Leyendo a Loyola y a Pablo Guerrero (“Convertirse es ser atraído”, 2019) vengo (venimos) del trabajo cotidiano (la viña en términos evangélicos). Venimos de un territorio plagado de misión y de tareas. No estamos solos. Codo a codo conmigo, a mi lado, por delante mía, desde arriba, desde atrás, desde abajo, otras personas que hacen, empujan, realizan, lideran, promueven, acogen. La misión siempre es compartida. Venimos, sin embargo, en Babel: desterrados y sin hogar nos sentimos no pocas veces en este pequeño planeta azul pálido en la inmensidad. También venimos de Egipto, sujetos a mil esclavitudes que, en ocasiones, ni siquiera reconocemos como tales: las que impone el sistema, las que tienen forma de pulsiones o miedos interiores, las que nos ponen quienes conviven en nuestro entorno. Pero si estamos aquí es porque también estuvimos en el Tabor y, como aquel Pedro, deseamos poner tiendas junto a la Palabra de la Vida: la que hemos visto, la que tocaron nuestras manos.
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lunes, 10 de junio de 2019
miércoles, 21 de noviembre de 2018
Contracultura y Fundamentalismo
Antes de
que el fundamentalismo se movilice, pasa, a juicio de Armstrong (“Los
orígenes…”, 2010) por una contracultura. En Irán, ante la imposición moderna
del sha Reza, el chiismo hace de la ciudad de Qom un centro religioso que
introduce la participación del clero en la política. El estado moderno y
socialista de Nasser (Egipto) ve crecer a los Hermanos Musulmanes que controlan
la sociedad desde fuera del estado. Ante el triunfo de los cristianos liberales
en muchas confesiones de EE.UU., nacen universidades y medios que crean hogar
cultural para quienes siguen los cinco fundamentos. El avance del Sionismo y su
racionalidad provoca una subcultura que no acepta la separación de lo sagrado y
lo profano. El temor a la desaparición frente a la racionalidad de la cultura
dominante genera el retorno moderno a los fundamentos.miércoles, 19 de septiembre de 2018
El uso político de la religión
Jesucristo
Libertador es título de cierta cristología católica latina del último tercio del
s.XX. ¿Un proyecto político? De hecho, incorpora la “Teología política” europea
de Metz. Quizás, parte de la catolicidad nicaragüense entendió la revolución
sandinista como el triunfo del Reino de Dios frente a la injusticia. En el
Egipto del s. XIX, Occidente era ambivalente. Se reconocían como valores a
recuperar por el Islam la justicia, la separación política/religión, libertad
intelectual, pensamiento racional… Sin embargo, al-Afgani (1839-1897) observa a
un Occidente dispuesto a conquistar el mundo islámico. Por eso, propuso que el
Islam se uniera y usara la religión como defensa frente al imperialismo.
Armstrong (“Los orígenes…”, 1910) insiste: lo religioso da sentido, pero es
fundamentalismo cuando pretende plasmarse como una realidad de la razón y la
acción política.
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