cada una homogénea, sin pluralidad en su interior y sin
pluralismo como valor. La convivencia cultural exige valores comunes. El
pluralismo es un valor necesario, no relativo.
Todo comenzó con un rumor: vive
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Taylor
domingo, 4 de febrero de 2018
La sociedad plural
Cargamos con una realidad: la sociedad plural. Es una “carga” y como tal
lo viven personas que añoran su puesto claro en una sociedad suficientemente
homogénea y definida. Por eso, o nos encargamos correctamente de la pluralidad
o, en vez de un pluralismo sano que valora la diversidad, nos encontraremos con
la competencia de intereses o con la no convivencia real que añora cierto
comunitarismo, el de la sociedad multicultural. Se trata de un
multiculturalismo que “separa, es agresivo e intolerante” (Sartori). Si el
pluralismo respeta y valora positivamente la diversidad, el multiculturalismo
lo niega: asume lo plural para generar espacios enfrentados o, en todo caso,
coexistentes. La multiculturalidad
parece consagrar el “choque de civilizaciones” a escala de ciudad. ¿Nos podemos
encargar de esta realidad sin devenir en la sociedad líquida?
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jueves, 1 de febrero de 2018
Sociedad abierta
Nos hacemos
cargo de una realidad plural. Utiliza la vieja expresión de Popper, “sociedad
abierta”, Giovanni Sartori (“La sociedad multiétnica”, año 2000) para
preguntar: “¿Hasta qué punto una sociedad debe ser “abierta”? Para Popper,
sociedad abierta es, en realidad, sociedad liberal y, por tanto, una sociedad
capaz de integrar incluso a quienes
desearían “cerrarla”. Una sociedad totalmente abierta, ¿es una sociedad
multicultural? Sartori traza un camino: “…desde la intolerancia a la
tolerancia, de la tolerancia al respeto al disenso y después, mediante ese
respeto, a creer en el valor de la diversidad”. Pero el propio Sartori
advierte: un pluralismo que sea mera expresión de la competencia de los grupos
de interés pierde toda su nobleza y quedamos de nuevo “al viento que suena bien
pero significa poco”. Volvemos a
“evaporar” un concepto.
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