Toca elegir para ser. No basta la contemplación de la realidad finita y
cambiante, puesto que nos encierra en sus límites y reclama adecuación. De ese
modo acallamos la angustia y enmascaramos nuestra libertad en la soberbia:
respondemos a la amenaza de caducidad de nuestro modo de vida, de nuestra
imagen, de nuestra Institución. La mera contemplación de la realidad puede
escamotear la posibilidad y su trascendencia (Kierkegaard). Al ponernos junto a la angustia, entonces nos
abrimos a la posibilidad. Sin la
posibilidad, nos quedamos con herramientas de adecuación. Nos exigimos la
contemplación de la realidad, pero no como mera realidad sino como lo Otro /
Real en lo que vivimos, en lo que somos relación. Así, al elegir, somos
personas elegidas. Las personas, al abrirnos a lo posible, sencillamente somos,
porque somos a lo que somos llamadas.
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miércoles, 20 de junio de 2018
Toca elegir
Toca elegir para ser. No basta la contemplación de la realidad finita y
cambiante, puesto que nos encierra en sus límites y reclama adecuación. De ese
modo acallamos la angustia y enmascaramos nuestra libertad en la soberbia:
respondemos a la amenaza de caducidad de nuestro modo de vida, de nuestra
imagen, de nuestra Institución. La mera contemplación de la realidad puede
escamotear la posibilidad y su trascendencia (Kierkegaard). Al ponernos junto a la angustia, entonces nos
abrimos a la posibilidad. Sin la
posibilidad, nos quedamos con herramientas de adecuación. Nos exigimos la
contemplación de la realidad, pero no como mera realidad sino como lo Otro /
Real en lo que vivimos, en lo que somos relación. Así, al elegir, somos
personas elegidas. Las personas, al abrirnos a lo posible, sencillamente somos,
porque somos a lo que somos llamadas.miércoles, 13 de junio de 2018
No hay camino en medio
Mi posibilidad pasa por mi elección. Hacerme es tarea principal. De ahí
que la presencia inconceptuable del pecado brote en el cada día como angustia.
Si no elijo, no soy. Si elijo, señala Kierkegaard, lo hago hacia la contradicción
o hacia mi propia personalidad. No hay camino intermedio, no es posible una
elección que ni me afirme ni me contradiga. No hay una tercera bandera, como
vemos en Loyola (EE.EE.): o echamos cadenas o ayudamos a la liberación. No
cabe, pues, la inocencia. Pero se reclama la humildad. Cuando voy por la vida
exhibiendo autenticidad, una risita emerge desde la memoria y me sitúa ante las
elecciones que apuntalan la piltrafa de lo que pude haber sido. Loyola subraya:
sólo el conocimiento interno del daño hecho
-no se puede apartar la mirada, hay que afrontar- nos permite reconocer
tanto bien recibido.
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