Freud escribe (1930) “El
malestar en la cultura”. Entonces es la suya, la occidental. En 2010, Byung
Chul habla de “La sociedad del cansancio”. Ahora se trata de un modo
globalizado en el que la propia libertad es, no para ayudarse, sino para auto
explotarse. En perspectiva económica, Stiglitz publica, con el comienzo del
siglo (2002), “El malestar de la globalización”. Bauman cita a Freud para
explicar, en 1998, que nuestro malestar
tiene origen en la privatización de lo público, el modo en que hemos acertado a
garantizar nuestra libertad (pero no nuestra seguridad), en medio de un mundo
cada vez más global. Nuestra libertad, afirma, “desalienta la imaginación” y
nos hace impotentes ante los grandes problemas sociales. Privatizado todo, o
casi todo, solo saldremos a la calle para protestar por el pederasta de la
esquina.
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miércoles, 5 de septiembre de 2018
Malestar
Freud escribe (1930) “El
malestar en la cultura”. Entonces es la suya, la occidental. En 2010, Byung
Chul habla de “La sociedad del cansancio”. Ahora se trata de un modo
globalizado en el que la propia libertad es, no para ayudarse, sino para auto
explotarse. En perspectiva económica, Stiglitz publica, con el comienzo del
siglo (2002), “El malestar de la globalización”. Bauman cita a Freud para
explicar, en 1998, que nuestro malestar
tiene origen en la privatización de lo público, el modo en que hemos acertado a
garantizar nuestra libertad (pero no nuestra seguridad), en medio de un mundo
cada vez más global. Nuestra libertad, afirma, “desalienta la imaginación” y
nos hace impotentes ante los grandes problemas sociales. Privatizado todo, o
casi todo, solo saldremos a la calle para protestar por el pederasta de la
esquina.martes, 22 de mayo de 2018
Sin ideologías
Si la “postmodernidad” erosiona metafísica y relatos de
sentido (filosofar es conversar), la “post-política” (Žižeck, “En defensa de la
intolerancia”, 1998) lima las ideologías. La política (el desafío de la parte
por la no-parte) deviene técnica y
consenso; así, la resistencia a la globalización (tanto la nacionalista
que cuida la identidad comunitaria, como aquella que sueña valores “imposibles”,
por utópicos) es reliquia del ayer a superar. El clamor por otra globalización
posible (Stiglitz, “El malestar en la globalización”, 2002) se etiqueta como sueño del pasado. Así, la
nueva política elude la verdadera política:
“no es simplemente cualquier cosa que funcione en el contexto de relaciones
existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el
funcionamiento de las cosas”. ¿Eludimos el desafío?
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